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Sobre el DIVORCIO & RECASAMIENTO un tema muy actual para consulta de pastores y lideres

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Malaquías 2:15, 16; 15 ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. 16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Marcos 10:11, 12 11 Y les dice: Cualquiera que repudiare á su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella: 12 Y si la mujer repudiare á su marido y se casare con otro, comete adulterio.

INTRODUCCIÓN

El divorcio ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, y en todos los estratos sociales. Entre los inconversos existía un considerable porcentaje de disolu­ciones maritales, aunque no al grado que se da en la actualidad.

Las personas que llegaban divorciadas o recasadas a la iglesia eran pocas. De pronto, la sociedad bajo el impulso de la nueva morali­dad impuso su agenda, incluso dentro del pueblo de Dios, menos­cabando el diseño divino que fue establecido para dar certeza de futuro a la raza humana y así cumplir los propósitos del Creador. En este apartado se estudiarán los fundamentos bíblicos de la relación matrimonial y se analizará lo que la Palabra enseña res­pecto al divorcio y al recasamiento.

I. Propósitos DE LA RELACIÓN MATRIMONIAL

i. Complementariedad

En contra de gran parte del pensamiento y la enseñanza contem­poránea, el matrimonio no es un arreglo de conveniencia humana. No fue diseñado o planeado por el hombre, algo que ocurrió en el curso de la historia humana, como una forma conveniente de separar nuestras responsabilidades respecto a los hijos, etc. En vez de ello, Dios nos dice que él mismo estableció, instituyó y ordenó el matrimo­nio al principio de la historia humana (Génesis 2, 3)].

Dios hizo al hombre con una naturaleza social. Fue hecho para vivir en comunidad. Por eso el Señor expresa: No es bueno que el hombre esté solo (Génesis 2:18). Pero de todos los seres vivos puestos en la tierra por Dios, ninguno podía ser el complemento perfecto para Adán. El Señor decide entonces crear a la mujer de la misma materia del hombre; sólo ella es perfectamente compa­tible con él.

Le haré ayuda idónea para él (Génesis 2:18). Uno de los senti­dos básicos en hebreo de la palabra traducida como idónea (heb. neged) identifica lo que ha sido puesto enfrente de algo o alguien. Esta idea podría estar relacionada con la idoneidad física en la reproducción humana, pero también puede identificar “aquello en lo que se puede recargar o sostener”. Si esto es así, entonces la mujer es mucho más que una compañera para el hombre. Es como uno de los cuatro soportes de una mesa o silla sin los cua­les no es funcional; en otras palabras, es esencialmente necesaria para la vida y función del hombre. Algunos pasajes en el Antiguo Testamento usan la misma expresión para referirse a “lo que está en frente”, por ejemplo, en Exodo 19:2 se lee: …acamparon de­lante (neged) del monte.

La tendencia del hombre es evaluar todo con base en la lógica, pero la mujer emplea una perspectiva intuitiva, que es la facilidad de ver las cosas a primera vista o darse cuenta de ellas cuando aún no son evidentes para todos. Así que Eva pudo contribuir a la vida de Adán ayudándole a lograr una perspectiva más equilibrada. Además, en el primer matrimonio establecido, el varón proveyó la fuerza y la dama la ternura.

2. Procreación

Dios formó a la mujer para que al habitar con Adán procreara hi­jos. De otra manera habría sido imposible que el género humano cumpliera con el primer mandamiento que Dios les dio: Fructifi­cad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla (Génesis 1:28). Así que Jehová le dio a Adán la compañera que precisamente le ayudó a cumplir el propósito que tuvo para él.

3. Reflejar la imagen de Dios

En Génesis 1:26 el Señor dice: Hagamos al hombre a nues­tra imagen, conforme a nuestra semejanza. La semejanza de Dios en el hombre se puede identificar en la naturaleza humana consistente en los sentidos que le hacen diferente al resto de la creación. El hombre posee naturaleza espiritual, creativa, moral, estética e intelectual. Cuando el hombre pecó, esta naturaleza se corrompió pero no desapareció. El hombre fue creado con las capacidades necesarias para actuar y revelar en su carácter la na­turaleza divina.

En el matrimonio debe reflejarse la imagen de Dios a este mundo que tanto necesita ver quién es él. La gente que no conoce al Creador, con tan sólo mirarnos, puede conocerlo a través de no­sotros. Así como en el Soberano existe orden, amor y armonía, él espera que la familia en la tierra exprese y difunda estos valores.

4. Propagar el conocimiento de Dios

El propósito divino es que el hogar se convierta en un espacio en donde los niños crezcan aprendiendo principios morales, va­lores humanos e integridad. La prioridad como pareja debe ser fomentar un ambiente en donde los hijos aprendan a practicar el servicio amoroso y la obediencia al Señor. El hogar debe ser como un centro de entrenamiento para equipar a los hijos a fin de que vean las necesidades de las personas como Jesucristo las percibía.

