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LA CONFESION POSITIVA Y DOCTRINA DE LOS DECRETOS una corriente religiosa peligrosa lee porqué

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Un hombre recibe la mala noticia de que tiene cáncer. Al escucharlo reacciona diciendo: “Reprendo este cáncer de mi cuerpo. Confieso y declaro salud sobre mi vida en este momento y en el nombre de Jesús le arrebato a Satanás la salud que me quitó”. Por otro lado, una madre le comparte a su amiga que sospecha que su hijo puede padecer de una enfermedad congénita. Inmediatamente su amiga le manda hacer silencio y le dice: “No digas eso. ¿No sabes que tu palabra tiene poder y que lo que sale de nuestros labios se vuelve realidad? Cancela lo que has dicho y declara bienestar sobre tu hijo” (Pastor Rubén Rodríguez).

Casos como los anteriores se han vuelto una práctica común en muchas iglesias que profesan creer en la Biblia. Piensan que sus palabras contienen poder dado por Dios para crear una realidad, ya sea positiva o negativa.

I. ORIGEN Y PROPAGACIÓN

La confesión positiva es la práctica de decir en voz alta lo que se desea que pase, con la esperanza de que Dios lo haga realidad. Esta doctrina tiene la creencia de que las palabras tienen una especie de poder mágico espiritual, que podemos utilizar para conseguir lo que queremos (confesión positiva) o rechazar lo que no queremos (confesión negativa). En realidad, es una expresión cristianizada de la “metafísica”, que lamentablemente se ha infil­ trado en la iglesia de hoy.

Fue un pastor metodista llamado Essek William Kenyon quien, basado en lecturas del Nuevo Pensamiento de Phineas Quimby, y el libro Ciencia y Salud de Mary Baker Eddy —fundadora de la “Ciencia cristiana”—, se dio a la tarea de unir todas estas creen­cias esotéricas con el cristianismo. Kenyon simplemente sustitu­yó los términos “confesión positiva” y “visualización” por “fe” y el poder de “nuestra confesión”.

Kenyon comenzó a realizar campañas evangelísticas enfatizando el tema de la sanidad divina. En ellas invitaba a sus oyentes a con­fesar por fe su sanidad. También llegó a pastorear diversas congre­gaciones, fundó un instituto bíblico y escribió dieciséis libros que influyeron en muchos predicadores pentecostales y carismáticos. Uno de los primeros predicadores que siguió las enseñanzas de Kenyon fue Kenneth E. Hagin, aunque éste afirmaba haber re­cibido directamente del Espíritu Santo las mismas palabras que le dio a Kenyon sin necesidad de consultarlo. A través de sus propios libros y casetes, Hagin comenzó a promover esta doctrina, destacando la importancia de confesar por fe las promesas de Dios relativas a la sanidad y la prosperidad. Otros predicadores y evangelistas destacados en este movimiento fueron Kenneth Co­peland, Charles Capps, Frederick K. C. Price yJohn Osteen. Desde los años noventa se ha venido infiltrando en la iglesia cris­tiana evangélica esta falsa pero a la vez muy atractiva doctrina. Es popular entre los seguidores del evangelio de la prosperidad, los neopentecostales y la iglesia emergente, quienes afirman que las palabras en sí mismas tienen poder espiritual; sostienen que si decimos en voz alta las palabras correctas con la fe correcta, po­demos obtener riquezas y salud, atar a Satanás, y lograr cualquier cosa que queramos.

La doctrina de la confesión positiva es hija de otra más: la deifi­cación del hombre, la herejía de considerarnos a nosotros mismos como dioses.

Lo que realmente esta tendencia viene a tratar de imponer es la creencia o la confianza en nuestras palabras, como valor absolu­to. Esto significa que lo que decimos tiene poder en sí mismo, independientemente de la voluntad divina al respecto. Es más, lo que pronunciamos con nuestros labios de alguna manera pone en funcionamiento la voluntad de Dios, de manera que el Soberano se ve “obligado” a hacer lo que nosotros decimos con “fe”, llegan­ do entonces al abismo ilógico de creer que el Señor depende de nosotros, en lugar de que nosotros dependamos de él. Basta leer unas pocas afirmaciones de algunos de sus promotores para dar­ nos cuenta del énfasis que ponen en el poder de las palabras: Palabras llenas de fe trajeron el universo a su existencia, y ‘palabras llenas de fe rigen el universo hoy día (E. W. Kenyon)

