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Arrodillado entre leones: Aprende a orar como Daniel

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Escondida en el libro de Daniel, intercalada entre historias sobre hornos de fuego, fosos de leones, visiones de estatuas, bestias y reyes en ascenso, hay una oración extendida con una respuesta sorprendentemente inmediata.

Daniel contiene una oración extensa, ferviente y sincera del profeta (cap. 9). Antes de que incluso diga «Amén», el ángel Gabriel está de pie frente a él, listo para dar visión y comprensión al profeta de corazón quebrantado. ¿Qué oró Daniel que hizo que Dios enviara inmediatamente un ángel con una respuesta? ¿Puede la oración de Daniel instruirnos sobre cómo orar en la actualidad?

Complot contra la oración

La oración de Daniel es una oración con fecha. «En el primer año de Darío, hijo de Asuero» (Dn 9:1). El momento particular mencionado llama la atención sobre una de las historias más famosas de la Biblia. Al final de Daniel 5, Darío, el Medo, conquista a los caldeos y destrona a Belsasar. En el siguiente capítulo, nombra a ciento veinte gobernantes locales como gobernadores de su reino, con altos funcionarios que los supervisen. Daniel es uno de estos altos funcionarios. De hecho, se distingue sobre todos los altos funcionarios por el excelente espíritu (¿o es Espíritu?) que mora en él (Dn 6:1-3).

Darío planea ascender a Daniel sobre todos los demás funcionarios, provocando celos entre ellos. Luego planean encontrar fallas en Daniel con la esperanza de derribarlo. Después de examinar su vida, concluyen: «No hallaremos motivo de queja contra este Daniel, a menos que lo hallemos en relación con la ley de su Dios» (Dn 6:5).

Encuentran muy pronto una razón para acusar a Daniel: sus hábitos de oración. La costumbre de Daniel es orar tres veces al día con una ventana abierta que apunta a Jerusalén. Los funcionarios celosos manipulan a Darío para que apruebe un decreto irrevocable contra la oración que se eleve a alguien que no sea el rey (Dn 6:6-9). El desafío de Daniel a este decreto lo lleva al foso de los leones (Dn 6:10-16).

Daniel nos enseña a no andar con rodeos en la confesión, a no usar eufemismos, a no suavizar las transgresiones

¿Por qué es relevante la oración de Daniel 9? Es probable que sea el tipo de oración que Daniel estaba orando con esa famosa ventana abierta. Es más, si estamos atentos a toda la Escritura, podemos entender mejor por qué Daniel oraba con una ventana abierta con dirección a Jerusalén.

Salomón, Jeremías y Daniel

Salomón está dedicando el templo del Señor (1 R 8). A medida que se acerca al final de su oración, contempla la posibilidad (e incluso la probabilidad) de que el pueblo de Israel peque gravemente contra Dios. Cuando lo hagan, Dios, en cumplimiento de las advertencias de Deuteronomio, los entregará a sus enemigos para que Israel sea llevado cautivo a una tierra extranjera.

Sin embargo, Dios permanecerá fiel a Sus promesas y a Su pueblo, incluso cuando los envíe al exilio. En la petición de Salomón, observa la dirección específica hacia la que debe orar su pueblo exiliado:

Si recapacitan en la tierra adonde hayan sido llevados cautivos, y se arrepienten y te hacen súplica en la tierra de los que los llevaron cautivos, diciendo: «Hemos pecado y hemos cometido iniquidad, hemos obrado perversamente», si se vuelven a Ti con todo su corazón y con toda su alma en la tierra de sus enemigos que los llevaron cautivos, y oran a Ti vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, hacia la ciudad que has escogido, y hacia la casa que he edificado a Tu nombre, entonces escucha Tú desde los cielos, el lugar de Tu morada, su oración y su súplica y hazles justicia. Perdona a Tu pueblo que ha pecado contra Ti, todas las transgresiones que hayan cometido contra Ti, y hazlos objeto de compasión ante los que los llevaron cautivos, para que tengan compasión de ellos (porque ellos son Tu pueblo y Tu heredad que sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro) (1 R 8:47–51).

