LA VIDA SOBRE UN FANDAMENTO FIRME | Escuchar, creer y obedecer a Cristo es el fundamento sólido para vivir.

Algunos dicen: «Realmente no importa lo que creas, siempre y cuando seas sincero». Pero nada está más lejos de la verdad. Uno puede creer sinceramente que podría saltar de un edificio de veinte pisos y no caer al suelo. Sin embargo, creer tal cosa no la haría reali­ dad. El objeto de nuestra fe, el fundamento de nues­tra vida, debe ser Jesucristo. Independientemente de lo que diga la cultura, sí importa lo que creemos y dónde ponemos nuestra fe. Jesucristo es el único camino a la vida eterna.

La vida bendecida que se nos promete como ciudada­ nos del reino de los cielos tiene un alto costo perso­ nal. Jesús expuso claramente los principios del reino, abordando el camino hacia las bendiciones, la moti­ vación adecuada para guardar la Ley, los pasos para vivir sin preocupaciones y el requisito de permanecer firmes y fieles. Hoy, seremos desafiados a renovar este compromiso con el Reino.

Parte 1—No sea hipercrítico

□ Reserve el juicio Mateo 7:1-5,12

Mateo 7:1—«No juzguéis, para que no seáis juzga­ dos»—se ha utilizado en muchos contextos para amonestar a cualquiera que ofrece corrección. Sin embargo, esta no fue la intención de Jesús. Formar una opinión después de sopesar las pruebas es a veces necesario, pero practicar el juicio a priori, el prejuicio, la crítica injusta es impío. Esta es la condición a la que se refería Jesús. Dios nos dice que «con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados» por Él (v. 2). Jesús contrastó tener una actitud orgullosa y condenatoria con tener una actitud misericordiosa y perdonadora. Algunos han concluido que estos versículos nos dicen que debemos ser tolerantes con el pecado o la inmoralidad, lo que no es así. En cambio, debemos guardar­ nos de la actitud desdeñosa, y estar llenos de amor y perdón. Debemos orar unos por otros y reconocer que Dios, el único Juez, «no hace acepción de personas» (Hechos 10:34).

Los fariseos decían conocer todos los aspectos de la Ley, pero se negaban a reconocer su propio pecado. Jesús señaló la hipocresía al usar un ejemplo exagerado de notar una paja en el ojo de otra persona y negarse a reconocer la viga en su propio ojo. Nuestra condición espiritual a menudo nos hace ignorar nuestras propias deficiencias, mientras que sí notamos los problemas de los demás. Esto nos pone en la misma categoría que los fariseos de la época de Jesús. Él nos enseñó que en lugar de juzgar a los demás con dureza y reservar la gracia para nosotros mismos, debemos ofrecer a los demás la misma gracia que queremos recibir nosotros mismos.

□ No desperdicie lo bueno Mateo 7:6

Jesús enfatiza la necesidad del discernimiento al hablar de la verdad del Reino con alguien. Él describió a aquellos que rechazan el evangelio usando las palabras griegas para «perros» y «cerdos». Los judíos usaban estos términos para referirse a los gentiles. En la cultura judía, los perros eran animales salvajes que deambulaban en manadas y atacaban a los ani­ males o a las personas. Llamar a una persona «perro» implicaba que él o ella era inmoral, vulgar e ignorante. Llamar a alguien «cerdo» era aun peor. Ceremonialmente impuros en la cultura judía, los cerdos salvajes eran carroñeros que a veces atacaban a las personas.

Jesús tal vez usó esos términos para referirse a aquellos que eran impuros, debido al pecado y la incredulidad persistente y rebelde—incluidos los líderes religiosos judíos que lo rechazaban a Él. Las personas que rechazan a Jesús pueden volverse hostiles hacia los creyentes que difunden las buenas nuevas acerca de Él. Si bien Jesús ciertamente no tenía la intención de que mantuviéramos el evangelio en secreto, debemos de ser sensibles al Espíritu Santo al evangelizar en ciertos contextos.

Parte 2—Halle la vida en el camino angosto

□ Elija la puerta correcta Mateo 7:13,14

Jesús comenzó el Sermón del Monte enseñando acerca de las bendiciones únicas de vivir en el Reino. También explicó que sus seguidores experimentarían dificultades, un tema que continuó en este pasaje. La puerta del cielo es estrecha y es el único acceso al Reino.

