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La Iglesia evangelizadora

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El evangelio es para todas las personas en todas partes. Versículo clave Hechos 11:18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que tam­ bién a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

Cuando Jesús instruyó a sus discípulos que espe­raran en Jerusalén el empoderamiento del Espíritu Santo, Él sabía que este era apenas el comienzo del plan que tenía para ellos. Ese poder los ayudaría a alcanzar a sus vecinos y amistades, sus compatriotas y, eventualmente, gente de otras culturas. Todos los discípulos originales eran judíos, por lo que tuvieron que aprender a cruzar las barreras culturales para cumplir el mandato de Jesús. Cuando la iglesia pri­mitiva comenzó a cruzar esas barreras, los discípulos tuvieron que dejar de lado sus propias ideas y prejui­cios. Las barreras que estamos llamados a cruzar son diferentes a las de ellos, pero no menos reales.

El libro de los Hechos comienza con el mandato de Jesús para sus seguidores—al principio, todos los judíos—de hablar de Él al mundo. Los temas princi­pales incluyen la extensión del evangelio a personas no judías y la relación de cristianos judíos y gentiles. El estudio de hoy comienza con los creyentes judíos, dispersos por la persecución, que comparten su fe con los gentiles. Descubrieron que la promesa de poder de Dios era la misma para todos los creyentes, no solo para los apóstoles.

Parte 1—Evangelizando tanto a judíos como a gentiles

□ Empoderados por la mano de Dios Hechos 11:19-21

Los creyentes expulsados de Jerusalén por la persecución predicaron a Cristo «por todas partes». Luego, Lucas se centró en Felipe y su testimonio en Samaria. Después de registrar la conversión de Saulo y el ministerio de Pedro a Cornelio, Lucas volvió al testimonio de los dispersos, que habían llegado hasta Fenicia, Chipre y Antioquía de Siria (11:19). Antio- quía, la capital de Siria, sería el punto de partida de los tres viajes misioneros de Pablo.

Los creyentes dispersos hablaron al principio sólo a los judíos. Muchos de estos tes­ tigos judíos habían nacido y pasado mucho tiempo fuera de Israel. Cuando aceptaron el evangelio, fueron parte de la iglesia en Jerusalén. Esta vida los alistó para cruzar la misma barrera que Pedro había cruzado antes, y hablaron a los gentiles acerca de Cristo (v. 20).

Dios estaba complacido y «la mano del Señor» estaba con los creyentes en su ministe­rio (v. 21). Esta expresión bíblica frecuente significa el poder de Dios o el Espíritu de Dios, que a veces se manifiesta en milagros (Esdras 7:6,8-9; Ezequiel 1:3; 3:21-28). Esta demos­ tración del poder de Dios en Antioquía a través de los discípulos dio como resultado que muchos entregaran su vida a Jesucristo.

□ Alentados a ser fieles Hechos 11:22-26

La noticia del evangelismo fructífero en Antioquía llegó a la iglesia de Jerusalén. Bernabé fue enviado a Antioquía (Hechos 11:22) y se regocijó al encontrar un gran número de gentiles que habían aceptado a Cristo (v. 23). El nombre de Bernabé, que significa «hijo de consolación», sugiere que sus compañeros discípulos sabían que él podía, por el poder del Espíritu Santo, ayudar a los nuevos creyentes a comenzar fuertes su vida con Cristo (v. 24). Su ministerio en Antioquía también resultó en muchos más que vinieron a Cristo.

Consciente de que muchos nuevos discípulos en Antioquía necesitaban enseñanza, Bernabé fue a Tarso en busca de Saulo (v. 25). Saulo había sido comisionado por Cristo para llevar el evangelio a los gentiles (9:25). Él y Bernabé pasaron un año enseñando a los gentiles conversos en Antioquía (11:26). Esto serviría como entrenamiento para las misio­nes gentiles de Saulo, que comenzaron en Hechos 13.

Lucas señaló que los seguidores de Jesús fueron llamados «cristianos» primero en Antioquía. Esto probablemente era un sobrenombre que provenía de los inconversos. Sin embargo, con el tiempo no sería una burla, sino una identidad gozosa (véase 1 Pedro 4:16).

Parte 2-Persecución y liberación

□ Jacobo es martirizado; Pedro es librado Hechos 12:1-11

El rey Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande, quería proyectar la imagen de judío devoto. Arrestó a algunos de los primeros discípulos para maltratarlos (Hechos 12:1).

Comenzó arrestando y ejecutando al apóstol Jacobo (v. 2). Hubo un tiempo en que él y su hermano Juan anhelaron posiciones importantes en el reino de Cristo (Marcos 3:17, 10:35-45). Sin embargo, Jesús enfatizó que la grandeza viene con el servicio, y que Jacobo y Juan se unirían a él en el servicio del sufrimiento. Habiendo complacido a sus súbditos judíos con la muerte de Jacobo, Herodes arrestó a Pedro (Hechos 12:3) y lo puso bajo la guardia de cuatro escuadrones rotativos de cuatro soldados cada uno (v. 4; véase 5:17-20).

