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Asambleas de Dios México, 100 años de historia por Pbro. Pepe Saucedo

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Cien años después, la evolución de las Asambleas de Dios en México es notable.

De ser un anexo del Distrito Hispano del Concilio americano, estamos constituidos en un Concilio Nacional, independiente y autónomo. Contamos con tres zonas, 23 distritos, un Departamento de Educación Cristiana, uno de Misiones y uno de Evangelismo. Nuestros ministerios a nivel república integran a Castillo del Rey, Misioneritas, Exploradores del Rey, Infantil e Hijos de Ministros.

Nos regimos como organización por una Constitución y unas Minutas Permanentes debidamente acreditadas ante la Secretaría de Gobernación. Tenemos instancias de orden, gobierno, disciplina y administración desde el nivel de la iglesia local, con su Cuerpo Ejecutivo y su Junta Administrativa, además de los Presbiterios Distritales y Ejecutivos, y el máximo rango con la Asamblea Conciliar. La personalidad jurídica del Concilio cuenta con la fuerza de un registro constitutivo desde 1993. Somos una organización reconocida y respetada en la Secretaría de Gobernación, con 8 mil 300 ministros con credenciales de distintas clasificaciones.

Más de 12 mil puntos de predicación evidencian la potencia expansiva de las Asambleas de Dios en México. Cien años después, el rostro del Concilio ha cambiado notablemente. De los pequeños grupos en rancherías, ejidos y pueblos, con escasa presencia en las ciudades principales, ahora la fuerza primordial de las congregaciones se encuentra en las zonas urbanas mayores. De las construcciones humildes y sencillas en los templos y casas de oración, hemos pasado a los edificios más funcionales, cómodos y muchos de los recintos son espacios con mejores fundamentos y mayor estética que honran al Señor, al ministerio visionario y al pueblo asambleísta trabajador.

De las pocas iglesias grandes con multitud de congregaciones pequeñas, nos encontramos con un número considerable de obras que han visto un buen nivel de crecimiento, y ya se cuentan varias que rebasaron la barrera de los mil miembros. El nivel educativo del congregante asambleísta promedio se elevó considerablemente también.

De los miembros que promediaban estudios de primaria y secundaria, ahora en nuestras congregaciones, tanto de ciudades como de pueblos, encontramos licenciados, maestros, ingenieros, enfermeros, doctores, arquitectos; y bastantitos ya cursaron posgrados. El nivel de ingreso de los ministros nuestros también se ha incrementado en su mayoría. Por lo general un pastor de la organización puede llevar una vida digna, sostener a su familia y brindar educación y salud a sus hijos. Y no son pocos los que ejercen funciones bivocacionales y tienen fuentes de trabajo e ingresos extras.

El nivel educativo de los pastores se ha visto favorecido en gran manera. De los predicadores y pastores laicos o con promedio de educación ministerial básica, alcanzamos ahora miles de graduados con Licenciatura en Teología, y decenas con Maestría. La gente puede disfrutar ahora de líderes más integrales, exposiciones más consistentes y consejería de mejor nivel a través de personas con capacitación de alto perfil. Cien años después, y con miras a la trascendencia hacia el centenario que viene, los desafíos del Concilio son enormes. La influencia del posmodernismo está invadiendo con sus efectos corrosivos los tejidos y las estructuras de la sociedad mexicana, y la iglesia sufre también este mal. Las filosofías hedonistas, que privilegian los gustos y la satisfacción de los deseos del individuo y golpean las instituciones para destruirlas, provocan erosión en los liderazgos políticos, sociales y eclesiásticos.

Se está preparando a la generación para no creer en organizaciones de ningún tipo, ni en verdades absolutas, ni en principios universales, ni en entidades familiares, ni ministeriales. Cada vez se inyecta en los muchachos la idea de que es más importante lo que ellos sienten y quieren decidir que lo que les enseñan o imponen los libros sagrados, las religiones o los sistemas educativos conservadores. Se está educando a la gente para la profanidad. Se quiere borrar a Dios de la cabeza de los individuos. Se proponen fundamentos alternos a la Biblia, opciones distintas al apego familiar, mentalidades abiertas a la experiencia sexual diversa y divergente. A esa generación se le tiene que predicar un mensaje poderoso, eficaz y efectivo. Desde luego que a medida que el misterio de la iniquidad avanza, la tarea se complica más.