Si cualquier persona… pusiera en operación estos cuatro principios — “dilo”, “hazlo”, “recíbelo”, “cuéntalo”—, esa persona recibiría todo cuanto quisiese (Keneth E. Hagin).
La lengua es un elemento clave en su vida. Sin importar qué tan dura sea la tormenta o qué tan agobiante sea el problema, su lengua puede cambiar la situación. Así como sus palabras desatan el poder de Satanás, también pueden desatar el poder de Dios (Kenneth Co­peland)

La fe debe ser activada si ha de funcionar, y una forma de activarla es mediante nuestras palabras (Joyce Meyer)

II. LOS DECRETOS

Otra práctica derivada de la confesión positiva es la nueva ten­dencia de decretar, basada en la idea de que Dios nos ha dado tal autoridad para ordenar que algo suceda (normalmente sanidad o prosperidad).

En relación con Dios, la palabra “decretar” se usa en la Biblia de dos maneras diferentes. En primer lugar, se refiere a sus man­ datos (se les llama: “decretos preceptivos”), los cuales deben ser obedecidos (Levítico 26:3; Ezequiel 44:24). En segundo lugar, el término se usa para referirse a una determinación de Dios, la cual seguramente ocurrirá. A este decreto le podemos llamar “decreto eficaz” para diferenciarlo del anterior (1 Reyes 22:23; 2 Crónicas 18:22). Cuando Dios dijo: Sea la luz (Génesis 1:3), era impo­sible que eso no ocurriera; y cuando Jesús dijo: Efatay es decir: Sé abierto, era seguro que el hombre sordomudo oiría y hablaría claramente (Marcos 7:32-35).
Vemos entonces que esta acción le compete a Dios solamen­te; sólo él puede decretar, desde el punto de vista espiritual. Su palabra es poderosa y el universo la obedece; al creyente no le corresponde estar ordenando ni determinando nada. Es por esa razón que el cristiano no debería incorporar en sus oraciones esta palabra, sino más bien someterse a la voluntad, soberanía y los designios del único que tiene poder para obrar, el Omnipotente.

III. Textos

USADOS POR LA CONFESIÓN POSITIVA Haciendo uso de la eiségesis (la práctica de poner nuestro propio significado al texto bíblico) y una pobre hermenéutica, los pro­

motores de este movimiento usan algunos pasajes bíblicos para defender sus enseñanzas. Cuando los estudiamos a la luz de su contexto notamos inmediatamente que han sido tergiversados para defender esa herejía.

i. Romanos 10:9, Mateo 10:32

En una mala interpretación de estos textos, algunas personas de­fienden la confesión positiva simplemente diciendo: “La Biblia dice que se debe confesar con la boca”. Sin embargo, lo que se llama a confesar son verdades fundamentales, como el señorío de Cristo y la realidad de los pecados. No se llama a simplemente expresar algo que se quiere que pase y que se cree que es la vo­luntad de Dios.

2. Marcos 11:14, 23; Santiago 1:6

Otros textos utilizados para apoyar la confesión positiva son aque­llos donde se manda a tener fe. Al parecer, de alguna manera se asume que la confesión positiva es la forma correcta de expresar la fe, aun cuando no hay apoyo bíblico para tal idea. No es que enseñe que la boca tiene superpoderes para obtener todo lo que se confiese, sino que se ha de orar con la confianza en que el Se­ ñor tiene poder para obrar, pero siempre dentro del marco de su perfecta voluntad.

3. Proverbios 18:21

Quien diga que este texto enseña la doctrina de la confesión posi­tiva y que el ser humano tiene poderes sobrenaturales en su boca, está imponiéndole al texto un significado que el autor no tuvo la intención de expresar. El contexto de Proverbios 18:21 trata sobre no meterse en líos a causa de lo que uno dice; trata sobre hablar bien al dirigirse a otros y de refrenar la boca para no dañar a los demás.

IV PELIGROS DE LA CONFESIÓN POSITIVA

Entre los peligros que conlleva la doctrina de la confesión positiva se encuentran los siguientes:

1. Creer que nuestras palabras tienen poder propio

Se usan las expresiones como una especie de poder mágico es­piritual, que podemos utilizar para conseguir lo que deseamos (confesión positiva) o rechazar lo que no queremos (confesión negativa), obligando a Dios a hacer nuestra voluntad.

