Los dones ministeriales de Romanos 12

Por Gabriel Góngora Gómez

 

Introducción

A la epístola del apóstol Pablo dirigida a los Romanos se le ha llamado “La Catedral de la Doctrina Cristiana”, debido a la enorme riqueza doctrinal que contiene en cuanto al tema de la salvación del hombre. Por supuesto que en todas sus cartas, Pablo desarrolla los fundamentos de la teología cristiana que hasta el día de hoy son vigentes para la iglesia. Pero Romanos destaca por la manera intensa y extensa en la exposición de esta doctrina. Los capítulos 12 al 16 de esta epístola corresponden a la sección práctica en el desarrollo de la magistral exposición del apóstol Pablo.

El argumento teológico se centra en el problema en cuanto a cómo un hombre pecador puede llegar a estar en una correcta relación con Dios. Pablo tiene mucho más que decir sobre el tema porque cuando un hombre es hecho justo delante de su Hacedor, necesita saber qué estilo de vida debe de manifestar en sus relaciones con los demás. El nuevo creyente necesita saber qué se espera de él y cómo debe vivir su nueva vida en medio de todas las circunstancias que confronta. Esta última sección de la epístola (caps. 12-16) provee esta información necesaria para instrucción del creyente. En años recientes los estudiosos de las Escrituras emplean dos conceptos tomados de la gramática para señalar y distinguir las dos secciones principales de la epístola, es decir, la sección doctrinal y la sección práctica. En la sección doctrinal se usa a menudo el “Modo Indicativo” del verbo y con ello se describe lo que Dios ha hecho por medio del evangelio para beneficio del hombre. Trata de la provisión divina para la salvación del hombre. En la sección práctica se usa más el “Modo Imperativo” del verbo, expresado mediante mandatos y prohibiciones, dando a entender lo que se espera que haga el cristiano como un resultado del perdón que ha recibido de parte de Dios por la muerte de Cristo (Ver en Filipenses 2:12,13).

Contexto

Desde el principio del capítulo 12, Pablo establece una conexión entre lo que ya ha enseñado en los primeros once capítulos y los capítulos finales de la sección práctica. El emplea la conjunción “así que” ( o “pues”, en otras Versiones) para señalar esta conexión. La base y motivación para la buena conducta de los creyentes romanos descansa en “las misericordias de Dios”, es decir, en esa característica de Dios que lo mueve para evitar el juicio sobre el pecado del hombre y que, al contrario, derrama su gracia salvadora por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por consiguiente, Pablo invita a los creyentes romanos a “presentar sus miembros en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” como una muestra del cambio de estilo de vida que debían tener como nuevos hijos de Dios. Como resultado de este “sacrificio vivo” delante de Dios, que implica una vida de santidad y dedicación a él, el creyente podrá discernir y comprobar que la voluntad de Dios es   buena (agathon), agradable (euareston) y perfecta (teleion)

En los versículos 3-8 del capítulo doce, Pablo aborda el tema acerca de la variedad de dones ministeriales que hay en la iglesia como cuerpo de Cristo. Usa la metáfora del cuerpo humano para ilustrar la importancia de la unidad de la iglesia como cuerpo de Cristo. Él declara: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” (vv. 4,5). En estos dos versículos, el apóstol Pablo quiere enseñarles a sus lectores, tres principios importantes para una buena relación entre ellos. Primero les habla sobre la unidad del cuerpo al decir “somos un cuerpo en Cristo”. Esta gran verdad era de mucho valor para Pablo y la enseña en otras cartas que él escribió a las iglesias (Efesios 4:4). Con la expresión “en un cuerpo tenemos muchos miembros” enfatiza la diversidad de los miembros en el cuerpo de Cristo con sus diferentes actividades para beneficio de los demás.

Por último, al decir que somos “miembros los unos de los otros” usando el pronombre recíproco griego “allelon” enfatiza la mutualidad o interdependencia que tenemos como miembros del cuerpo de Cristo. Nadie es independiente o autosuficiente, al contrario, la reciprocidad es necesaria para un buen funcionamiento tanto interno como externo (1 Cor. 12:15-21).

Verdades

Una lectura cuidadosa de Romanos 12:1-8, revela algunas verdades significativas que Pablo dice acerca de los dones ministeriales de los cuales hace mención en los versículos 6-8.

