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La búsqueda de claridad de Spurgeon: 5 maneras de crecer en tu predicación

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De los muchos dones que Dios concedió a Charles Haddon Spurgeon (1834-1892), uno de ellos fue la convicción con respecto a la autoridad y la suficiencia de la Palabra de Dios. En consecuencia, sus cuarenta años de ministerio pastoral estuvieron marcados por la búsqueda de la claridad en la proclamación de esa autoridad y suficiencia.

Tú, libro de gran autoridad, eres una proclamación del Emperador del Cielo; lejos de mí esté el ejercer mi razón para contradecirte. Razón, tu lugar es detenerte y averiguar lo que este volumen significa, no decir lo que este libro debe decir. Ven tú, mi razón, mi intelecto, siéntate y escucha, porque estas palabras son las palabras de Dios.

Él no se oponía totalmente a entender los tiempos (ya que era bastante hábil en la práctica), sino que ayudaba a la iglesia a entender cómo aplicar el evangelio.

Si se dedican mucho a las novedades tontas del día y a las nimiedades del momento, degenerarán en insulsas pérdidas de tiempo; pero si se dedican mucho a las enseñanzas sólidas de la Palabra de Dios, se convertirán en hombres y mujeres sólidos y sustanciales; bébanlas y aliméntense de ellas, y producirán en ustedes una semejanza a Cristo de la que el mundo se asombrará.

Spurgeon no solo enseñaba, sino que ejemplificaba una pasión pastoral por ofrecer las Escrituras con claridad

Esta búsqueda le diferenciaba de otros predicadores de su tiempo, que parecían más preocupados por impresionar a los oyentes con su pericia retórica y oratoria, alimentada por el deseo de ser vistos como alguien con destreza intelectual y académica. La crítica que se suele hacer a la práctica de la escritura y la oratoria académicas es que suele ser «confusa y densa, que adolece de falta de claridad y síntesis». Spurgeon trató de comunicar los aspectos elevados del pensamiento teológico de una manera que la persona de intelecto medio o inferior pudiera comprender. Spurgeon no solo enseñaba, sino que ejemplificaba una pasión pastoral por ofrecer las Escrituras con claridad. Spurgeon practicó y equipó a pastores jóvenes para que predicaran de forma clara y persuasiva.

1. Conoce a tu gente

Para proporcionar claridad, un pastor debe conocer a las personas de su iglesia y a la audiencia cuando está fuera de su iglesia.

Traten, queridos hermanos, de conseguir un estilo de hablar que se adapte a sus audiencias. Mucho depende de eso. El predicador que se dirigiera a una congregación educada en el lenguaje que usaría para hablar a una compañía de vendedores ambulantes, demostraría ser un tonto; y, por otro lado, el que se dirige a los mineros y a los colonos, con términos teológicos técnicos y frases de salón, actúa como un idiota… Ahora bien, el vendedor ambulante no puede aprender el lenguaje del universitario, que el universitario aprenda el lenguaje del vendedor ambulante.

Spurgeon se arriesgó a perder a muchos académicos al decir esto, aunque su compromiso residía más en ayudar a clarificar las Escrituras para todos, que en los elogios personales que recibiría como gigante intelectual.

2. Conoce tu llamado

Spurgeon creía que el llamado definitivo del predicador era llevar a las personas a Cristo. La búsqueda de claridad en el contenido proviene de la claridad del llamado. Trató fervientemente de recordar a los pastores y a los feligreses por igual este ministerio fundamental:

¿Tienes por encima de todas las cosas el objetivo de salvar almas? Me temo que algunos han olvidado este gran objetivo; pero, queridos amigos, todo lo que no sea esto es indigno de ser el gran objetivo de la vida de un cristiano. Me temo que hay algunos que predican con el fin de divertir a los hombres, y mientras la gente pueda reunirse en multitudes, y sus oídos puedan ser cosquilleados, y puedan retirarse satisfechos con lo que han escuchado, el orador está satisfecho, y cruza sus manos, y se retira complacido. Pero Pablo no se propuso complacer al público y reunir a la multitud. Si no los salvaba, consideraba que no servía de nada atraerlos.

