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LAS CRISIS DEL PASTOR — por Fernando Figueroa

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¿Cómo enfrenta el pastor las crisis? ¿Cuáles crisis son más comunes? ¿Qué dice la Biblia acerca de las crisis por las que pasa el siervo de Dios?

El pastor es un hombre de carne y hueso, tan humano como todos los mortales nacidos de mujer. Un ejemplo contundente de tal condición lo encontramos en Santiago, cuando menciona en su epístola a un personaje singular; afirmando que Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras… (Santiago. 5:17).

Lo interesante del pasaje es que no sólo menciona a uno de los profetas más prominentes del Antiguo Testamento, además, el mismo Santiago se incluye en la condición de sujeción a las pasiones y debilidades humanas. Ninguno está exento de sufrir crisis en su ministerio pastoral.

El ejercicio del ministerio pastoral conlleva sus propias crisis. A cada pastor se le presentan situaciones complicadas que pondrán a prueba la entereza e integridad, sin pasar por alto la fe y capacidad de resistencia. La vida de un siervo de Dios se perfecciona a través de las crisis, no se desanime. El Señor tiene la capacidad de tomar esos momentos de angustia y transformarlos en tiempos de aprendizaje si confiamos en él y tomamos las decisiones correctas.

Un buen ejemplo de algunas crisis que se presentan en la vida pastoral se menciona en la segunda carta de Pablo a Timoteo capítulo 4. En 22 versículos Pablo habla de su propia experiencia, ilustrando al joven ministro de aquellos problemas que llegan a la vida y la forma de enfrentarlos. Pablo nunca dejó que los problemas por graves que fueran, lo llevaran al grado de la desesperación, tampoco que lo apresaran las cadenas de amargura ni hundieran lagunas de autocompasión. En su relato al joven Timoteo le muestra el camino de la victoria; ninguna crisis por grave e infame que sea, derribará a este viejo guerrero en su objetivo de llegar a la meta.

Cuando nos dejan solos

(2 Timoteo 4:10-16)
Pablo menciona que Demas se ha ido, prefirió tomar un camino diferente, uno menos complicado. Estar al lado de Pablo en los momentos cruciales no era fácil, allí no había reconocimientos ni comodidades, sólo el estigma que lo marcaba y las limitaciones de una situación sin futuro prometedor. Demas huye dejando al paladín del evangelio a su suerte y confinado en una celda sombría y lóbrega. Demas no es el último que huye. Todavía hay muchos que mientras sigamos en la cumbre siempre estarán presentes, pero en los días difíciles desertarán. Se irán sin siquiera avisar. Para ser fieles al espíritu del texto, debemos decir, nos desampararán. Aquellos que pudieran haber ayudado, no lo harán. Dejarán que nos hundamos, que nos masacren; lo que les importa no es ayudar, al final de cuentas, lo que vale es su prestigio.

No demos entrada al desánimo si pocos vienen al culto, si convocamos a una reunión de oración y al final estamos solos, de rodillas en el altar. La tentación de caer en la autocompasión será grande ¡no hay que ceder! Pablo debió sentirse muy mal cuando su amigo Demas lo abandonó, prueba de ello es que lo menciona

de forma abierta, pero el apóstol no le guardó rencor, ni tuvo resentimientos contra él.

Cuando se te oponen

(2 Timoteo 4:3, 14,15)
Recordemos que Pablo fue encarcelado injustamente, sin razón legal fue puesto en prisión y anulados sus derechos, tal barbarie se llama oposición. La oposición no es sólo externa, también es interna. Los falsos maestros perseguían a Pablo en su afán de destruirlo y desacreditarlo. Ahora que Pablo está en la cárcel, ellos están felices. La crisis se profundizó cuando un tal Alejandro le hizo la vida aún más difícil dentro de la prisión. Demostrando una saña inaudita, Alejandro afligía al siervo de Dios a tal grado que Pablo pide al Todopoderoso justicia para tales actos de crueldad.

No se mencionan con exactitud cuáles fueron los males que Alejandro le causó a Pablo, lo cierto es que las acciones perniciosas de Alejandro parece que medran el buen ánimo del incasable predicador. Las fuerzas tienen un límite, las reservas se agotan, la oposición es grande, la Escritura dice muchos males, dándonos a entender que para soportar tal situación se requiere muchas reservas de esperanza y fe. Pero Dios no falla, ni desampara a su siervo, la tormenta está en su punto más álgido, la negrura de la noche es densa; pero el faro de la convicción sigue brillando, ninguna oposición por grande que sea apagará la confianza en la grandeza de Dios y el amor de Jesús.

