Cuál o cómo es LA NUEVA VIDA EN CRISTO? muchos se preguntan cómo debe ser…(L. 8)

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Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe: y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

Jesús vino a morir para que tuviéramos vida eterna en su presencia. Sin Cristo, no tenemos esperanza de hacer la voluntad de Dios. Los gentiles a quienes Pablo escribió en Éfeso eran nuevos creyentes. Por lo tanto, habían expe­ rimentado cambios dramáticos en su vida. Al examinar la nueva vida en Cristo, podemos rego­cijamos en lo que Él ha hecho por nosotros, a pesar de lo que hayamos hecho en el pasado.

No importa cuán impactante el testimonio de una persona, la vida de todos cambia cuando ponemos nuestra fe en Cristo.

En la última lección, descubrimos que Dios predestinó un plan para redimir a la hum ani­ dad, enviando a Jesús como sacrificio por los pecados. En esta lección, veremos cómo opera ese plan para cada ser humano. El pueblo judío siempre sintió que tenía una relación exclusiva con Dios. Pablo explicó que esta forma de pen­sar no era cierta. El deseo de Dios es que todas las personas se alineen con su plan y sean parte de su familia.

Nosotros también dejemos de lado nuestros prejuicios para ser una parte funcional de la familia de Dios. La lección de hoy nos ayudará a hacerlo de manera más efectiva.

1—Salvos por gracia por medio de la fe

□ Antes estábamos muertos Efesios 2:1-3

La mayoría de las personas que no han aceptado a Cristo probablemente no se identifican como seguidores del diablo. Sin embargo, ciertamente están siguiendo su camino. Los seguidores del diablo viven en rebelión contra Dios. Persiguen sus deseos camales independientemente de las consecuencias futuras. Incluso el apóstol Pablo en un momento pensó que estaba viviendo una vida recta, pero en realidad tenía una mente orgullosa y confiaba en la Ley para la salvación. Creía que era hijo de Dios, pero en realidad era hijo de la ira. Sólo cuando tuvo un encuentro transformador con el Hijo viviente de Dios se convirtió en el seguidor de Dios que pensaba que ya era.

Todo el que no se ha sometido a Dios mediante la fe en Jesús es enemigo de Dios. No es que Dios elija ser un enemigo, sino que es la elección de la persona que rechaza el don de la salvación que puede recibir gratuitamente. Quienes se niegan a aceptar el regalo de Dios están espiritualmente muertos y merecen recibir la ira de Dios. Antes de aceptar a Jesús, todos estamos entre los enemigos de Dios.

□ Ahora vivimos Efesios 2:4-10

Dios ofrece misericordia a aquellos que van camino al juicio de Dios. Pero, la mise­ricordia no niega la ofensa, sino que elige retener las justas consecuencias de esa ofensa. La misericordia de Dios se basa en su amor por nosotros. Se necesitaba un sacrificio para expiar los pecados de la humanidad, y Jesús, el Hijo de Dios fue el único sacrificio adecuado. Estas buenas nuevas del evangelio no se limitan a la próxima vida.

La misericordia de Dios se basa en su amor por nosotros. Se necesitaba un sacrificio para expiar los pecados de la humanidad y, Jesús, el mismo Hijo de Dios, fue el único sacrificio adecuado. Las buenas nuevas del evangelio tampoco se limi­ tan a la próxima vida. Cuando cumplió su tiempo en este mundo, Jesús ascendió a la diestra del Padre. Ahí continúa intercediendo ante el Padre por nosotros (véase Romanos 8:34). Todo cristiano que se identifica con Jesús mediante la fe comparte las bendiciones que ha obtenido a través de su sacrificio. Los cristianos tienen acceso a los lugares celestiales porque en Cristo somos justificados, es decir, pode­mos permanecer justos delante de Dios por la justicia de Cristo (véase Romanos 5:6-9; Gálatas 3:11,24).

La salvación es un regalo para todo aquel que cree en Jesús. Pero esta fe es más que un mero asentimiento mental. La fe es la firme convicción de que Jesús es el Hijo de Dios, y que su muerte y resurrección nos hacen justos ante Dios. Obediencia a El, entonces, es la respuesta adecuada a tal fe.

2 — Un cuerpo en Cristo

□ Antes estábamos lejos Efesios 2:11,12

En el Antiguo Testamento, los gentiles estaban fuera del campamento de Israel. Podían seguir a Dios sólo si renunciaban a su propia herencia y seguían el camino del pueblo judío. Como extranjeros alejados de la ciudadanía de Israel, no cono­ cían las promesas del pacto que Dios le había dado a su pueblo (Efesios 2:11,12).