Entrar por la puerta estrecha requiere someterse a la voluntad de Dios y obedecer sus mandamientos—algo que pocas personas están dispuestas a hacer. El camino de la autocomplacencia es bien abierto, pero conduce al vacío, la insatisfacción y, finalmente, la condenación.

Jesús murió en el Calvario para proporcionar una vía de escape, pero aquellos que no lo aceptan como Salvador enfrentarán el juicio eterno. Cada persona que escucha Sus pala­ bras debe de elegir por cuál puerta entrar. La puerta a la vida eterna es estrecha, el camino no es fácil, y «pocos son los que la hallan» (v. 14).

□ Evalúe los profetas Mateo 7:15-23

Los falsos profetas pueden tener la apariencia de bondad, pero sus mensajes son morta­ les. Jesús enseñó que los falsos maestros no siempre son fáciles de identificar. Sus oyentes debían probar la integridad de los profetas con base en lo que la vida de estos producía. Ezequiel 13:16 describe el juicio de Dios contra los profetas mentirosos que estaban «[pro­ fetizando] de su propio corazón» y «andan en pos de su propio espíritu» (w. 2,3). Tales profetas pueden parecer inofensivos como ovejas, pero sus palabras pueden destruir el alma de las personas.

¿Cómo debemos protegernos para seguir a Jesús sin caer en el error? Debemos dis­ cernir cuidadosamente el fruto que se produce en la vida de alguien antes de escuchar sus enseñanzas (Mateo 7:16-18). Un corazón corrupto no puede ocultarse por mucho tiempo, pero una vida de amor puro y fe sincera produce buenos frutos.

Generalmente, los falsos profetas usan suficiente lenguaje cristiano para que la gente crea su mensaje e incluso pueden exhibir comportamientos espirituales. Pero Jesús dijo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (v. 21). Dios juzgará a aquellos que engañan a otros por sus propios motivos egoístas. Incluso algunos que dicen: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» (v. 22) escucharán: «Nunca os conocí; apartaos de mí» (v. 23).

Los verdaderos discípulos obedecen solamente a Dios. No solo rechazará Dios a los falsos profetas, sino que también rechazará a aquellos que creyeron sus mentiras en lugar de la verdad de Su Palabra.

Parte 3-Elija construir sobre la verdad

□ Construya bien Mateo 7:24-27

Al crecer en el hogar de un carpintero, Jesús habría sido consciente de la importancia de unos cimientos fuertes. Usó este conocimiento para ilustrar la importancia de un funda­ mento sólido. Las personas obedientes son sabias, como una persona que edifica una casa sobre un fundamento sólido. Sobrevivirán las tormentas de la vida, porque han puesto su fe en Jesús y en la Palabra de Dios. Por otro lado, aquellos que escuchan las enseñanzas de Jesús pero no las obedecen son insensatos. «Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina» (v. 27).

Lo que separa a los musulmanes, hindúes o budistas de los cristianos no es la magnitud de la fe. Los seguidores de esas religiones creen que están en el camino hacia la recompensa eterna. La diferencia es el fundamento de su fe. Sólo hay un Dios verdadero, y la única forma de entrar en el reino de los cielos es a través de la fe en Jesús. Una persona puede creer cualquier otra cosa y construir todo un sistema religioso sobre eso, pero cuando Cristo regrese, ese sistema se derrumbará.

□ Abrace la verdad Mateo 7:28,29

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente reconoció que Él «enseñaba como quien tiene autoridad» (Mateo 7:29). Aunque los fariseos decían muchas verdades acerca de Dios, sus enseñanzas no tenían la autoridad que tenían las de Jesús. En lugar de simplemente leer el libro de reglas, Jesús ayudaba a las personas a comprender el valor de la humilde obediencia a Dios. Jesús podía enseñar la Palabra con autoridad, porque Él era la Pala­ bra. «Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…A Dios…él le ha dado a conocer» (Juan 1:14,18).

¿Qué nos dice Dios?

Las enseñanzas autoritativas de Jesús están bellamente resumidas en el Sermón del Monte, y depende de cada uno de nosotros decidir si las escucharemos y las seguiremos. ¿Nos esta­ mos llamando cristianos pero viviendo por fuera de Su voluntad? ¿Estamos construyendo nuestra vida sobre arena en lugar de Cristo, nuestra Roca sólida? Mientras haya aliento en nuestro cuerpo, nunca es demasiado tarde para buscar el camino angosto que conduce a la vida eterna.

Acerca de: Editorial VIDA

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