La situación de Pedro parecía desesperada, pero la Iglesia oraba. La víspera de su jui­ cio, un ángel despertó a Pedro (Hechos 12:6,7). Liberado de sus ataduras, Pedro se vistió y siguió al ángel (w. 8,9). Ni los soldados a los que estaba encadenado, ni los que hacían guardia fuera de su celda, se dieron cuenta de su partida (v. 10). Pedro pensó que era una visión, pero después de que el ángel lo condujo a la ciudad, se dio cuenta de que había sido liberado de la cárcel por segunda vez (v. 11).

□ Regocijo y juicio Hechos 12:12-23

Pedro fue inmediatamente a la casa de María, cuyo hijo, Juan Marcos, acompañaría más tarde a Saulo y Bernabé en el ministerio (Hechos 12:12; véase 13:4,5). María al parecer era rica; su casa era lo suficientemente grande para servir como lugar de reunión de muchos creyentes (véase Colosenses 4:10).

Rode, una sirvienta, respondió al llamado a la puerta de Pedro (Hechos 12:13). Al reconocer la voz de Pedro, informó a los que oraban, pero su alegre informe fue recibido con incredulidad (w. 14,15). La declaración de los discípulos de que Rode había visto al ángel de Pedro reflejaba una creencia popular de que cada persona tenía un ángel guardián que podía hacerse visible, y se parecía al individuo. Una vez en la casa, Pedro testificó de su rescate (w. 16,17), y glorificó a Dios por su obra. Les dijo a los reunidos que contaran las buenas nuevas a los demás. Herodes hizo ejecutar a los guardias de la prisión por su presunta falla en retener a Pedro (w. 18,19).

Más tarde, Herodes fue a Cesárea, para reunirse con representantes de Tiro y Sidón que deseaban promover relaciones pacíficas (v. 20) y asegurar el abastecimiento de ali­mentos. Herodes se vistió de ropas reales y habló con ellos (v. 21). Estos respondieron a su discurso como la voz de un dios (v. 22). Pero Dios no compartirá su gloria con nadie más (Isaías 42:8). El juicio de Dios sobre Herodes fue instantáneo y completo (Hechos 12:23).

Parte 3-Los creyentes gentiles ayudan a los creyentes judíos

□ Hambruna profetizada Hechos 11:27,28

Durante el año en que Bernabé y Saulo pasaron enseñando a los nuevos creyentes en Antioquía, unos profetas que llegaron de Jerusalén se les unieron (Hechos 11:27). El término «profeta» a lo largo de las Escrituras se usa para las personas que hablaban por Dios. Su propósito era declarar lo que Dios les había revelado, ya fuera respecto al futuro o al presente. Un profeta llamado Agabo, por inspiración del Espíritu Santo, predijo que una gran hambruna afectaría a todo el mundo romano (v. 28). Lucas señaló que esta profecía se cumplió durante el reinado de Claudio César (41-54 d. C.). El historiador Josefo registró que Judea sufrió una hambruna en tiempos de Claudio en la que hubo muchas muertes.

□ Se proporciona una ayuda Hechos 11:29,30; 12:24,25

Los creyentes en Antioquía respondieron rápidamente al mensaje transmitido a través de Agabo. Sus ofrendas, «cada uno conforme a lo que tenía» (Hechos 11:29), ilustra un prin­ cipio importante enseñado por el mismo Jesús cuando dijo que la viuda pobre había dado más que todos los ricos juntos (Lucas 21:1-4).

Los cristianos de Antioquía hicieron llegar sus ofrendas con Bernabé y Saulo a los ancianos de la iglesia en Jerusalén (Hechos 11:30). La participación de líderes cristianos maduros en este acto de bondad ayudó a asegurar la integridad de su ministerio de bene­ volencia (véase 2 Corintios 8:20,21).

Después de la muerte de Herodes, la palabra de Dios «crecía y se multiplicaba» (Hechos 12:22,24). El amor de Dios se manifestó en las generosas ofrendas. Habiendo entregado la ofrenda que se les había confiado, Saulo y Bernabé regresaron a Antioquía, con el sobrino de Bernabé, Juan Marcos (v. 25).

Qué nos dice Dios?

Los creyentes que quieren profundizar en su fe en Cristo no pueden ignorar su mandato de compartir el mensaje salvador de su vida, muerte y resurrección con el mundo entero. A veces, esto implica ir más allá de la cultura, e incluso del prejuicio, para llegar a otros que no son como nosotros.

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