Salomón menciona específicamente el arrepentimiento y la oración desde el exilio hacia Israel, hacia Jerusalén. Por lo tanto, las acciones de Daniel tienen perfecto sentido. Está siguiendo las instrucciones de Salomón con la esperanza de que Dios tenga compasión y restaure a su pueblo.

Dios se complace con oraciones moldeadas y saturadas por las Escrituras

Más allá de la dedicación de Salomón, la causa inmediata de la oración de Daniel es la profecía de Jeremías sobre las setenta semanas (Jr 25). El profeta reprende a Israel por su terquedad y promete el juicio de Dios a través de Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien devastará a Israel. Babilonia triunfará durante setenta años, después de los cuales Dios traerá juicio sobre ellos por sus propios pecados. Daniel tiene esta profecía en mente cuando ofrece su propia oración de arrepentimiento (Dn 9:2).

Lecciones sobre la oración de Daniel

Estos detalles importan. Daniel ofreció esta oración en un momento específico de la historia redentora, bajo el pacto que Dios hizo con Moisés, durante el tiempo en que Jerusalén era el centro del universo espiritual. Hoy estamos en una era redentora diferente, bajo el nuevo pacto, cuando la Jerusalén celestial es el centro del universo.

No obstante, hay verdades que abarcan a los pactos. A pesar de nuestras diferencias en el tiempo, la era de la redención, el lugar y las circunstancias, la oración de Daniel todavía fue «escrita para nuestra instrucción, [para] que… tengamos esperanza» (Ro 15:4). Entonces, ¿cómo nos da esperanza la oración de Daniel?

Confiesa claramente

Primero, Daniel dice «Amén» al juicio de Dios. La oración de Daniel es fundamentalmente una oración de confesión y arrepentimiento. Daniel reconoce una y otra vez el pecado del pueblo de Dios. «Hemos pecado, hemos hecho mal. Hemos actuado perversamente. Nos hemos rebelado. Nos hemos desviado de Tus mandamientos. No hemos escuchado a tus profetas. Hemos cometido traición. No hemos obedecido Tu voz». Veinte veces, Daniel reconoce que Israel ha pecado. Buscarás en vano cualquier racionalización en esta oración. Daniel no le está pidiendo a Dios que disculpe el pecado de Israel; él le está pidiendo a Dios que perdone el pecado de Israel. El perdón comienza diciendo “Amén” al juicio de Dios.

Esto nos instruye. Todos somos propensos a justificar y racionalizar nuestro pecado, a pedirle a Dios que nos disculpe por lo que hemos hecho, en lugar de pedirle que nos perdone por lo que hemos hecho. Pero Daniel nos enseña a no andar con rodeos en la confesión, a no usar eufemismos, a no evitar suavizar las transgresiones; de hecho, la gran variedad de términos para el pecado y la maldad en su oración nos enseña a esforzarnos para ser claros ante Dios sobre las formas precisas en que no hemos alcanzado sus normas.

Recuerda específicamente

Segundo, Daniel recuerda la Palabra de Dios y las obras de Dios. Al confesar, Daniel cita directamente Deuteronomio 7:9, y enmarca su oración por la falta de obediencia de Israel a la ley de Moisés (Dn 9:11). Al castigar a Israel, Dios simplemente está confirmando los juramentos y las maldiciones que estableció en Deuteronomio 28. Aun más que eso, Daniel recuerda las grandes obras de Dios, especialmente el éxodo, cuando Dios sacó a Su pueblo de Egipto con mano poderosa (Dn 9:15).

Esto también nos instruye. Dios se complace con oraciones moldeadas y saturadas por las Escrituras. Es bueno y correcto que orientemos nuestra confesión, nuestro arrepentimiento y nuestras súplicas a la luz de las leyes de Dios, Sus promesas y Sus advertencias. Al usar las Escrituras para enmarcar nuestras propias oraciones, nos acercamos a Dios de una manera que Él ha establecido, con palabras que ha inspirado, y así tenemos mayor confianza en que escuchará y responderá.

