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La iglesia y la adaptación al cambio en el siglo XXI por Pbro. Miguel Pérez

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Hace un poco más de 2.000 años, Jesús de Nazaret dijo: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo (Juan 5:17). Esta aseveración continúa vigente, de tal manera que los cristianos la tomamos como una convocatoria a la acción permanente en todo lo que implica comunicar la voluntad de Dios para la vida del hombre. Dios trabaja desde el principio (Génesis 2:1, 2) y lo hará hasta el final (Apocalipsis 21:3-7).

Pero respecto a los hombres, ¿qué hay mientras tanto? Lo que encontramos en la Escritura es sorprendente: El ser humano está involucrado en el trabajo del Creador, primero como lo más preciado de la creación, y enseguida, como el instrumento más idóneo para la proclamación del mensaje salvador en Cristo. Las palabras pronunciadas por Jesús en el tiempo previo a su ascensión celestial: Id, y haced discípulos… (Mateo 28:18-20), son un desafío para organizar, realizar y mantener viva esa actitud de colaboración. Es una combinación perfecta entre el mandato divino y la obediencia humana.

Bíblica e históricamente queda establecida con suma claridad la importancia de la participación de la Iglesia en los períodos de crisis. El hombre abrumado y atormentado encuentra en Dios y en la Iglesia un refugio seguro, así como respuesta y protección permanentes. Así que, conforme avance el siglo XXI, todos los asuntos comunitarios, desde los más sencillos de la vida cotidiana, hasta aquellos que significan los grandes cambios políticos, económicos, científicos, religiosos, culturales, entrarán a una inevitable vorágine, a una competencia brutal de particular proselitismo. ¿Qué ha pasado con la Iglesia en tiempos del Covid-19? ¿Qué efectos produce el cierre de los templos y la cancelación de los actos públicos? Sabemos que existen diferentes reacciones frente a estas medidas.

La mayoría ha aceptado y asume una postura de responsabilidad frente al problema de salud. Otros ven esta decisión como una limitante a su libertad religiosa. Unos más se orientan por pensar que representa un impulso hacia una espiritualidad más individualizada. Los más extremistas, casi apocalípticos, consideran que la ausencia de templos es el fin de la Iglesia. Pero, ¿seremos capaces de adaptarnos y ganarle a la contingencia? Esta realidad cercana nos indica a los cristianos dos aspectos muy importantes para realizar la adaptación en el siglo XXI: 1. Organizar, verdaderamente, el ministerio evangelístico y discipulador, sustentándolo, sin límites, de todos los recursos prácticos necesarios para presentar un mensaje kerigmático pero respaldado con hechos concretos y confirmatorios del poder del Espíritu Santo. 2. Vivir plenamente confiados en que los siervos de Jesús, con recursos o sin ellos, ganarán la batalla final.

Tres son las entidades de servicio cristiano que deberán enfrentar los retos del siglo XXI.

La iglesia local

La iglesia tendrá que luchar en contra de los discursos cosmológicos, milenaristas, conspiracionistas, o una combinación de los tres, sobre el origen de la pandemia:

• El neoliberalismo busca reducir a los más débiles de la población mundial y controlar a los sobrevivientes mediante un tatuaje cuántico disimulado como vacuna antiviral.

• La madre tierra se defiende de sus agresores humanos: Los animales repueblan sus hábitats y toman el control del planeta ante una especie humana en retirada.

• El virus es un resultado de la violación de los chinos de las leyes alimentarias humanas (al haber consumido carne de especies animales no normalizadas para la visión occidental).

• El virus fue creado en un laboratorio como parte de una operación financiera de China para dominar el mercado global.

• El virus no existe; es un rumor creado como parte de una operación financiera de China para dominar el mercado global.

• Es una de las plagas del Apocalipsis.

• Es otro más de los tantos virus locales, pero los burgueses cosmopolitas dispersan un virus local (ellos son el verdadero virus extractivo de la vida).

