José se reconcilia con sus hermanos – una gran leccion sobre el verdadero Perdón

La reconciliación puede ser un proceso largo. Los hermanos de José viajaron a Egipto para comprar grano durante la gran hambruna. José los trató con dureza al principio y luego con mucha amabilidad. Sin saber, los hermanos llegaron a la conclusión de que el terrible acto de vender a José como esclavo les había traído este problema (véase 42:21,22). Ahora debían apartar de Jacob a Benjamín (el otro hijo de Raquel). Sin embargo, a su regreso, José los trató con una bondad excepcional, preparando un emotivo banquete para ellos (véase 43:29,30). En medio de este relato, se plantaron las semillas de la reconciliación.

«No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» (Romanos 12:21). Normalmente, nos enfo­camos en la primera mitad del versículo, pero la segunda puede ser más difícil. José tuvo la oportu­nidad de vengarse. Sin embargo, optó por devolver el mal con bien, restaurando así relaciones familiares que parecían irremediablemente rotas, e impulsando la historia de los judíos —el pueblo elegido de Dios— hacia sus preciosas promesas.

Parte 1—José prueba a sus hermanos

□ La copa de plata Génesis 44:1-13

Cuando José y sus hermanos concluyen el gran banquete que José les ha preparado, ellos creen que regresarán a Jacob con grano y con su amado hijo Benjamín, pero José tiene otros planes. Da instrucciones a su «mayordomo» o «adminis­trador del palacio» ( n t v ) de plantar la copa de plata personal de José en el costal de Benja­mín (w. 1,2). José está preparando el escenario para que los hermanos enfrenten el mismo dilema que enfrentaron con él: ¿Abandonarían a Benjamín como lo hicieron con José?

Pronto el mayordomo los alcanzó y los acusó del robo (w. 3-6), afirmando que esta era la copa que José usaba para «adivinar» el futuro (v. 5). Pero José en realidad no practi­caba la adivinación, sino que confiaba solo en el Señor.

Los hermanos habían sido honestos con José y los demás funcionarios (w. 7-10). En su primer viaje a Egipto, el dinero que habían pagado por el grano había sido devuelto a sus costales, haciéndolos parecer ladrones (y por esto, se preguntaron si Dios los estaba juz­gando; véase 42:27,28; 43:21,22). Pero habían devuelto ese dinero. Ahora se cuestionaba su integridad, e hicieron un juramento que conllevaba terribles consecuencias. Para su horror, la copa fue encontrada en el costal de Benjamín (w. 11-13). El amado hijo menor de Jacob, por su juramento, se convertiría en esclavo en Egipto. La injusticia que habían infligido a José ahora estaba sobre Benjamín. El corazón de Jacob se rompería.

□ Judá suplica a José Génesis 44:14-34

Cuando los hermanos son traídos ante José, se postran ante él en un acto de humillación y reconocimiento de su autoridad. José respondió: «¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?» (v. 15). José no practicaba la adivinación, por lo que estaba estableciendo que tenía poder absoluto sobre ellos. Sólo podían suplicar misericordia.

Judá habló, admitiendo que esta terrible situación parecía un castigo divino por sus pecados. Cuando dijo que todos ellos regresaban a ser sus esclavos, estaba reconociendo su culpa anterior. Esta situación se había convertido en una consecuencia de lo que había sucedido con José años antes, y nada tenía que ver con la copa (v. 16).

José contrarrestó que sería injusto hacerlos esclavos (v. 17). Solo el culpable, Ben­ jamín, se quedaría. El resto podría volver con su padre en paz. José sabía que la paz no sería posible si Benjamín se quedaba. José los estaba obligando a revivir eventos ante­ riores. ¿Seguirían el mismo curso? Judá procedió a relatar todo lo que había sucedido, enfocándose en su padre, Jacob (w. 18-34). Dejar a Benjamín le causaría un dolor indescriptible. Años antes, no se habían preocupado por su padre (ni por José). Verda­deramente, habían cambiado.

Parte 2-José revela su identidad a sus hermanos

□ «No me enviasteis acá vosotros, sino Dios» Génesis 45:1-8

Después del discurso de Judá, José ya no podía contener su emoción. Entonces ordenó a todos excepto a sus hermanos que salieran de la habitación, y lloró incontrolablemente (Génesis 45:1,2). «Yo soy José» declaró a sus hermanos. «¿Vive aún mi padre?» (v. 3).

