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Los que no volvieron por COVID 19 por Pbro. Samuel Vázquez S.

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Los que no volvieron por COVID 19

Quizá este título parezca que me voy a referir a aquellas personas que pasaron a la eternidad por la pandemia, pero no. Ya he escrito sobre algunas personas conocidas que me tocó tratar en vida, y enterarme de otros que han fallecido y que no tuve el gusto de conocer personalmente. Y también he comprobado por la cantidad de testimonios que he leído y escuchado que Dios sana del covid.

Esta situación del covid y todos los temas que se derivan, son inéditos para nuestra generación. El o la que diga que ya sabía lo que iba a pasar está mintiendo. Nunca los habíamos vivido, recuerdo lo que vivimos cuando la crisis por la influenza AH1N1 que surgió en 2009 en nuestro país, fue un ligero ensayo, muy poco parecido a lo que estamos viviendo. Pasamos de una epidemia a una pandemia.

Dentro de lo inédito en la perspectiva eclesiástica resultó la cancelación total de eventos públicos que congregaban gente, como son las actividades religiosas en el templo. Ante esta grave situación, de bote pronto la respuesta fue hacerlo en línea, usar el medio que estuviera al alcance, o la red social que se acomodara al grupo o iglesia. Debo mencionar que aunque la prohibición por cuestión de salud pública era severa, hubieron agrupaciones o personas que nunca suspendieron sus actividades presenciales. De ahí derivaron en algunos casos multas, amenazas de clausuras, clausuras, pero sobre todo contagios y fallecimientos que justificaban o se amparaban en que “es mejor obedecer a Dios que a los hombres”. Y mátales el texto. Imposible.

Otros muchos, la mayoría se afianzaron en el texto de someteos a las autoridades pues fueron puestas por Dios. Y mátanos el texto. No nos dejamos tampoco. Y aludiendo prudencia pusimos pausa a las actividades en persona, mientras pasaba lo “peor”. Al cabo de varios meses de confinamiento, llegó el momento de la apertura de los lugares públicos, centros o plazas comerciales y también los templos.

Al menos aquí en Yucatán con muchas restricciones y medidas de prevención se dio la reapertura. Y el fenómeno que se derivó de ello, fue interesante. Muchos se hacían ilusiones de que los templos estarían saturados al regresar, que habría lista de espera, largas filas para entrar a los servicios religiosos, que la gente estaría hambrienta de estar en la casa de Dios. Nada más lejano a la realidad. Tengo pruebas fotográficas, he conversado con pastores de muchos lugares y en la gran mayoría el regreso ha sido muy lento, paulatinamente han estado regresando los que regresaron.

Al menos aquí en Yucatán, la gente más necesitada por la iglesia incluyendo a la católica, fueron los adultos mayores, los mayores de 60 que tendrían teóricamente prohibido asistir, porque a muchas personas jóvenes no les interesó regresar, se les hace suficiente conectarse, comentar algo como para pasar lista y salirse, o en muchos casos están conectados, pero es como si fuera que estuvieran viendo una película o una serie, no con la seriedad o reflexión que amerita el caso. Pero bueno, se conectaron es ganancia. Pasan lista. Si por eso se entrará al cielo, entrarían de panzazo.

Pero hay otros que no volvieron. Para los que la pandemia fue una buena excusa para decir adiós. Son un grupo que nunca se conectaron, que se desaparecieron de la vida eclesiástica. Que no regresaron cuando la reapertura, que no van a regresar. Hacen su vida normal, van al trabajo, van al mercado o supermercado, al banco, visitan a los suyos, viajan, se van de vacaciones. Para este grupo en específico todo ha vuelto a la normalidad, excepto que no se volvieron a congregar.

Un buen pretexto les faltaba para justificar que no quieren nada con Dios ni con la iglesia. El covid es buen pretexto. Perdón por la palabra, pero ayuda en el cinismo declarado de que no van a regresar. Y no es por falta de una atención pastoral o de comunicación eclesiástica, porque si de algo podemos presumir en esta generación y en estos días es la comunicación. No contestamos cuando no queremos. Dejamos en visto al que no queremos. No es por falta de “tiempo aire”. Nadie se aísla porque cambió el celular o porque no tiene “señal”.

Tampoco es válida la excusa de que la iglesia es fuente de contagio porque en la gran mayoría, claro, hay excepciones, pero en muchas se procura cumplir con las medidas cardinales: sana distancia, limpieza y desinfección de manos, cultos no largos y evitar el saludo de mano y los abrazos. Es más probable que se contagien comprando las tortillas o en taxi, uber, en la carne asada con los primos, o en la salida a relajarse del encierro. Nada más es pretexto inválido.

Es algo más profundo, es como si estuvieran hartos de Dios y su iglesia pero les faltaba el valor para irse. El covid les dio valor. El covid los hizo sentirse autosuficientes. Quizá nunca fueron de la iglesia. Al menos sinceramente. Estaban por herencia familiar, por compromiso social, para no quedar mal con alguien. Estaban sin una convicción personal. Usando la parábola del sembrador de Mateo 10, quizá la semilla cayó a la orilla del camino, v. 19; o en pedregales v. 20, o entre espinos v. 21. El afán de este siglo dice proféticamente el Señor. Pero no era buena tierra.

Son las ganas de no volver. Perdió la espiritualidad con el materialismo. No es ignorancia teológica. Muchos pensarán y dirán nada le debo al Señor. Otros comentarán para sí mismos, estoy en paz con Dios, muchos años de mi vida viví encadenado a una iglesia, el covid me liberó. Quizá alguien diga el covid me ha permitido vivir comprobando que lo espiritual no es esencial para mi.

El covid es pretexto. Mal pretexto. Solo refleja lo interno, nada más. 
fuente: muro del pastor Samuel
Pbro. Samuel Vázquez Salazár
Pbro. Samuel Vázquez Salazárhttps://www.facebook.com/samuel.vazquez.1679
Ministro de culto independiente, Asesor legal para asociaciones religiosas, fue líder Nacional del Concilio por muchos años como tesorero general, de basta experiencia ministerial y asuntos religiosos en México. Cristiano convertido desde su niñez., aunque ya no milita en las AD, su conocimiento de la historia y su llamado es valorado por muchas ARs.

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