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LOS SIERVOS DE DIOS — LOS SACERDOTES un estudio bíblico sobre esta figura y servicio dentro del pueblo de Dios

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ÉXODO 28:1; 29:44 Dios instituyó sacerdotes que sirvieran como mediadores entre él y su pueblo. En el presente, Cristo es nues­tro sumo sacerdote, perfecto mediador entre nosotros y el Padre.

INTRODUCCIÓN

Dios sacó a los israelitas de la opresión egipcia para algo más que sólo darles libertad. El propósito fue que se convirtieran en un pueblo exclusivo del Señor y llevaran una vida consagrada a él. Por cuatro­ cientos años estuvieron en Egipto, primero como una bendición, pero al paso del tiempo se convirtieron en esclavos. Nunca vivieron como una nación, mucho menos como pueblo de Dios. Su cultura y sus costumbres eran tan lejanas de lo que Jehová requería de ellos.

Ya con Israel en libertad y luego de la promulgación de la ley, Jehová instituyó sacerdotes para que instruyeran y guiaran al pueblo. Ellos, además, servirían como figuras del futuro sacerdocio de Cristo.

I. INSTITUCIÓN DEL SACERDOCIO

Hasta ahora Moisés había ejercido las funciones sacerdotales, y mostró la piedad lo mismo que la humildad de su carácter, al cumplir de buena gana con la orden de investir a su hermano con el oficio sagrado, aun­ que esto quería decir la exclusión perpetua de su propia familia. El nombramiento fue un acto especial de la soberanía de Dios, de modo que no podía haber motivo de resentimiento popular por la elección de la familia de Aarón, con la cual el puesto quedaba establecido y continuado sin cambio, en sucesión intacta hasta la introducción de la era cristiana (Roberto Jamieson, A. R. Fausset y David Brown. Comentario I!  exegético y explicativo de la Biblia. Tomo I: El Antiguo Testamento, pág. 84).
El nombre hebreo que designa al sacerdote en el Antiguo Testamento es kohen, cuya etimología es desco­nocida. Algunos lo relacionan con el acádico “kánu”, inclinarse. El sacerdote sería el hombre que se inclina en adoración ante la divinidad (Nuevo diccionario de teología bíblica, págs. 1735-1736). Otros estudiosos lo ligan con kwn, “estar de pie”, por lo que significaría “el que está de pie delante de Dios” (Deuteronomio 10:8).

Antes de la promulgación de la ley ya se hacía mención de sacerdotes. Algunos patriarcas desempeñaban las funciones cultuales en la familia a falta de un sacerdocio institucional. Tenemos los casos de Noé (Génesis 8:20-21), Abraham (Génesis 12:8), Isaac (Génesis 26:25) Jacob (Génesis 31:54) Jetro (Éxodo 2:16) y Job (Job 1:5). Leemos también acerca de Melquisedec, quien además era rey (Génesis 14:18).

Con el establecimiento de la legislación mosaica y el sistema de sacrificios se instituye un nuevo sacer­docio: Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes (Éxodo 28:1). Aarón fungiría como sumo sacerdote, y después de él uno de sus descendientes tomaría su lugar. Únicamente los que asuman este cargo podrán oficiar en el lugar santísimo.

El texto expresa verdades importantes. Dios mismo es quien señala a los indicados para el oficio; serían Aarón y sus hijos, nadie más (Éxodo 27:21; 29:9, 44; Números 18:7). Muchas naciones paganas tenían sus religiones y sus propios sacerdotes, elegidos a veces por los gobernantes. Pero Jehová les da la exclusividad a estas personas para que fungieran como sus servidores. Además, no iban a ser consagrados para cualquier tarea, ni serían sacerdotes del pueblo, sino del Señor.

Hubo tiempos de decadencia en los que algunos tomaron sacerdotes para su propio beneficio, otros más usurparon el cargo sin tener derecho a ello (Jueces 17:5; 1 Reyes 12:31; 2 Crónicas 13:9; Esdras 2:61, 62).

El llamado Dios lo hace, él es quién decide nuestra función. Nuestra responsabilidad es conformarnos a los propósitos divinos, aceptar lo que el Señor pone en nuestras manos y no anhelar lo de otros.

II. LA VESTIMENTA DEL SACERDOCIO

La importancia religiosa del sumo sacerdote se refleja en las instrucciones bíblicas brindadas para su consagración, la cual duraba siete días. Los ritos de consagración incluían: (1) purificación con lavado y sacrificios especiales; (2) ropa especial que denotaba su oficio; y (3) unción con aceite (Alvin S. Lavvhead. Diccionario teológico Beacon, pág. 666).

En Exodo 28 se describe la vestimenta sacerdotal. El atuendo era esplendoroso, en consonancia con el lugar donde ministrarían. Eran vestiduras sagradas (28:2), hechas de materiales claramente especificados y que sólo los sacerdotes debían usar. El sumo sacerdote llevaba las siguientes piezas:

El efod era una pieza exterior sin mangas, hecho de lino torcido con los colores azul, púrpura y carmesí, e hilos de oro. Tenía dos hombreras (28:) y sobre ellas dos piedras de ónice (28: 7, 9). En las piedras debían estar grabados los nombres de los hijos de Israel (28:9), seis en cada una (28:10). El efod quedaba sujeto con un cinto (28:8).

El pectoral estaba elaborado del mismo material que el efod y sujeto al mismo. Llevaba doce piedras con los nombres de cada tribu, y debía estar sobre el corazón de Aarón, para memorial delante de Jehová conti­ nuamente (28:29, 30). También contenía una bolsa interna que guardaba el Urim y Tumim (28:30), que servían para consultar a Jehová.