Los hermanos se encontraban en tal desconcierto que tuvieron que mirarlo de cerca antes de creer (v. 4). José mencionó que lo habían vendido como esclavo, pero luego dice: «no…os pese de haberme vendido acá» (v. 5). Ya no había resentimiento por lo que habían hecho. José los había perdonado.

El perdón de José es asombroso. Había sido perjudicado de una manera tan cruel, separado de su padre y madre que tanto lo amaban. Después de muchos años, tenía la oportunidad de vengarse de sus hermanos. Pero José era un hombre piadoso que escu­chaba a Dios y confiaba en Dios. Veía la mano de Dios en todo lo que había sucedido (w. 5-8). Ahora él podría «[preservar la] vida» (v. 5). Esto incluiría la vida de extraños —egip­ cios y otros— así como la vida de su familia. Dios había usado esta terrible situación, y las acciones injustas de los hermanos, para preservar al pueblo del pacto y al Mesías que Él traería al mundo a través de ellos.

□ «Habitarás en la tierra de Gosén» Génesis 45:9-15

En los versículos 9-15, José les dijo a sus hermanos que regresaran a Canaán para buscar a toda su familia y sus posesiones. Luego debían regresar a Egipto, donde José podría cuidar de ellos durante los cinco años que quedaban de la hambruna. Reconocía que a menos que todos encontraran seguridad y provisión en él, morirían de hambre.

José se centró especialmente en su padre en los versículos 12 al 15. Quería asegurarse de que Jacob supiera lo que le había sucedido. Benjamín podría dar fe de la veracidad de sus palabras. José quería ver a su padre lo antes posible.

Lloraron y se abrazaron. Las heridas del pasado fueron sanadas. Ahora podían hablar con libertad y ternura de hermano a hermano. Estaban, como familia, más unidos en este momento que nunca antes. José, que había sido objeto de su desprecio, ahora preservaría la línea familiar. No había cedido a ninguna tentación de venganza, sino que mantuvo su corazón puro y en estrecha relación con Dios. Este momento nos permite ver el profundo deseo y devoción de José por Dios. A pesar de todo, la promesa de Dios permanecía intacta.

Parte 3 – La familia de Jacob es salvada y restaurada

□ «La riqueza de la tierra de Egipto será vuestra» Génesis 45:16-24

La historia de José podría describirse mejor por la palabra Providencia. Los propósitos de Dios se cumplen mediante —o incluso a pesar de— la acción humana. Cuando Faraón escuchó que los hermanos de José habían llegado a Egipto, invitó a la familia a sobrellevar la hambruna en Egipto. Dios preservó su plan a través del favor de un Faraón pagano.

José los invitó a venir a Gosén para poder estar cerca de ellos (v. 10), pero Faraón aña­dió que debían venir para que pudieran «[comer] de la abundancia de la tierra» (v. 18). Lo mejor de Egipto sería de ellos (v. 20).

José les dio carros y provisiones para el viaje, así como ropa nueva (w. 21-22). Una fina prenda de vestir había causado animosidad cuando José fue traicionado, ahora las vestiduras finas se convertirían en parte de su reconciliación. José le dio obsequios adicio­ nales a Benjamín—que representaban un estatus especial (v. 22; nótese también 43:34). Los hermanos ya no se desanimaban por agravios personales (véase 43:34).

José les dio instrucciones: «No riñáis por el camino» (v. 24). La mayoría de los erudi­tos ven esto como una instrucción de no disputar unos con otros sobre el pasado. José los había perdonado, y ahora necesitaban perdonarse unos a otros.

El perdón juega un papel muy importante en la preservación de la unidad y el afecto dentro de las familias. Debemos dejar atrás las heridas del pasado y confiar en que Dios nos ayudará.

□ «José vive aún» Génesis 45:25-28

El regreso a Jacob en Génesis 45:25 contrasta marcadamente con las dos últimas veces que las Escrituras registran en que los hijos regresaron a él (véase 37:33-35; 42:36-38). En el pasado, estas fueron escenas de dolor y luto para Jacob. Pero ahora podía exclamar: «José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera» (v. 28).

No sólo estaba vivo, sino que había prosperado más allá de toda imaginación. Jacob sólo se convenció cuando vio los carros. Esta era la familia de la promesa de Dios. Los había preservado por Su mano, a pesar de tantos desafíos. Nada podría, y nada puede frustrar el plan de Dios.

¿Qué nos dice Dios?

Nada puede interponerse en el camino del plan de Dios. Aun cuando hemos fracasado en el plan que Dios tiene para nosotros. Él todavía está obrando en nosotros y en el mundo.

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