  1. Todo creyente de manera particular o individual tiene al menos un don. En el versículo tres Pablo instruye a los hermanos diciendo que nadie debía tener un concepto de sí más elevado de lo que debería tener, sino que debía pensar de sí mismo con moderación según la medida de fe que “Dios repartió a cada uno”. Esta verdad Pablo también la enseña en 1 Corintios 12:7 y Efesios 4:7. Pedro la confirma en su primera carta al escribirle a la iglesia universal (4:10). Él escribe: “Cada uno según el don que haya recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” Este principio, por supuesto, no se limita a los dones ministeriales sino a todos los demás que se encuentran en las otras listas de dones ( 1 Cor. 12:1-11).
  2. La variedad de los dones otorgados por Dios, son para suplir las necesidades de la iglesia. Las necesidades de la iglesia que milita sobre la tierra son muchas, por eso Dios ha hecho provisión de “diferentes dones” (v. 6a). Los creyentes son los canales por los cuales la gracia y el poder de Dios fluyen. Si la iglesia requiere de instrucción para el crecimiento espiritual, está el don de enseñanza. Si necesita aliento o corrección, está el don de exhortación y si para hacer el bien, sea cual fuere la necesidad, cuenta con el don de misericordia. Todos estos dones son para beneficio y edificación del cuerpo de Cristo.
  3. Todos los dones son por gracia divina. Después de indicar que los dones son diversos, Pablo inmediatamente declara que, los dones recibidos para ejercer un ministerio son, “según la gracia que nos es dada” (v. 6b) independientemente de cualquier otro factor externo. Las Escrituras son muy claras al respecto y cada vez que se aborda el tema de los dones, ponen un énfasis especial con el fin de evitar cualquier tipo de orgullo espiritual en los creyentes (1 Cor. 12:7; Ef. 4:7; 1 Pedro 4:10). Somos salvos por gracia. Los ministerios recibidos son también por gracia. Pablo mismo testifica a las iglesias de Galacia que su llamado a predicar entre los gentiles fue por la pura gracia de Dios y no por ser un rabí o un fariseo de fariseos (Gál. 1:15).
  4. Los dones deben ejercitase “conforme a la medida de la fe” (v. 6c). Aunque Pablo usa esta expresión refiriéndose al don de profecía, sin embargo, también se puede aplicar, por extensión, a todos los demás dones mencionados en esta lista y en otros pasajes afines. Los reformadores usaron esta declaración de Pablo para establecer el principio de “la analogía de la fe”, es decir, que cada parte de las escrituras debe interpretarse de acuerdo a toda la escritura. Se basan en la transliteración de la palabra griega analogía y enfatizando el artículo definido antes de la palabra “fe”. Sin embargo, aunque el principio es hermenéuticamente válido, no corresponde con el contexto debido a que el tema en este pasaje es acerca de los dones ministeriales. Es más satisfactorio entender la palabra “fe” en el sentido normal de la fe subjetiva de cada creyente, según se establece en el versículo tres. La Nueva Versión Internacional traduce la expresión “en proporción a su fe.” Los profetas no deberían ser motivados por sus emociones sino en total dependencia al Espíritu Santo de Dios.
  5. El ejercicio de los dones es el reflejo de una vida dedicada a Dios. Al principio del capítulo 12 Pablo ya ha declarado que, debido a las múltiples misericordias de Dios, los creyentes romanos debían presentar sus “cuerpos en sacrificio vivo”, como una ofrenda encendida a Jehová. El énfasis en el término “presentéis” tiene que ver con una vida consagrada al servicio de Dios. Lo que era ofrecido a Dios en la ofrenda de holocausto no podía reclamarse pues ascendía a él y todo le pertenecía.

Descripción

En la lista de dones que Pablo menciona en Romanos 12, primero hace alusión al don de Profecía. Este don aparece también entre los dones de otras listas de Pablo ( 1 Cor.12:28; Ef. 4:11) donde ocupa el segundo lugar, solo después de los apóstoles indicando de esta manera su prominencia en los escritos de Pablo. Aunque Pablo no define el don de profecía, sin embargo, la naturaleza del don no tiene que ver únicamente con la predicción de eventos futuros, sino más bien, con la comunicación del mensaje dado por Dios para traer convicción y edificación a la iglesia. En resumen, el don del ministerio conocido como “profeta” tiene dos funciones principales: Profetizar, con el sentido de predecir cosas futuras y anunciar o proclamar un mensaje de Dios para sus oyentes inmediatos.