En el siglo XXI, el prestigio de la iglesia local brillará con intensidad, no necesariamente por lo que se considera, en otros asuntos, como el alcance de la fortuna y la fama convertidos en “éxitos”, sino por la calidad extraordinaria de la presencia del Espíritu Santo y el testimonio en la verdad de su preciada fe en cualquier circunstancia propia de este siglo. La iglesia local se convertirá en el baluarte de la presencia de Cristo y la paz personal y familiar en la comunidad. Será un dique para la corrupción pecaminosa. Un oasis para predicar y modelar el evangelio a todos los que están trabajados y cargados (Mateo 11:28). Se afirmará su presencia espiritual y social. La iglesia se proclamará como el anticipo ideal del futuro final de los hombres. La adaptación no compromete la doctrina ni los principios, pero las formas y las maneras si están en juego. No hay ningun dejo de duda en que el Señor sostendrá y mantendrá firme a su pueblo en medio de los tiempos.

Los ministros

Los siervos también deberán adaptarse al cambio. Su llamamiento debe estar confirmado y sostenido en Cristo. Para servir a Dios es necesario tener relación con él y estar en su Hijo. Se requiere santidad, diligencia y templanza para afrontar todo tipo de circunstancias, favorables y adversas. ¡El reflejo de Cristo es indispensable como siempre! La capacitación en su máxima y mejor expresión. El presunto servidor deberá ser, preferentemente, una persona de avanzados estudios, tanto seculares como ministeriales. Dotado de conocimientos sobre los temas tan especializados que se tratarán en esta época, donde la ciencia, la tecnología, las artes, la religión, requerirán de nuevas estrategias, nuevo lenguaje, nueva expresión evangelística desde la predicación, el discipulado y el crecimiento congregacional. Los recursos cibernéticos utilizados creativamente, contextualizados, y los sistemas híbridos (presencial y virtual), explotados con sabiduría, le permitirán al servidor un alcance estratégico

Las asociaciones religiosas

Antes del Covid-19, las diferentes asociaciones religiosas ya estaban viviendo transformaciones mediadas por los nuevos cambios y soportes tecnológicos de los medios de comunicación y las redes sociodigitales. Desde antes del cierre de los templos, los soportes mediáticos e informáticos se estaban incrementando como el nuevo lugar donde se experimentan transformaciones en los modos de producir, gestionar y experimentar el hecho ministerial y espiritual. Pero también son una nueva lógica que media y está modificando el campo religioso. Estos cambios en ninguna manera traen consigo debilitamiento, sino una profunda reconfiguración en 3 sentidos:

1. Descentralizando y perfeccionando los ministerios en todas sus expresiones necesarias posibles.

2. Mudando hacia los medios en línea. Incorporando nuevos soportes digitales no sólo como herramientas de información y difusión, sino también como la nueva forma de la experiencia eclesial (cultos, oraciones, reuniones masivas, comunidades virtuales, consagraciones).

3. Relaciones mediáticas virtuales. Esperemos que sea para bien, que no se convierta en una competencia vil y despreciable. Que realmente el Señor sea glorificado sin buscar “ser vistos por los hombres” como el único y egoísta propósito de esta nueva modalidad.

Doctrina, estructura orgánica, proyección ministerial, nuevas iglesias, institutos bíblicos, constitución eclesial, reglamento local, ministerios, departamentos y sociedades. ¡La fundamentación que ha sido establecida es segura! ¡La presencia manifiesta del Espíritu Santo es la cobertura perfecta para nuestras amadas Asambleas de Dios! No importa lo que ocurra de aquí en adelante, nuestra visión no cambia: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe… (Hebreos 12:2). Bienvenidos el cambio y la adaptación. ¡Estamos preparados y listos!

Pbro. Miguel Pérez Herrera
Pbro. Miguel Pérez Herrera
Superintendente en la zona SUR de México supliendo al pbro. Jorge Canto desde el 15 de octubre de 2019., buen pastor, sencillo, noble y buen exponente de la Palabra. te gustarán sus temas.!

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