Cuando el trabajo es mucho y la paga poca

(1 Timoteo 4:10-12)
Algunas veces entre más grande sea el ministerio, mayor será la carga y por lo tanto mayor la responsabilidad aunque la paga siga siendo la misma ¡o no haya ninguna! Los pastores son hombres comunes y corrientes, que se cansan, se fatigan, se desmayan… y se mueren. Nos preocupa saber de algún pastor que enfermó a causa de la carga de trabajo y no tiene los recursos para atenderse. Mucho trabajo, poca paga. Nos ha tocado ver colegas que a pesar de estar enfermos dan sus clases, visitan, predican; ayudan y aconsejan, tienen que viajar para cumplir un compromiso, no obstante regresan con la bolsa vacía. En Hechos 20:19 el pastor de los gentiles afirma: Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas…

Sólo un pastor compasivo no desampara a las ovejas. ¡Cuidado pastor cuando nos dejen todo el trabajo y el resentimiento toque la puerta de nuestro corazón intentando convencernos de que somos unos mártires o unos líderes mesiánicos! Aprendamos a delegar, a confiar en otros, a creer en otros. Dejemos que se equivoquen pues así es como se aprende; No nos quejemos si Crescente se fue a Galacia, Tito a Dalmacia, y a Tiquico tuvimos que enviarlo a Éfeso. El pastorado tiene una mística interesante según Pablo, las mejores lecciones se aprenden confiando en otros, enviando a los que hemos preparado. La recompensa no se mide en plata, sino en la enorme satisfacción de saber que otros llevan nuestro ADN, nuestra pasión y visión pervive en la siguiente generación.

Cuando te sientes solo

(1 Timoteo 4:11,16)
¿Podrá acaso un siervo de Dios llegar a sentirse solo a pesar de tener una familia, iglesia o amigos? Por supuesto que sí. La soledad no es exclusiva de los que gustan alejarse de la gente ni apartarse de las multitudes. La soledad a la que Pablo se refiere es el vacío existencial que acosa a los seres humanos, en especial al pastor. Habrá momentos en que sentiremos que nadie nos comprende, los mejores amigos ya no llaman ni nos visitan. Pensamientos de frustración intentarán posesionarnos y la soledad traducida en enojo se manifestará. Si ese momento llega, no nos de pena pedir ayuda, todos necesitamos de amigos verdaderos que nos traigan un abrigo porque tenemos frío. La soledad se vence cuando vencemos nuestros prejuicios y nos abrimos a la razón de otros y a su amor sincero.

Cuando llega la vejez… y pronto la muerte

(1 Timoteo 4:6-8)
Nos cuesta trabajo reconocer que ya no tenemos las fuerzas ni la fortaleza del ayer. Si algo no gusta a los hombres es reconocer que la vejez está a la puerta. Haremos cuanto esté a nuestro alcance para demostrar que todavía estamos vigentes, fuertes y pensamos con claridad. Pero la verdad es otra: Envejecemos y debemos reconocerlo. La vejez no es tan mala como parece, simplemente es una época de la vida en la que nuestros hábitos deben cambiar y es necesario que desarrollemos una perspectiva sana de nuestra persona y sus limitaciones. Un pastor jamás debe expresar pensamientos como: ya no sirvo o, soy un estorbo menos aún estoy acabado. ¡Nada de eso! La vejez es el tiempo que Dios nos da para recopilar, para evaluar el camino andado, para transmitir algún conocimiento a los nietos, para caminar en las mañanas frescas o deleitarse con un buen libro al calor de la chimenea.

Pablo jamás expresa una palabra de frustración por sentirse incomprendido ni viejo, tampoco batalló para entregar sus responsabilidades a la nueva generación. Por el contario, él afirma: estoy listo, me siento realizado, terminé mi carrera, y algo que me gusta mucho de Pablo es cuando manifiesta estoy contento. Debemos encarar nuestra vejez en forma optimista y saludable. Si la vejez ya está llegando, no se vuelva criticón hacia los más jóvenes, tampoco evoque que tiempos pasados fueron mejores. El día de hoy es el día que Dios hizo y nos alegraremos y nos gozaremos en él.

La muerte física para un siervo de Dios no representa el fin, sino el término de una jornada. Que al final podamos también nosotros decir las tres frases contundentes que Pablo nos legó como muestra de un corazón rebosante de plenitud divina: ¡He peleado la buena batalla, he acabado la carrera y he guardado la fe!

Fuenta: AVIVA 2011
Pbro. Fernando Figueroa González
Pbro. Fernando Figueroa Gonzálezhttps://pastorales.com/author/padreabraham20hotmail-com/
Ministro del Concilio de las Asambleas de Dios en México, Pastor, Lider nacional del DEC - Educación Cristiana, promotor de institutos bíblicos o seminarios teológicos. de buen corazon, siervo de Jesús y leal asambleista. (de los veteranos) (01-55) 3096.0223

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