5. Dar la gloria de Dios

El apóstol Pablo afirma: Si, pues, cantéis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). En las Escrituras se presenta el matrimonio como una metáfora para describir la relación de Cristo y la iglesia. John Piper especifica que el significado más elevado y el ‘propósito más importante del ma­trimonio es exhibir la relación del pacto de Cristo con su iglesia. Esa es la razón por la que existe el matrimonio2. Uno de los principios más elevados que debe guiar todas nuestras decisiones es que todo lo que se haga —y eso incluye el matrimonio— debe tener el propósito de dar gloria al Señor; esto contrapesará ante los deseos y la voluntad egoísta que busca el placer propio.

II. El divorcio

i. Lo que enseña el Antiguo Testamento

La frase serán una sola carne infiere que la unión matrimonial es para toda la vida. Sin embargo, Moisés permitió al hombre dar a la esposa “carta de divorcio”: Cuando alguno tomare mujer y se ca­sare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa (Deuteronomio 24:1). El motivo generalmente tenía connotaciones morales. La frase cosa indecente (heb. ‘ervat dabar) tiene el sentido de fealdad, repulsión, o sea, cualquier acción o condición impropia o moralmente repul­siva, probablemente se enfoca en las funciones corporales. .. a veces se interpreta como estrictamente de naturaleza sexual3. La causal debía excluir el adulterio, porque este tipo de ofensa tenía como castigo la muerte por apedreamiento (Deuteronomio 22:24).

Pero ya en la práctica, se cree que la causa más común del di­vorcio era la esterilidad en la mujer. Pero, al parecer, los hombres empezaron a abusar de esta medida, lo cual provocó el desagrado divino (Malaquías 2:14-16), ya que va en contra del ideal perma­nente para el matrimonio que Dios mismo estableció en el prin­cipio.

2. Lo que enseña Jesús

En el tiempo de Jesús existían dos posturas establecidas por dos rabinos que tenían una gran influencia en la religión judía. Una era la de Hilel, el Sabio (110 a.C.-10 d.C.) quien estableció que el divorcio debía permitirse por casi cualquier motivo; hasta el mínimo detalle en la mujer que desagradara al hombre era razón suficiente, como que la mujer hubiese guisado mal un plato o, sen­cillamente, que otra mujer le gustaba más al marido. La otra posi­ción era la de Shamai (50 a.C.-30 d.C.), quien trató el asunto en términos más conservadores, admitiendo el divorcio sólo en casos de infidelidad.

Cuando Jesús trató el tema con los fariseos, estos afirmaron que Moisés había ordenado el divorcio, pero Jesús aclaró que Moisés únicamente lo permitió, mas nunca lo ordenó, y esto debido a lo que los traductores de la LXX llaman dureza de corazón, que más bien se refiere a la obstinada actitud del hombre que no está dispuesto a perdonar a su cónyuge cuando hay alguna ofensa, o más grave aún, porque no está dispuesto a abandonar su pecado; por lo tanto, la carta de divorcio es un escape por la dureza de los corazones israelitas, pero no la voluntad de Dios. El Señor sostuvo que cualquiera que repudia a su mujer y salvo por causa de fornicación y y se casa con otra y adultera; y el que se casa con la repudiada y adultera. El Maestro enfatiza el propósito del matrimonio al decir que al principio no fue así; es decir, el plan divino es que el matrimonio dure toda la vida y que lo que Dios juntó y no lo separe el hombre (Mateo 19:3-9). Aunque existe la posibilidad de una separación legal, moralmente no es posible disolver el vínculo matrimonial. ¿Cuántas veces se puede ser una sola carne? Una sola vez.

3. Lo que enseña el apóstol Pablo

Se afirma que en el caso de Corinto, así como en muchas ciu­dades del imperio romano, el divorcio era una cuestión muy libre y fácil… El sistema legal romano concedía a ambas partes el dere­cho de tomar la iniciativa en la disolución del matrimonio… Ade­más, los matrimonios entre esclavos no eran considerados como una obligación, y los matrimonios entre un hombre libre y una esclava tenían una posición muy baja. Todos estos factores se combinaban para hacer que el matrimonio en Corinto fuera más bien un arreglo temporal e inseguro.

En 1 Corintios 7:10-16, el apóstol Pablo afirma que el creyente no debe separarse de su cónyuge, aun si éste es incrédulo, pues debe ponderar preservar la unión matrimonial. Seguramente, Pa­blo, en el ejercicio del ministerio, vio gran cantidad de parejas restauradas por el poder de Dios, además de la dignificación que el evangelio daba a la mujer en una cultura donde ésta no era va­lorada. Esto resultaba en el fortalecimiento de los matrimonios, y la enseñanza del evangelio animó al creyente a dar testimonio de su carácter cristiano en la convivencia cotidiana, para así poder ganar para Cristo a su pareja inconversa.