Como forastero o extranjero, el gentil no tenía privilegios espirituales que provenían de la asociación con Dios. Los pactos hechos con Abraham, Moisés y David no ofrecían ningún beneficio para los gentiles. Estaban separados de Dios y sin esperanza.

Asimismo, es importante reconocer la condición en que estábamos antes de conocer a Jesús. La única manera de tener una relación adecuada con Dios es a través del don de la salvación. Antes de la salvación, no sabíamos lo que nos fal­taba. Puede que ni siquiera supiéramos que estábamos perdidos. Pero ahora que hemos recibido la salvación, no debemos nunca dar por sentado el regalo de Dios ni olvidar que nos habríamos perdido si no fuera por el amor de Dios por nosotros, que se ve en el precioso sacrificio de Cristo.

□ Ahora estamos unidos Efesios 2:13-18

Para describir a los gentiles como parte de la familia de Dios, Pablo usó una ima­ gen de alguien que había sido apartado pero que ahora está unido. Jesús murió en la cruz y resucitó de la muerte para que todos aquellos que lo siguen puedan experimentar vida eterna.

Pablo usó la palabra «paz» para describir la nueva condición de los creyentes gentiles. Esa paz nos recuerda la palabra hebrea shalom, que también habla de ser justificados ante Dios. Al vivir en esa paz, no tenemos nada que temer ni de qué preocupamos. Esta paz se basa en la confianza de que Dios se preocupa por nosotros. Los gentiles que aceptaron la obra de Jesús experimentaron esta paz tal como lo hicieron los judíos cuando creyeron.

Esta paz también tiene que ver con la unidad entre los creyentes gentiles y judíos. La obediencia a la Ley era un punto de conflicto entre ellos, pero la muerte de Jesús fue el cumplimiento de la Ley. Al aceptar por fe su sacrificio, todos los

creyentes están reconciliados con Dios, y tienen paz con Dios y unos con otros. El mens£ye de Jesús sobre la paz con Dios era tanto para los que estaban cerca de Dios a través de la Ley como para los que vivían lejos de Dios. Tanto los judíos

como los gentiles se habían desalineado espiritualmente con Dios, y necesitaban reconciliarse con Él mediante el sacrificio de Cristo. Ahora ambos tenían acceso al Padre a través de un mismo Espíritu.

3 – Ciudadanos de la familia de Dios

□ Somos conciudadanos Efesios 2:19,20

Los creyentes gentiles ya no eran extraños; tenían plena ciudadanía en el reino de Dios, al igual que los judíos redimidos. Los gentiles podían contarse como miem­bros de la familia de Dios.

Cambiando su metáfora de un hogar a una casa física, Pablo se centró en los cimientos de la casa, compuesta por los apóstoles, los profetas y Jesús. Pablo no estaba igualando los líderes de la Iglesia con Jesús, porque Jesús es la piedra angular por la cual se edifica la Iglesia. Esta piedra se utiliza en la construcción para guiar cómo se construye el resto del edificio. Más adelante en Efesios, Pablo le dice a sus lectores que Dios usa a los apóstoles y profetas, junto con los evan­ gelistas, pastores y maestros para edificar la Iglesia. Los líderes de la iglesia local son importantes, pero no son más importantes que las otras partes de la iglesia. El discipulado que los líderes deben emplear, ayuda a los creyentes a descubrir sus dones y el papel que desempeñan en la función de la Iglesia.

□ Somos una morada para Dios Efesios 2:21,22

Pablo enfatizó la importancia de la unidad al usar la imagen de un edificio bien construido que está unido y coordinado, en lugar de estar dividido. Luego declaró que Dios desea habitar en una Iglesia unificada.

Además, aquellos que están en Cristo y son guiados por el Espíritu son morada de Dios—el lugar donde Dios encuentra su residencia. El santo templo ya no es una estructura externa a la que los sacerdotes deben entrar para encontrarse con Dios, sino que ahora el Espíritu Santo habita en el cristiano.

Qué nos dice Dios?

Debemos examinamos a nosotros mismos para ver si tenemos prejuicios dentro de nuestra iglesia o en nuestro corazón. Hay una sola Iglesia, y todos los que creen en Jesús deben verse a sí mismos como hermanos y hermanas espirituales.

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