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Esperando al Espíritu Santo – los discípulos fueron llenos del Poder de Dios y Tu?

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Dios da el Espíritu Santo a aquellos que le obedecen. Hechos 5:32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espí­ritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

Hay un dicho popular de que «las cosas buenas llegan a los que esperan». Si bien eso no es siempre cierto, Dios tenía algo bueno para los seguidores de Jesús, pero tuvieron que esperar. El día de Pentecostés, ellos fueron bautizados en el Espíritu Santo. El tiempo de Dios—la espera de ellos—ayudó a cumplir el propó­sito divino cuando este don fue derramado sobre los primeros creyentes. Ese propósito todavía se cumple hoy a través de los creyentes llenos del Espíritu.

Parte 1—Se les ordena esperar

□ El poder del Espíritu: la promesa Lucas 24:44-49

Después de su resurrección, Jesús se apareció a sus seguidores en varias ocasiones. En esta aparición, Jesús les recordó lo que les había enseñado sobre la necesidad de que Él sufriera en la cruz y resuci­tara para proporcionar el perdón de los pecados. Sus discípulos serían sus testigos de estas cosas ante el mundo. Pero primero, necesitaban recibir el poder del Espíritu Santo, el don que el Padre había prometido. Con la ayuda del Espíritu, los seguidores de Jesús contaban con la misión, el mensaje y el medio para cumplir con su llamado.

En esta ocasión, Jesús les abrió la mente para comprender lo que las Escrituras habían anunciado acerca de su obra como Mesías para cumplir el plan de Dios para la redención de la humanidad. La referencia de Jesús a la ley de Moisés, los profetas y los Salmos incluye todo lo que hoy se conoce como el Antiguo Testamento. Cada una de estas tres divisiones contenía profecías relacionadas con la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesús.

Los apóstoles fueron testigos directos del ministerio y la resurrección de Jesús. Su misión era proclamar las buenas nuevas por toda la tierra, y Jerusalén era el punto de partida (w. 47,48). El mensaje presentaba la necesidad de que la gente se arrepintiera para recibir el perdón de los pecados. El medio para cumplir la misión de proclamar el mensaje era el poder y la obra del Espíritu Santo.

□ El poder del Espíritu: una necesidad Hechos 1:4-8

Jesús le dijo a sus discípulos que permanecieran en Jerusalén hasta que fueran bautizados en el Espíritu Santo (Hechos 1:4). Juan el Bautista había bautizado a la gente en agua. Sin embargo, los discípulos también debían ser bautizados en el Espíritu Santo, quien los investiría de poder para el servicio (Mateo 3:11; Hecho 1:8).

Los apóstoles le preguntaron a Jesús sobre la restauración de Israel como nación soberana (v. 6). Si bien puede parecer fuera de lugar, ellos posiblemente sabían que un derramamiento del Espíritu estaba ligado a la restauración de Israel en las profecías de los últimos días (Ezequiel 36 y 37; Joel 2:28-32). Jesús gentilmente redirigió la atención de ellos a su misión: ser sus testigos llevando el evangelio a los confines de la tierra (Hechos

1:7-8). Dios, en su tiempo, cumpliría la promesa de restaurar el gobierno a Israel.
Los cristianos a veces se distraen tratando de descifrar los eventos de los últimos tiempos y no permanecen en la misión. Los discípulos de Jesús deben ir con el evangelio a todas las naciones. La palabra griega para «testigo» (v. 8) es también la raíz de la palabra

«mártir». El poder para permanecer firmes en Cristo como sus seguidores y proclamar el evangelio, aun frente a la oposición e incluso la muerte, proviene sólo de estar lleno del Espíritu Santo.

Parte 2-Adorar y esperar

Las últimas palabras de Jesús a sus discípulos fueron una bendición. Aunque no sabemos con exactitud lo que Él dijo, posiblemente fue como su oración por ellos en Juan 17 cuando pidió para ellos protección, unidad y gozo al anunciar el reino de Dios.

Cuando Jesús ascendió, los discípulos lo adoraron (Lucas 24:52). Él era su Mesías, el Salvador resucitado y el Señor exaltado. Cualquier duda que tal vez tuvieron aparente­ mente se desvaneció, como lo demuestra su adoración y gran gozo.

Los acontecimientos de las últimas semanas hicieron que vieran el tiempo pasado junto a Jesús con una fe renovada. El sermón de Pedro en Hechos 2 revela su clara com­prensión de quién es Jesús y qué vino a hacer. Los discípulos fueron obedientes. Permane­cieron en Jerusalén, se reunían en el templo (v. 53) para adorar a Dios mientras esperaban el prometido derramamiento del Espíritu Santo.

