La importancia de la mentoría

Por Donald Exley

 

Hoy se habla mucho de la mentoría y seguramente nuestros lectores, que ya han leído libros y conversado sobre el asunto, se preguntarán, “¿para qué leer otro artículo sobre ese tema?” Respondo, porque en esta oportunidad quiero describir cómo algunos mentores me han impactado hasta el día de hoy.

Uno de mis primeros mentores al llegar al campo misionero fue el hermano David Grams, uno de los visionarios y fundadores de ISUM.  La palabra “mentor” no se usaba mucho en aquellos días pero el impacto del hermano David, y otros de esa clase de personas, fue tremendo.

Cuando mi esposa, Melba, y yo llegamos a la ciudad de Buenos Aires con nuestra pequeña hija, los hermanos Grams vivían en Buenos Aires y ellos juntamente con los otros misioneros nos recibieron con mucha alegría.  A pesar de su próxima mudanza para radicarse en Miami, nos brindaron una bienvenida maravillosa y a pesar de nuestra juventud nos recibieron como colegas. A pesar de las diferencias en edades, experiencias y habilidades nunca nos hicieron sentir menos o inferiores. El amor y el respeto en una relación de mentoría deben ir en ambas direcciones.

Sin ser nombrados “mentores”, los Grams comenzaron a darnos cobertura y a interesarse en nosotros. No fue una responsabilidad asignada sino una oportunidad tomada para invertir en la próxima generación de misioneros.  A pesar de todas sus responsabilidades en ISUM con sus muchos viajes, y sin conocernos aprovecharon la puerta abierta para ayudar en la formación de nuevos misioneros. Melba y yo nos dimos cuenta de la gran necesidad de aprender humildemente de aquellos que ya tienen años de experiencia. He aprendido que es imposible ser mentor de alguien que ya sabe más que usted mismo: un “sabelotodo”, un agrandado.

Al llegar las fechas de las actividades de la Navidad en nuestro primer año de trabajo misionero, un día los hermanos Grams llegaron a nuestra casa para regalarnos música navideña grabada porque no habíamos traído nada de música y menos música navideña.  Aunque tan pequeño, ese acto fue de muchísima bendición por muchos años.  Un buen mentor no solamente invierte su tiempo, habilidades y conocimiento, sino también su amor, su compañía y la vida con su colega, su discípulo. Un buen mentor aprovecha tanto los momentos informales como formales para participar en la formación de siervos.

Fue en aquellos días cuando anunciaron su mudanza a Miami y para nosotros esa noticia nos llenó de una tristeza aguda, porque nos habían recibido como colegas y nos hicieron sentir la protección de sus años de servicio y la cercanía de gente mayor a quienes pudimos recurrir por cualquier situación.  David y Betty Jane Grams fueron unos de nuestros primeros mentores en la Argentina porque sabíamos que estaban siempre disponible, tenían mucha más experiencia en todo sentido del ministerio y nos hicieron sentir respetados, amados y como compañeros, y no como cadetes, principiantes.

Cuando el hermano David me invitó a enseñar en ISUM por primera vez una gran sorpresa. Yo aun era joven y sin mucha experiencia en el aula.  Me invitó a encontrarme con él en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde yo enseñaría Didáctica y él otra materia.  Durante el mes entero compartimos momentos hermosos en el aula, en la mesa y en los devocionales.  Fue un mes lleno de bendición y aprendizaje. El hermano David me enseñó sin palabras el gran valor del aula para formar obreros, la importancia de las charlas no programadas, y de la riqueza y las risas de estar al lado de los llamados de Dios en la cancha.  También aprendí que ISUM pone mucho énfasis en tomar tiempo para orar con los ISUMISTAS y desafiarles a cumplir su llamado y de nunca darse por vencido.