Spurgeon creía que el llamado definitivo del predicador era llevar a las personas a Cristo

Spurgeon da en el clavo con el problema de muchos púlpitos: el deseo de simplemente interesar a sus oyentes. La perspectiva de Spurgeon era vertical. Ahora, si él se mueve hacia la mirada horizontal, el objetivo era llevarlos a la vertical, en lugar de que la congregación lo llevara a él a la horizontal. El enfoque hacia el «negocio de la iglesia» es el negocio del ministro.

El negocio de la iglesia es la salvación. El ministro debe usar todos los medios para salvar a algunos; no es ministro de Cristo si esto no es el único deseo de su corazón. Los misioneros se hunden muy por debajo de su nivel cuando se contentan con civilizar: su primer objetivo es salvar. Lo mismo ocurre con el maestro de escuela dominical, y con todos los demás obreros entre los niños; si se limitan a enseñar al niño a leer, a repetir himnos, etc., no han llegado aún a su verdadera vocación. Debemos hacer que los niños se salven. Debemos clavar este clavo, y el martillo debe caer siempre sobre esta cabeza: si por todos los medios puedo salvar a algunos, porque no hemos hecho nada a menos que algunos sean salvados.

3. Organiza tu material con claridad

Aunque Spurgeon habló brevemente sobre este asunto, recuerda al predicador la necesidad o el orden del material. En su Discursos a mis estudiantes, advierte: «Es posible amontonar una vasta masa de cosas buenas, todas en un embrollo… Presenta la verdad ante los hombres de manera lógica y ordenada, de modo que puedan recordarla fácilmente, y la recibirán con mayor facilidad». Más adelante, en esa misma obra señaló: «Hermanos, pesen sus sermones. No los vendan por metros, sino repártanlos por kilos. No se fijen en la cantidad de palabras que pronuncien, sino procuren ser estimados por la calidad de su contenido. Es insensato ser abundante en palabras y tacaño en la verdad».

4. Habla con claridad

«Si la enseñanza desde el púlpito hubiera sido más clara y decisiva durante los últimos veinte años, no deberíamos estar viviendo ahora en una época de incertidumbre». Spurgeon amaba a Cristo y Su evangelio, así que ¿por qué enturbiar las aguas homiléticas? Una vez más, hablaba de manera que aquellos con poca o ninguna educación pudieran entender el mensaje. En la obra que acabamos de mencionar, Spurgeon recordaba a sus alumnos la necesidad de la claridad. «Por muy excelente que sea tu tema, si un hombre no lo comprende, no puede servirle de nada».

Por muy excelente que sea tu tema, si un hombre no lo comprende, no puede servirle de nada

Mientras que la sabiduría convencional dicta que el predicador eleva su manera de hablar a los ricos y educados, mientras que la degrada a los plebeyos, Spurgeon pone de cabeza la comprensión convencional de la predicación cuando señaló: «Sube a su nivel si es un hombre pobre; baja a su entendimiento si es una persona educada». ¿Subir al nivel del pobre? ¿Bajar a la comprensión de la persona educada? Lo explica en un sermón de 1869:

La iglesia cristiana debe dirigirse a los ricos. Los ricos quieren el evangelio, tal vez, más que cualquier otra clase en la comunidad. Rara vez lo oyen, y lo que oyen del evangelio es algo pobre y diluido. Sus pecados no se les dicen a menudo en la cara, ni se les reprende como a los pobres. La iglesia debe buscarlos, y aunque es difícil llegar a ellos, no hemos cumplido con nuestro deber hasta que hayamos hecho lo que podamos por ellos.