Sin embargo, jamás debemos hablar de imposibilidades los que confesamos el señorío de Jesucristo, el poder del Espíritu Santo y la fuerza de la verdad de la Palabra. El trabajo se hará, a través de ministros ungidos, hombres y mujeres bien preparados, llenos de visión y saturados de fuego del Espíritu, que harán oír su voz con la potencia de la gracia y el respaldo absoluto del Dios Todopoderoso.

Los avances científicos y tecnológicos, sobre todo en medios de comunicación, informática y redes sociales, así como su propagación a nivel mundial, se pondrán a la mano de las personas cada vez a edades más tempranas y con facilidades de mayor alcance, para formar al homo videns, y debilitar mayormente al homo sapiens. Se formará una generación visual que sustituirá a la auditiva. Una con mayor acceso a datos, pero menor capacidad de procesamiento, análisis y meditación.

La fórmula de más conocimiento en menos tiempo impedirá que todos sepan de todo, pero nadie profundice en nada. Para llegar a esa generación se requerirá la incorporación de materias en los institutos bíblicos que integren las tecnologías de la información. Habrá que incluir temas de evangelismo y misión mediática.

Las clases de homilética deberán enseñar a preparar presentaciones atractivas. Cada vez serán menos los auditorios que soporten a un predicador hablar y hablar, sin que cuente con un respaldo visual. Claro que el Señor levantará a los visionarios facultados para cumplir esta visión. Proveerá Dios de capacitadores en nuestro Concilio, institutos e iglesias, que nos ubiquen en el nivel tecnológico, y en el manejo de los códigos de discurso que logren llegar a la mente, el corazón y la conciencia de la generación del homo videns. Las situaciones de crisis pandémica, así como la persecución mediática y legislativa que se está creando contra la educación eclesial y el ejercicio pastoral en el mundo, requerirán de un actuar ministerial muy consciente, informado, prudencial y valiente.

La insistencia de los gobiernos y los medios de comunicación en difundir leyes y promover conductas antibíblicas, y de condenar el pensamiento cristiano conservador irá en aumento y afectará bastante, sobre todo a los imprudentes y temerarios. Tendremos que capacitar mejor a nuestros alumnos en las escuelas bíblicas para que desarrollen funciones eficaces de predicación, consejería, oficios y ceremonias, de acuerdo con los principios de la Escritura y la conciencia cristiana; pero siempre con la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma, como lo apuntó Jesucristo.

Tendremos que ejercer la vocación bajo la dirección absoluta del Espíritu Santo. Habrá que depender de la guía del Señor y enfocar la predicación y la enseñanza en los principios fundamentales de la Biblia, más que en las formas. Será necesario reforzar las clases de hermenéutica, sobre todo en el aspecto de la contextualización.

Resultará clave además la capacitación en técnicas de consejería no directivas para el asesoramiento y la consejería que ayude a las personas, sin comprometer la integridad de los ministros. Riqueza incalculable nos han dejado los cien años de experiencia de la historia de las Asambleas de Dios en México. Hemos acumulado resultados del trabajo, el esfuerzo y la educación de los pioneros y los consolidadores de la obra.

Somos el producto de la inversión de vida de los visionarios del pasado. Tenemos ahora ante nosotros la posibilidad de crear la infraestructura que asegure la permanencia, la estabilidad y la expansión de la institución para el centenario que viene. Sobre nosotros pesa la responsabilidad de aportar lo que se requiere, programar intencionalmente el crecimiento firme y sostenido, y realizar lo propio para que el Espíritu Santo levante a la generación llena de poder, de amor, de fe y de esperanza que cumplirá el propósito divino para los próximos cien años.

Pbro. Josué M Saucedo
Pbro. Josué M Saucedohttps://www.facebook.com/josmanuel.saucedovalenciano
Pastor y lider del concilio por muchos años, ademas de ser Maestro de la Palabra, Lider Regional, Distrital y Nacional a lo largo de su ministerio, es considerado entre el liderazgo nacional como una eminencia en la predicación y exposición de la Palabra, ya con varios libros de su autoria.

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