 

De izquierda a derecha: Donald Exley, Cleto Pérez, David Grams, David Morales y Norman Lestarjette

Fueron muchas las riquezas didácticas y administrativas que el hermano David me dio en este primer ISUM como profesor, pero también me enseñó el gran valor de descansar un fin de semana y de reírnos.  Aún antes de experimentar lo que es la fiesta de finalización de un seminario del ISUM, conocí las risas y las carcajadas creadas por los dramas del hermano David en sus clases. Con él pude charlar de la vida y del ministerio. Nos reímos mucho debido a mis primeras experiencias como profesor de ISUM y de la cantidad de moscas en las comidas de aquel mes en Santa Cruz. (El record fue 5 cinco moscas sacadas de mi sopa en un almuerzo).  Un buen mentor no solamente enseña habilidades y vida ministerial pero también la importancia del descanso, de la vida de familia y de los retiros espirituales en búsqueda de la presencia de Dios.

En el mismo año que fuimos aprobados como candidatos al campo misionero el hermano Lorenzo Triplett comenzó a servir como el Director de América Latina y el Caribe.  Fue una gran sorpresa para nosotros cuando algunos años después nos invitó a servir como Directores de Área para el Cono Sur de Sud América.  Con el tiempo pude valorar muchísimo este regalo de Dios de servir al lado de un hombre de Dios, un hombre íntegro.

El hermano Triplett fue un genio con el uso de palabras, tanto en sus mensajes predicados como en sus escritos mensuales para los misioneros. En ambos medios había un tema repetido que me impactó y como mentor (jefe) nos marcó el rumbo de su liderazgo.  Sin duda en el liderazgo hay una gran variedad de responsabilidades y distintos temas para corregir o dirigir, pero un buen mentor normalmente tiene una característica sobresaliente que se destaca de todas las otras buenas características del mismo.  En el caso del hermano Lorenzo su pasión de alcanzar el mundo para Cristo y su amor por las almas perdidas me marcaron para siempre.  Como mentor, ¿hay una cosa de su vida que es tan sobresaliente que será imposible olvidar?  Nunca puedo olvidarme de la pasión del hermano Loren por el mundo perdido.

Como mentores vemos nuestra responsabilidad de formar, de enseñar, de corregir, pero también tenemos la gran oportunidad de abrir puertas, puertas de oportunidad y de desarrollo.  Como sabemos el mentor primero enseña y hace, pero también le regala la oportunidad y la responsabilidad a su colega/discípulo de hacerlo.  Durante varios años yo y mis colegas nos reunimos con nuestro jefe, el hermano Lorenzo, para escuchar de su visión y de sus planes para el continente. Después venían las oportunidades de opinar y de soñar y de poner en marcha las actividades que resultaron de su visión.  Como nuestro jefe, él nos hizo sentir valorados porque quería nuestras opiniones e ideas. Demostraba su confianza en nuestros para colaborar en formar planes y para llevarlos a cabo. Después como buen líder/mentor verificaba nuestra conducta en llevar a cabo los planes realizados en nuestras reuniones.  En otras palabras, el mentor confía y verifica.

Una de las últimas lecciones que aprendí del hermano Lorenzo fue que el mentor NUNCA debe dejar de aprender, de crecer y de adaptar.  Cuando él ya se había jubilado de su responsabilidad como Director Mundial de Misiones, en un viaje a los Estados Unidos fui a su casa para saludarlo. Durante nuestra conversación me dijo algo que me sorprendió y que me dejó una gran lección para mi vida.  Me dijo, “Tuve que aprender de una semana a la otra que las cosas habían cambiado.  Antes, como Director Mundial, estuve al tanto de todo lo que sucedía y ahora no.”  Con el paso de los años todos tendremos que enfrentar esta realidad que cada etapa de la vida trae oportunidades de crecer y si no adaptamos y crecemos vamos a estancarnos.

David Grams y Lorenzo Triplett, dos grandes mentores que me impactaron de maneras inolvidables. Que Dios nos bendiga con más personas influyentes en nuestras vidas de esta calidad, y permita que nosotros también seamos mentores de excelencia.

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