El manto del efod era de una sola pieza de color azul, por lo menos hasta las rodillas de largo y en sus bordes se alternaban granadas y campanillas de oro (28:31-35). Se oirían cuando el sacerdote entrara y saliera del santuario delante de Jehová, para que no muriera.

La mitra debía contener una lámina de oro fino con la frase SANTIDAD A JEHOVÁ, sujetada con un cordón azul sobre la frente de Aarón ((28:36-38).

La túnica de lino era una prenda que se ponía debajo de todo. Era de color blanco, con mangas y sujetada con un cinto (28:39).

Unos calzoncillos de lino servirían para cubrir su desnudez, cuando ministraran en el santuario (28:42).

La ropa de los sacerdotes ayudantes consistía de calzoncillos de lino, una túnica del mismo material, un cinto y una tiara para cubrir su cabeza (28:).

El sacerdocio es una labor que debía ser impecable exteriormente, para honra y hermosura (28:2, 40). A partir de su consagración habrían de llevar siempre su vestimenta. Hoy en día no se requiere una vestimenta especial para adorar al Señor, pero la santidad de corazón, la humildad, la decencia y la honestidad nunca han de faltar. Cualquier vestidura que se use debe reflejar la dignidad de nuestro culto, y debe ser para la gloria de Dios (Ernst H. Wendland, Éxodo. La Biblia Popular, pág. 193).

III. LOS DEBERES DEL SACERDOCIO

Todos los que creen en [Jesús] han llegado a ser sacerdotes delante de Dios, por la venida del perfecto sumo sacerdote y por su sacrificio por el pecado. Eso no significa que aún tengamos que obedecer las leyes ceremoniales de Levítico… Sin embargo, esto sí quiere decir que los sacerdotes del Nuevo Testamento tie­nen la obligación de anunciar “las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” y de abstenerse “de los deseos carnales que batallan contra el alma” (l Pedro 2:9, 11) (Mark J. Lenz. Levítico. i,• La Biblia Popular, pág. 193).

Había pasado poco tiempo desde que el pueblo de Dios salió de Egipto. Fueron varias generaciones que pa­saron en esa nación. Esto implicaba que había mucho que aprender con respecto a la forma de acercarse a Jehová. Era necesario tener un liderazgo que los guiara, instruyera y se encargara de los asuntos espirituales del pueblo. Entre las responsabilidades que cumplirían los sacerdotes estaban las siguientes:

El sacerdote era un mediador entre el pueblo y Dios, por tal motivo debía presentar diversos sacrificios para expiar el pecado de los israelita (Levítico 1-7; 9; 2 Crónicas 13:10, 11).

También las labores sacerdotales incluían ministrar varios oficios en el tabernáculo (Éxodo 27:21; Números 3:38; 1 Crónicas 23:13; Hebreos 9:6).

El sacerdote tenía además la facultad de consultar a Jehová por el Urim y Tumim.

Otra labor muy importante de los sacerdotes era la enseñanza de la ley de Dios al pueblo. Era su deber dar instrucción acerca de la forma apropiada de conducirse (Deuteronomio 31:9-13; 33:10). Cuán necesario es en la actualidad que nosotros contemos también con un líder espiritual que nos instruya en la Palabra de Dios.

De los sacerdotes dependía la vida santa del pueblo. Si eran fieles y hacían con esmero su labor asegurarían una vida de bendiciones. Por tal motivo, las demandas divinas para ellos eran estrictas: Antes de entrar a mi­nistrar al santuario tenían que lavarse bien las manos y los pies (Éxodo 30:18-21). Debían abstenerse de vino mientras sirvieran en el tabernáculo (Levítico 10:9). Estaba prohibido tocar el cuerpo de algún difunto, con excepción de familiares cercanos (Levítico 21:1-3).

Tampoco debían realizar expresiones de luto, como raparse la cabeza, despuntar su barba o herirse la piel (Levítico 21:5). No les era permitido casarse con ninguna mujer que fuera prostituta o divorciada (Levítico 21:7). Además, cualquiera que tuviera algún defecto físico quedaba excluido (Levítico 21:16-24).

CONCLUSIÓN

En el antiguo pacto había un sumo sacerdote. Bajo el nuevo pacto, Cristo es nuestro sumo sacerdote (Hebreos 7:11-28). Por su encarnación se identificó plenamente con nosotros (Hebreos 2:14-18; 4:15), se ofreció a sí mismo por nosotros y llevó su propia sangre al Lugar Santísimo en el cielo para obtener nuestra redención (He­breos 9:11-28). Esto lo hizo una sola vez y para siempre, ahora está sentado a la diestra del Padre e intercede por nosotros; él es nuestro perfecto mediador (1 Timoteo 2:5; Hebreos 10:12). En vista de lo anterior, hoy se nos invita acercarnos al trono de gracia, pues tenemos un sumo sacerdote que tiene compasión de nuestras debilidades (Hebreos 4:14-16).

El apóstol Pedro menciona que cada creyente también forma parte de un real sacerdocio (1 Pedro 2:9). Si bien las formas externas de las ordenanzas relativas al sacerdocio ya no son aplicables, los principios de pureza y santidad no han caducado. Una vida digna, un comportamiento santo delante de Dios y a la altura de nuestra vocación son requisitos que han de cumplir todos los cristianos.

ESCANEO Y FORMATO EN PDF DEL LIBRO “DOCTRINAS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO” para la Escuela Dominical version del Maestro

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