□ Esperar Hechos 1:9-14

En Hechos, Lucas describe la ascensión de Jesús, agregando detalles. Mientras Jesús ascen­día, una nube lo ocultó de la vista de los discípulos (Hechos 1:9). Dos hombres, probable­ mente ángeles, aparecieron repentinamente entre ellos (v. 10). Su mensaje impulsó a los discípulos a la acción y los llenó de esperanza. Jesús volvería como les fue prometido, pero hasta entonces tenían sus órdenes que seguir (v. 11). Los creyentes regresaron a Jerusalén para esperar al Espíritu Santo prometido. Los Once, junto con otros, se reunieron en el aposento alto. La resurrección y la ascensión impactaron la vida de los más cercanos a Jesús. La comunidad de fe incluía a varias mujeres que habían seguido a Jesús durante su ministerio. (Lucas 8:1-3). También incluía a María, la madre de Jesús y a sus medio hermanos, que habían crecido con él y finalmente también lo reconocieron como Señor.

Aunque estos creyentes no sabían qué esperar, fueron obedientes y aguardaron el cumplimiento de la venida del Espíritu Santo que Jesús prometió. Mientras esperaban, se concentraron en la oración y la adoración, un buen ejemplo que debemos seguir.

Parte 3-Obedecer y recibir

Qué difícil posiblemente fue reemplazar a uno de los suyos. Pedro obviamente estaba fami­ liarizado con las escrituras del Antiguo Testamento, porque entendía que no sólo prede­cían la traición de Judas, sino que también hablaban de la necesidad de que otro asumiera ese ministerio (Salmos 69:25; 109:8).

Este nuevo apóstol tenía que ser uno de los seguidores de Jesús durante su ministerio terrenal. Se propusieron dos hombres que cumplían con los requisitos: Barsabás y Matías. Después de orar para que el Señor revelara su elección, los creyentes echaron suertes para ver quién asumiría este ministerio apostólico. Matías fue elegido. Si bien echar suertes

puede parecemos una manera extraña de tomar esa decisión, era una práctica relativa­ mente común en la cultura judía de la época. Se menciona varias veces en el Antiguo Testamento, y Josué se valió de ella para dividir la tierra prometida entre las tribus (véase Josué 18:3-10). La gente creía que era una manera en que Dios revelaba su voluntad.

Curiosamente, esta práctica de echar suertes no se vuelve a mencionar después de la venida del Espíritu Santo, quien es nuestro Maestro y Guía.

□ Recibir Hechos 2:1-4

Pentecostés, una de las tres grandes fiestas judías, se celebraba cincuenta días después de la Pascua. Jerusalén se llenaba de judíos y de conversos al judaismo de muchas naciones (Hechos 2:5-11). Los 120 discípulos fueron llenos del Espíritu Santo en estas circunstan­ cias (2:4).

Tres cosas marcaron este acontecimiento. Primero, «vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba» (v. 2). Luego, «se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos». En el Antiguo Testamento, el viento y el fuego eran símbolos del Espíritu Santo, así que los creyentes habrían conectado estas seña­ les con el Espíritu Santo. Estas dos señales no se repitieron posteriormente. La tercera señal fue que «comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen» (v. 4). Jesús le había dicho a sus discípulos que esto ocurriría (Marcos 16:17). La señal de hablar en lenguas se repitió conforme otros eran llenos del Espíritu Santo (Hechos 10:44- 46; 19:6). Hablar en lenguas era una señal tanto para los creyentes como para quienes los escuchaban (Hechos 2:5,6). En nuestros días, cuando somos bautizados en el Espíritu Santo, también hablamos en lenguas.

Pedro también experimentaría el poder del Espíritu Santo al dirigirse a aquellos que estaban congregados (Hechos 2:14-40). Dios también nos ha llamado a proclamar el evan­ gelio. Necesitamos el poder del Espíritu Santo para hacer esto. Jesús prometió este poder (Lucas 24:49; Hechos 1:8).

Qué nos dice Dios?

Jesús enseñó que vivir como su seguidor significa tener al Espíritu Santo obrando en nosotros. Sin el bautismo en el Espíritu, nuestra eficacia como testigos es limitada. Ade­ más, el bautismo en el Espíritu Santo nos ayuda a desarrollar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:16-25) y a manifestar los dones espirituales (1 Corintios 12:7-11).

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