2. Desviar el sentido de la Palabra de Dios

Quienes impulsan la confesión positiva malinterpretan la Palabra, dicen que la práctica es simplemente reafirmar las promesas de Dios como fueron dadas en la Biblia. Sin embargo, ellos no diferencian entre las promesas universales, que el Creador hizo a todos sus seguidores (Filipenses 4:9), y las personales, hechas a los individuos en un momento determinado para un propósi­to en particular (Jeremías 29:11). Tergiversan las promesas que Dios nos da, negándose a aceptar que el plan divino no siempre coincide con el nuestro (Isaías 55:9).

3. Hacer afirmaciones incoherentes —

A pesar de que se entiende que las “confesiones” se refieren a las cosas en el futuro, muchas de las afirmaciones son simplemente mentiras. Sin duda, el afirmar verbalmente la fe en Dios por parte de alguna persona que proclama: Yo siempre obedezco a Dios, o yo soy próspero, es algo engañoso y muy posiblemente está en contra de la voluntad divina a la cual estamos llamados a aferrarnos.

En diversas ocasiones ha sucedido también que algunos creyentes oran por algún enfermo, reprenden la enfermedad y los “declaran” sanos; luego resulta que el enfermo se agrava o muere. Al final, este tipo de situaciones sólo provoca burlas y ataques de parte de los inconversos.

4. Creer que las pruebas son negativas

Se piensa que lo malo que uno pasa no es propio de un creyente, por lo cual se confiesa negativamente para librarse de ello. Por tanto, esta doctrina herética motiva a desconocer cualquier cosa que sea desagradable o dolorosa.

En realidad, confiando en la soberanía de Dios, hasta lo “malo” que el creyente pasa no niega las bendiciones divinas. Los Salmos están llenos de clamores a Jehová para obtener liberación, y en Salmos 5:2-12 y 1 Pedro 5:7 se nos exhorta a seguir ese ejemplo. Dios es un Padre amoroso que quiere involucrarse en las vidas de sus hijos, en lo bueno y en lo malo. Sólo cuando el creyente se humilla y le pide ayuda, el Señor lo libra de las circunstancias o le da la fortaleza para atravesarlas.

5. Le resta poder a la oración

La confesión positiva es: ¡Yo declaro! ¡Yo confieso! ¡Yo decreto! No es pedir algo en oración conforme Jesús enseñó. Centra la fe en el poder de las palabras, y al final, en el mismo hombre, no en el poder de Dios. Por lo tanto, a lo que se refiere Marcos 11:23 es a orar con fe, por eso Jesús dijo: Tened fe en Dios (v. 22), y luego: Todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis re­cibido, y os serán concedidas (v. 24).

Esta nueva ola de interpretación, entonces, vulnera por lo menos dos nociones fundamentales en el cristiano: la fe y la soberanía de Dios. Las palabras no atan a Dios a hacer lo que uno dice.

Conclusión

El peligro de la confesión positiva es que al final desemboca en decepción. Cuando la persona no obtiene lo que confesó, tiende luego a poner en duda el poder del Señor.
Las palabras no son mágicas; no se pone en ejercicio el poder divino a través de declaraciones verbales como si estas fueran un amuleto. Tampoco la oración del cristiano ha de ser con actitud exigente, pues es evidente que Dios nunca se pondrá a las órde­nes de los hombres, él es soberano y no está sujeto a la voluntad humana; es el cristiano quien ha de someterse. Cabe recordar que Jesús mismo, en su oración en Getsemaní, se sujetó a la voluntad del Padre (Mateo 26:39, 42, 44).

El Todopoderoso hará las cosas según sus designios y su infini­ta sabiduría y no de acuerdo con una confesión. Corresponde al creyente pedirle ayuda, confiar y darse cuenta de que su obrar depende de su poder y de su voluntad perfecta.

Pastor: David Gamboa
Pastor: David Gamboahttps://midialbum.com
Creador y fundador de este portal y otros que son parte de su trabajo como diseñador web, Pastor de la iglesia Emanuel para las Asambleas de Dios en México, Musico y director del grupo Fase2 y director del sello disquero Unzion Records. Promueve y patrocina esta plataforma esperando sea de bendición para ti.

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