Pablo declara que si el inconverso rompe el enlace, el cristiano puede separarse (1 Corintios 7:15). Está claro que el apóstol se mantiene en la línea de enseñanza de Jesús, es decir, en afirmar como algo permanente la relación matrimonial, y si ocurre una separación, siempre se debe hacer todo lo posible por encontrar la reconciliación (1 Corintios 7:11).

III. El recasamiento

i . Un problema legal

¿Hasta dónde la Biblia está de acuerdo con el acto de contraer nuevas nupcias? ¿El que una de las partes sea inocente le da la libertad de volver a casarse? La respuesta se encuentra en los si­guientes pasajes bíblicos: Mateo 5:32; 19:9; Marcos 10:11; Lucas 16:18. Jesús al parecer no permitió el recasamiento a la parte que no cometió el adulterio en el matrimonio. La realidad es que él quiso subrayar que no es cosa ligera ante Dios el divorciarse y el volverse a casar, porque se está despedazando el ideal divino.

El divorcio es uno de los más grandes problemas en la vida de los seres humanos, aun si una de las partes es inocente. Pero, qué decir de la sociedad sin conocimiento de Dios. Aunque ignorante del trato personal del Creador con el hombre, sí tiene un enten­dimiento de las leyes, pues sabe que el adulterio y la poligamia son violaciones a las normas terrenales que regulan la convivencia social.

2. Un problema social

Eclesiastés 4:9-12 habla de las ventajas de la compañía; de allí se desprende el principio de que no conviene bregar solos con los problemas de la familia. Sin duda esto está aquejando fuertemen­te a padres y madres que se envuelven en un segundo o tercer matrimonio, porque de acuerdo con las normas establecidas cada uno de los recasados se encarga de la educación de los hijos que vienen del primer casamiento, sin la intervención del nuevo cón­yuge. Esto está propiciando una generación carente de modelos que promuevan valores que den certeza a las nuevas familias.

Las últimas investigaciones realizadas en Estados Unidos nos muestran la realidad del impacto que el divorcio y el recasamien­to están produciendo en la sociedad actual: 50% de las familias americanas corresponde hoy a segundas uniones; el promedio de duración de un matrimonio actual es de siete años, y uno de cada dos enlaces termina en divorcio; el 75% de las personas que se separan se vuelven a casar; sin embargo, aproximadamente el 66% de las parejas de segunda unión, que tienen hijos del primer ma­trimonio, terminan separados; 50% de los sesenta millones de ni­ ños menores de 13 años viven con uno solo de sus padres biológi­cos y su nueva pareja; 50% de las mujeres están vinculadas a una

familia reconstituida, como madres o como esposas de hombres con hijos; dos de tres primeros matrimonios de parejas menores de treinta años terminan en divorcio. En nuestro país, sin duda, la situación pronto será similar a la de nuestros vecinos.

Vemos entonces una acelerada transformación de la familia, lo cual nos hace prever que en un futuro cercano la estructura social se habrá modificado significativamente.

3. Un problema espiritual

El adulterio es un pecado que produce un gran placer y satisface los deseos de la carne de quien lo practica. Salomón explica esto al referirse a los labios de la mujer extraña, ahora bien, el principio igual es aplicable a los hombres; dice que destilan miel, y su paladar es mas blando que el aceite. Pero la consecuencia de caer en este error es que sufin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al Seol (Proverbios 5:3-5).

La sabiduría divina por medio de este pasaje nos muestra al me­nos tres problemas espirituales:

1) La dulzura se convertirá en amargura. Es como la historia del huerto del Edén (Génesis 3:6). Lo que sedujo a Eva se convirtió en un veneno mortal para su vida. De la misma manera sucede cuando se rompe con el orden establecido por Dios en el matrimonio.

2) Una espada, perfecta­mente afilada, lesionará y dejará una profunda herida que no de­jará de sangrar, tanto en el cónyuge que abandona el pacto matri­monial como en el que es repudiado.

3) El tercer problema es que inicia un proceso descendente hacia la muerte, primordialmente la espiritual.

Conclusión

Son tiempos de confusión, pues a lo bueno se le llama malo y a lo malo se le ve como bueno. Influidos por una moral relativista, muchas personas prefieren no llamarle al pecado por su nombre. Urge retornar al diseño original divino para el matrimonio.

No habrá felicidad verdadera fuera de la voluntad de Dios. Los placeres momentáneos del adulterio pronto desaparecen, pero las consecuencias pueden ser eternas; la tristeza que se cosecha es por mucho superior al placer. El plan del Padre es perfecto y para bien de su creación. Por tanto, es necesario seguir luchando en contra de las propuestas de esta sociedad que rechaza los valores bíblicos.

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