El siguiente don tiene que ver con el “servicio”. La palabra original diakonia usada en este pasaje y otros paralelos se traduce también como “ministración o ministerio.” (Hechos 6:4; 2 Cor. 5:18; 9:1). Aunque en el pasaje de Hechos el término se refiere en particular al ministerio de la palabra, el significado de este don más probablemente se refiera a la ayuda que se le puede brindar a los santos en sus necesidades materiales tal y como se menciona en 1 Corintios 16:15. Esta fue la función delegada a los siete varones de Hechos 6 para la atención de las mesas, es decir, la distribución de las ayudas para los necesitados en la iglesia primitiva. La iglesia contemporánea necesita a más “Dorcas” que ministren a los santos en estos menesteres.

El don de enseñanza se menciona en tercer lugar en esta lista de dones ministeriales. La enseñanza era de primordial valor en la iglesia del primer siglo. Los apóstoles no dejaban de enseñar “todos los días en el templo y en las casas” según se registra el libro de los Hechos (5:42). El don de enseñanza se aplica de dos maneras diferentes, primero en la ayuda dada en las diferentes áreas de la vida cristiana práctica, como en el encargo que le hace Pablo a Tito en relación a las ancianas de la iglesia de Creta (Tito 2:3-5), y en segundo lugar, como instrucción formal en las doctrinas de las sagradas escrituras. Esta misma carta de Pablo a los Romanos es un ejemplo de estas dos maneras de enseñar al instruir primero a la iglesia con doctrina y luego continúa con enseñanzas para la vida práctica de los creyentes en relación a otros hermanos, y la sociedad en general.

El don de exhortación corresponde a la traducción de la palabra griega paraklesis que puede traducirse como “exhortación” o “animar”, según el contexto lo indique. La Nueva Versión Internacional la traduce como “dar ánimo” y la Reina Valera como “exhortación” aunque en realidad ambos significados están estrechamente relacionados (Hechos 15:31; 1 Tim. 4:13). El propósito de la exhortación es que los cristianos se acerquen más a Dios o para que cumplan con los propósitos de Dios para en sus vidas.

El don de repartir tiene que ver con la contribución para las necesidades de otras personas. Es el don de “dar” de manera espontánea, privada y generosa. Como sucede con todos los demás dones, esta forma de dar es el resultado de la obra del Espíritu Santo que mueve y capacita a  un creyente para dar de esta manera. La instrucción bíblica para la práctica de este don se encuentra en 1 Juan 3:17,18 donde el apóstol declara “Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿Cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” El único requisito en el ejercicio de este don, es la generosidad.

El ministerio de liderazgo en la iglesia deriva de la expresión “El que preside, con solicitud.” La idea de la palabra original proistamenos se refiere a “alguien que está al frente de otros” como líder de una congregación. Este don permite que ciertos miembros del cuerpo de Cristo ejerzan diferentes grados de autoridad con el fin de gobernar y dirigir a la iglesia en el logro de sus objetivos. Se espera que quienes cumplan con esta tarea lo hagan con solicitud, es decir, diligentemente, como un servicio más para beneficio del cuerpo de Cristo para el crecimiento y desarrollo de los miembros.

El último don ministerial de la lista de siete presentados por el Apóstol Pablo, es el don de misericordia.  El mostrar misericordia se refiere a la compasión que se debe tener por los enfermos y necesitados. El Señor Jesucristo dio el ejemplo supremo en la alimentación de los cinco mil. Dice la Escritura: “Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.” (Mat. 14:14). La clave está en identificarse con el dolor o la necesidad de los demás que pasan por estas circunstancias y proceder a ayudarlos “con alegría”.

Conclusión

Terminamos esta reflexión acerca de los dones ministeriales, haciendo un énfasis especial en una palabra más mencionada por el apóstol Pablo en el versículo seis de este capítulo doce. Al referirse del don de profecía Pablo ordena diciendo: “Úsese”. Este mandato es aplicable no solo al don de profecía sino a todos los demás dones encontrados en toda la Biblia.  El cuerpo de Cristo, la iglesia, solo podrá desarrollarse y cumplir con su misión sobre esta tierra si todos los creyentes verdaderos ejercen sus dones y ministerios para la edificación de los demás. Amén.

 

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