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¿QUÉ QUIERO DEJAR A LA SIGUIENTE GENERACIÓN? — Pbro. César H. Casillas Molina

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T ratando de evocar la trascendencia y la permanencia de Dios en el cual, como dice la Escritura, no hay mudanza ni sombra de variación y que el texto sagrado neo testamentario lo describiera diciendo que Jesucristo es el mismo de ayer de hoy y por los siglos, el salmista engalana su poesía expresándole el sentir de su corazón: Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación, antes que naciesen los montes y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo tú eres Dios.

Dios es eterno y nosotros pasajeros, nuestra existencia está limitada, el hombre como la flor del campo, en la mañana florece y crece y en la tarde es cortado y se seca, tratando de expresar el sentir de su existencia Jacob manifestó al Faraón: los años de mi peregrinación son ciento treinta,… pocos y malos, Job en medio de sus penurias meditó diciendo: mis años han sido más veloces que lanzadera de tejedor, todo nos impulsa a pensar en la brevedad de la existencia del hombre y en un Dios que estará vigente en todas las generaciones.

Una vez que hemos reflexionado en la eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre es bueno pensar ¿cuál será nuestro legado a la siguiente generación?, ¿qué herencia vamos a dejar en los terrenos donde nos desenvolvemos?, ¿cómo seremos recordados por la siguiente generación?, ¿qué pensarán y como actuarán los hijos tanto físicos como espirituales?, en fin, cuando hayamos traspuesto el umbral de la vida ¿Qué quisiéramos dejar a la siguiente generación?

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Alguien dijo que todo hombre durante su vida debe plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, tratando de interpretar ese sentir dentro del ministerio, cada siervo de Dios debe ponerse la meta de plantar una iglesia, ya sea por sí mismo o a través de la iglesia que pastorea, tener un misionero adoptado y escribir en la vida de un discípulo con cincel de oro, sobre su corazón las cualidades que logramos heredarle con nuestro ejemplo y que al vivirlas le recuerden a aquel que fue su mentor espiritual.

Dice el diccionario que en el ámbito del derecho el legado es una forma de trasmitir bienes o derechos tras la muerte de una persona, enseguida trataremos algunas clases de legado en las que todos debemos pensar:

LEGADO FAMILIAR

El legado más grande para nuestros hijos es sin duda la fe que una vez nos fue dada, esa fe que produjo salvación y vida eterna en nosotros, no hay herencia más grande para ellos. El anhelo de todo padre en esta tierra es que sus hijos al arrepentirse de sus pecados y creer en nuestro Señor Jesucristo sean hechos hijos de Dios.

Desde luego que nosotros no podemos salvar a nuestros hijos, sólo podemos orar por ellos, ayunar y mantener una buena comunicación, a veces los hijos se apartan del Señor, a veces la esposa o el esposo pudieran estar en esta misma situación pero nosotros debemos ser el ancla que sujete el barco en el puerto del Señor. Sé que algunos hijos de ministros no han querido seguir los pasos de papá o de mamá pero es tiempo de volver a la trinchera, a luchar por ellos, es el tiempo en que Dios puede tocarlos de nuevo, es el tiempo de restauración, asomémonos a la ventana cual padre del hijo pródigo y miremos el camino, por la fe veamos que se acerca ese familiar que ha dejado la casa de su padre y que regresa y debemos hacer fiesta por tan grande acontecimiento.

LEGADO PATRIMONIAL

No servimos al Señor por recibir una paga, lo servimos por agradecimiento, pero nuestra familia debe ser testiga de la bendición material de nuestro Dios. Estamos buscando establecer el reino de Dios y las añadiduras aparecerán, al final de nuestro ministerio nuestros hijos deben estar agradecidos por la provisión que ha venido del Señor, para ello es necesario que hagamos provisión para su alimentación, vestido, casa, educación, diversión y esparcimiento, que la provisión material también sea motivo de oración, recordemos la sentencia tan fuerte que nos señala que si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo, que la prioridad al invertir en la obra no desplace a quienes son los más cercanos a nuestro corazón, nuestra familia.

LEGADO MORAL

Que nuestros hijos, los niños y los jóvenes en nuestro alrededor, en la iglesia y en cualquier ambiente en que nos desenvolvamos sean testigos de nuestra calidad moral. Claro que no somos prefectos, pero nuestro carácter y nuestra conducta deben ser muy superiores a aquellos que no conocen al Señor. La integridad, seriedad, amabilidad, cortesía, respeto y otros muchos valores deben ser nuestra constante, todo creyente y todo ministro debe modelar una vida con los más altos estándares morales, el Sermón del Monte aún está en vigor y en ocasiones la gente que nos rodea no lee otra Biblia mas que nuestro carácter. Que comprometedora la expresión paulina al decirles a los corintios: Imítenme a mí, así como yo imito a Cristo.

LEGADO ESPIRITUAL

Quiero hablar en este apartado de nuestra herencia pentecostal fundamentada férreamente en las Sagradas Escrituras, a nosotros nos fue trasmitido un cristianismo no basado sólo en los razonamientos teológicos y doctrinales sino que ese conocimiento estaba acompañado con señales, la generación que nos antecedió no contaba con los bachilleres, licenciaturas, maestrías ni doctorados en teología, ni con alguna preparación secular elevada, en general el ministro de esa época fue preparándose a la vez que desarrollaba el ministerio.

Es menester mencionar que lo que sí abundó en la generación anterior fueron las manifestaciones del poder de Dios, los milagros, las visiones, las profecías, las sanidades, los bautismos con el Espíritu Santo era cosa del quehacer diario, producto todo ello de vigilias y veladas de oración, abundante lectura de la Biblia, ayunos prolongados, abnegación y humildad de los ministros, sufrimientos en muchos casos por amor a las almas, servicio incondicional y obediencia a la autoridad establecida.

Hoy debemos preguntarnos si la siguiente generación recibirá de nuestras manos la estafeta con este contenido. Josué fue un gran conquistador, sin embargo cuando leemos el libro de los Jueces (2:8-10) nos damos cuenta de que la generación de este gran caudillo no pudo legar a sus sucesores el conocimiento del Señor, ni la pasión por servirle y cuando aquella generación fue reunida a con sus padres las palabras suenan duras y golpean mi corazón: Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel… Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga para que la siguiente generación conozca al Señor más profundamente que nosotros, que su pasión sea el Señor y su visión sea alcanzar al mundo perdido, que tengan una visión global, que respiren misiones, que su horizonte sea mayor que el nuestro, que esa siguiente generación si el Señor no viene tenga una entrega y un servicio mayor que el que nosotros hayamos podido tener, que la gloria de la casa postrera, sea mayor que la primera

fuente: aviva 2014 edicion 13

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Pbro. Cesar H Casillas Molina
Lider de Asambleas de Dios Mexico en area de MISIONES, director, predicador, escritor y Pastor. un hombre dedicado a la siembra de la Palabra.

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