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EL TESTIMONIO DE LA MUJER SAMARITANA — Pbro Abel Flores Acevedo.

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¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? (Juan 4:9).

L a mujer se sorprendió cuando Jesús le habló para pedirle agua. Los judíos no acostumbraban relacionarse con los de Samaria. Pero Cristo derribó las barreras culturales con el fin de salvar la vida de una samaritana. En respuesta a la pregunta de la mujer, Cristo le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. El Señor centró el diálogo enfocando la necesidad que había en la mujer, la sed espiritual que existía en ella.

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La mujer preguntó: ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Ella no daba crédito a las posibilidades de que Jesús pudiera darle agua viva; no acepta, no cree en la capacidad de Cristo para proveer agua viva. El Señor con mucha paciencia le dice: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

La mujer aún pensando en el nivel físico dijo: …dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. La samaritana no había comprendido el ofrecimiento del agua viva, no relacionaba el mundo espiritual. Estaba pensando en el mundo físico y terrenal, su mente estaba centrada en el agua del pozo de Jacob y no en el agua viva que es Cristo.

La confrontación

El Señor, al ver que la mujer no comprendía, llevó la conversación a la necesidad del arrepentimiento y a la salvación del pecado: Ve, llama a tu marido…

Quienes en realidad reconocen la necesidad de ser salvos confiesan y abandonan las prácticas pecaminosas. La respuesta de la mujer fue: No tengo marido, de alguna forma intentó esconder su pecado delante del que todo lo sabe. Ella hubiera completado su respuesta al decir: No tengo marido pero vivo con un hombre. Son inútiles los intentos de esconderse ante Dios; el Señor Jesucristo la confronta al decirle: …cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido.

La mujer quedó impactada y sorprendida por el conocimiento de Cristo en relación a su vida. Realmente quedó impresionada por las palabras de Jesús al describirla. Esto nos hace recordar que la mirada del Señor descubre lo más profundo y ve todas las cosas. Ella dijo: …me parece que tú eres profeta. Al llamarlo profeta estaba reconociendo a Cristo.

No intenta más esconder su pecado, sino al contrario, pregunta cómo hacer para encontrar a Dios y alcanzar salvación. Ella preguntó: ¿Dónde se debe adorar? Jesús le enseña que el Padre busca adoradores en espíritu y en verdad. Cristo le muestra que la adoración que agrada a Dios sale del espíritu del ser humano, de lo más interno, de lo más profundo, del verdadero ser.

La samaritana después de escuchar al Señor, y un tanto turbada sin comprender todo, dice: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Entonces la respuesta de Jesús es contundente y reveladora: Yo soy, el que habla contigo. Seguramente su alma fue sacudida poderosamente y al contemplar el rostro del bendito Maestro quedó convencida de que él era el Mesías prometido. Dejó su cántaro y corrió a la ciudad para dar testimonio de Jesucristo.

El efecto

Me pregunto: ¿por qué dejó su cántaro? Posiblemente para llegar más pronto a la ciudad y hablar de las buenas nuevas de su encuentro con Jesús. Cuando la experiencia de la salvación es auténtica, nadie puede contener el deseo de publicar lo que Cristo ha hecho en su vida.

El efecto de Jesús en ella fue tan fuerte y profundo que no titubeó para dar a conocer la noticia acerca de Cristo. Ella estaba convencida de que el Señor era la fuente de agua viva. La mujer describió su conversación con el Maestro. El impacto del testimonio fue tan sólido que muchos salieron de la ciudad para venir a Cristo.

El hablar de Cristo y compartir nuestra experiencia de salvación siempre traerá un impacto en el corazón de los oyentes; la gente puede ver el cambio genuino en la vida de quienes experimentan la salvación y la verdadera transformación que el evangelio produce, se nota el toque de Dios, se percibe en las emociones y se deja una huella del nuevo nacimiento.

Cuando Jesucristo regenera a las personas, todos pueden constatar el cambio de la nueva forma de ser, el contraste es muy marcado. La diferencia de vivir en tinieblas y ahora andar en la luz, de haber permanecido en el lodo cenagoso y ahora estar firme en la roca inconmovible de justicia. Los samaritanos fueron atraídos a Jesús por el testimonio de la mujer.

La impresión

Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo (4:39-42). La gente buscó a Jesús por la influencia de la mujer, pero ahora que conocen personalmente a Cristo le piden que se quede con ellos. Lo que sucede es que al conocer al bendito Salvador, cualquier persona deseará un acercamiento y una intimidad con él.

La vida de Cristo sacia la vida del hombre, la presencia del Señor llena el corazón y satisface la sed espiritual. Cabe destacar y reconocer que la mujer samaritana fue el instrumento para que muchos llegaran al conocimiento del Salvador. Pero también es muy notable que ella desaparece de la escena y todos se centran en Cristo. Esto nos enseña que debemos testificar de Jesucristo, pero no robarle la gloria, no pretender centrar la atención en nosotros sino en el Salvador del mundo.

Si predicas a Cristo no busques ser más importante que él. No olvidemos que nosotros testificamos, pero el que cambia la vida y transforma el corazón es Cristo, nosotros hablamos la palabra pero el que convence de pecado y salva es el Señor

fuente: aviva 2014, edición 11

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Pbro. Abel Flores Acevedo
Pbro. Abel Flores Acevedo
Lídere General del Concilio de las Asambleas de Dios en Mexico, Pastor, Líder, con una gran congregacion donde es Pastor. y excelente expositor de la Palabra de Dios.

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