Suplica con confianza

Tercero, Daniel suplica por la misericordia de Dios. Incluso mientras dice «Amén» al juicio de Dios, Daniel apela a la misericordia y el perdón de Yahvé (Dn 9:9). Daniel sabe que el juicio no es la última palabra de Dios. Por lo tanto, pide a Dios que vuelva a hacer brillar Su rostro sobre Su santuario (Dn 9:17), y que aparte Su ira que ha llevado a Su pueblo al destierro. Daniel lo hace y demuestra su fe profunda en el carácter fundamental de Yahvé hacia Su pueblo: es un Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira y grande en misericordia (Éx 34:6-7).

Cuando nos acercamos a Dios, no lo hacemos en nuestra justicia

Nosotros también podemos acercarnos al trono de Dios con confianza porque sabemos que es un trono de gracia. Cualquiera que sea el castigo y la disciplina que trae, la misericordia reina en el corazón de Dios. De ninguna manera absuelve a los culpables, pero le encanta perdonar a aquellos que se vuelven a Él con fe humilde.

Hilo unificador

Finalmente, lo que une estos elementos es la justicia de Dios: Su compromiso inquebrantable de defender la gloria de Su nombre. Debajo del «Amén» de Daniel al juicio de Dios, debajo del traer a memoria la Palabra y las obras de Dios, y debajo del llamado de Daniel a la misericordia de Dios, está la fe segura de Daniel de que Dios es lo más importante en los afectos de Dios. Del Señor es la justicia y por eso ha castigado a Su pueblo (Dn 9:7). Su juicio es el cumplimiento de Su compromiso con Su Palabra; no pasará por alto las transgresiones contra Su ley (Dn 9:11-12). Él es justo para traer este juicio.

Pero más que eso, es justo al mostrar misericordia. Daniel apela al amor de Dios por Su nombre. Dios se hizo un nombre al liberar a Israel de Egipto (Dn 9:15). Ahora, Daniel arraiga su súplica de misericordia en la justicia de Dios (Dn 9:16). Israel se ha convertido en un refrán; las naciones se burlan de la otrora gran nación y de la otrora gran ciudad de Jerusalén. Pero esta nación y esta ciudad son llamadas por el nombre de Yahvé. Por lo tanto, la súplica final de Daniel no se basa en la justicia de Israel, sino en el nombre de Dios.

Ahora pues, oh Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus súplicas de misericordia, y por amor de ti mismo, oh Señor, haz resplandecer tu rostro sobre tu santuario asolado. Dios mío, inclina tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre. Porque no presentamos nuestras súplicas ante ti por nuestra justicia, sino por tu gran misericordia. Oh Señor, escucha; Oh Señor, perdona. Oh Señor, presta atención y actúa. No te demores, por tu propio bien, oh Dios mío, porque tu ciudad y tu pueblo son llamados por tu nombre (Dn 9:17–19)

Así también para nosotros. Cuando nos acercamos a Dios, no lo hacemos en nuestra justicia. ¿Cómo podríamos? Más bien, le rogamos a Dios que obre por amor a Su nombre. De hecho, como quienes vivimos bajo el nuevo pacto de Dios, apelamos a Él, en el nombre de Su Hijo Jesús. Suplicamos a Dios que escuche, perdone, preste atención y obre a nuestro favor porque somos llamados por el nombre de Su Hijo, el Dios grande y temible que guarda el pacto y el amor inquebrantable hacia Su pueblo comprado con sangre.

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.

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Coalicion por el Evangelio
Coalicion por el Evangeliohttps://www.coalicionporelevangelio.org/
Coalición por el Evangelio ayuda a la iglesia a conocer la Palabra de Dios con la mente, amar a Dios con el corazón, y proclamar la gracia y la verdad del evangelio de Jesús.

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