Esta idea es útil para aquellos que pueden sentirse intimidados por los ricos y poderosos: predicar la Palabra con mayor claridad, ya que debido a su poder e influencia, probablemente no tengan ninguna oposición o confrontación con respecto a sus estilos de vida. Sin embargo, independientemente del estatus social, Spurgeon recuerda a su congregación la tarea que tiene por delante: «Teniendo, pues, claramente ante nosotros cuál es nuestra obra: publicar y hacer claro a toda criatura el evangelio de Jesucristo…».

No importa la época, los predicadores tienen la tentación de predicar primero con elocuencia. Sin embargo, la elocuencia no sustituye a la sustancia. «Apolos enseña muy elocuentemente; pero todavía hay una carencia en su enseñanza. Todavía no ha alcanzado el acorde completo; no hace sonar la música bendita del evangelio a la perfección».

5. Confía en el Espíritu para el avivamiento

Spurgeon anhelaba un avivamiento, ver los corazones de Inglaterra volverse al Salvador. Con los métodos de la alta crítica y el darwinismo abriéndose paso entre los círculos académicos, pronto vio en las iglesias una generación intoxicada con este nuevo mensaje. Como resultado, los predicadores podían verse culpando a las iglesias por no responder al evangelio y sofocar la obra de avivamiento del Espíritu. Sin embargo, Spurgeon aporta una perspectiva necesaria:

Con demasiada frecuencia azotamos a la iglesia, cuando el látigo debería recaer sobre nuestros propios hombros. Arrastramos a la iglesia, como a un culpable colosal, hasta el altar; le atamos las manos y tratamos de ejecutarla en el instante; o, al menos, le encontramos defectos donde no los hay, y magnificamos sus pequeños errores, mientras olvidamos con demasiada frecuencia nuestras propias imperfecciones. Comencemos, pues, por nosotros mismos, recordando que somos una parte de la iglesia, y que nuestra propia falta de avivamiento es en cierta medida la causa de esa falta en la iglesia en general. Acuso directamente a la gran mayoría de los cristianos profesantes en estos días, y me acuso a mí mismo también, de la necesidad de un avivamiento en la piedad. Voy a presentar la acusación de manera muy perentoria, porque creo que tengo abundantes fundamentos para probarla. Creo que la masa de cristianos nominales en esta época necesita un avivamiento.

Toda la persuasión humana del mundo se quedará corta sin el poder divino

Tanto el predicador como el congregante deben trabajar juntos en cooperación por el evangelio, arrepintiéndose de sus pecados para que el evangelio se mueva claramente y con convicción en los corazones y las mentes de todos. Esto no es una mera obra de los hombres, sino que, como sabía Spurgeon, era en última instancia la obra del Espíritu Santo.

Pero sé, como también sabía Pablo, que toda la persuasión humana del mundo se quedará corta sin el poder divino. Nunca soñé que mi persuasión fuera de la más mínima utilidad sin el Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo hace que la persuasión llegue al oído interno, entonces prevalecerá, y no otra cosa: si hace que la persuasión llegue al corazón, que está envuelto en la grasa del placer mundano, la indiferencia, el prejuicio y el orgullo, entonces los hombres cederán, y los hombres serán persuadidos en verdad. Pero esto lo hará el Espíritu Santo. Lo ha hecho; lo está haciendo; lo hará; y por eso persuadimos.

Esta confianza en el Espíritu para convencer y convertir los corazones le dio a Spurgeon confianza y libertad para predicar y enseñar a otros predicadores a llevar el mensaje bíblico con todas las herramientas posibles en una búsqueda de claridad. Que nosotros también prestemos atención a estas lecciones.

Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.

Source

Coalicion por el Evangelio
Coalicion por el Evangeliohttps://www.coalicionporelevangelio.org/
Coalición por el Evangelio ayuda a la iglesia a conocer la Palabra de Dios con la mente, amar a Dios con el corazón, y proclamar la gracia y la verdad del evangelio de Jesús.

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