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LAS POLÍTICAS ABORTISTAS una enseñanza alentadora e instructiva para el tiempo de hoy

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Salmos 127:3 He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.

INTRODUCCIÓN

La iglesia sostiene que la vida humana comienza desde la concepción, y afirma que desde ese momento todo ser fe­cundado tiene derechos. Pero defender la vida de estos se­res indefensos es complicado y conflictivo, pues se encuentran dentro de otro ser humano ya formado, con pensamientos y sen­timientos propios, y con la capacidad de hacer de él lo que le parezca.

El aborto existe, y es una realidad concreta en todas las socieda­des, esté o no penalizado. No hay pasaje de la Escritura que atien­da de forma directa la problemática del aborto, sin embargo, las evidencias bíblicas muestran que Dios tiene conoce a la perfec­ción a todas las personas, aun antes de que vengan a la existencia.

24 Salvaguardando nuestra la sana doctrina

I. UNA SOCIEDAD ABORTISTA

1. El debate sobre el aborto

El aborto es una práctica que durante milenios ha afectado a las sociedades que se han hecho cómplices de tan abominable pe­cado. Este asunto que se ha tratado en todas las culturas, lo han tenido que encarar haciendo arreglos a sus convicciones y a los valores de su tiempo. La sociedad de hoy vive una gran paradoja, mientras lucha contra la tortura o la pena de muerte, busca apli­car leyes contra criaturas inocentes que aún no nacen.

Se puede considerar a la sociedad actual como “abortista” debido al alto número de abortos que se producen en la mayoría de los países. Entre los factores que han contribuido a la práctica del aborto se observa el progreso de la medicina y las técnicas quirúr­gicas que han disminuido o eliminado los riesgos de tales opera­ciones, así como la creciente permisividad y aceptación social de la interrupción de los embarazos, y los fallos en los métodos de control de natalidad.

Por otro lado, hay que añadir a la lista el avance de los gobiernos con una agenda progresista que promueve la práctica del aborto con el fin de controlar la población. Además, existen muchas otras causas que determinan la realidad sociológica del aborto en la ac­tualidad, como el miedo a los embarazos con defectos físicos; las motivaciones personales de la mujer; las situaciones de injusticia social, pobreza, educación, cultura, vivienda, trabajo y más.

El aborto forma parte de una revolución que afecta a todos. Por ello la sociedad se ha dividido en dos bandos. Los movimientos involucrados son: “pro-elección”y “pro-vida”. Los primeros enfati­zan el derecho de las mujeres para decidir a terminar un embara­zo, los segundos acentúan el derecho del embrión o feto a que se termine su gestación y a nacer.

Tipos de abortos

Se entiende por aborto toda expulsión del feto, ya sea natural o provocada, en una etapa de su desarrollo en la que no puede so­brevivir fuera del útero materno. Los abortos son clasificados en función a las causas que lo producen.

a. Aborto espontáneo o natural. Ocurre cuando el cuerpo de la mujer expulsa el embrión o feto por causas definidas que pueden ser autoinmunes o incluso hormonales, entre otras que definen el aborto como natural. Este no es provocado de manera voluntaria.

b. Aborto provocado o inducido. Es aquel que se realiza de for­ ma consciente y con una clara intención de acabar con la vida del nonato.

c. Aborto terapéutico. Se denomina así al que se lleva a cabo deliberadamente, pero motivado por una situación en la que corre peligro la vida de la madre.

d. Aborto indirecto. Parecido al anterior, solo que en este caso el médico sigue un curso de acción procurando salvar la vida de ambos, pero en el transcurso del proceso fallece el feto.

Procedimientos infrahumanos

Ya sea que se intente salvar a la madre, que existan malformacio­nes en el nonato, que la mujer tenga corta o muy avanzada edad, que haya un número excesivo de hijos, o por cualquiera otras ra­zón o argumento que se ofrezca para abortar, el caso es que en la actualidad está disponible para cualquiera que lo desee, sin im­ portar los métodos que se utilicen. Lo cierto, sin embargo, es que todo desemboca en el sufrimiento y la muerte de una persona. Existen publicaciones que detallan con crudeza el procedimiento para dar término al embarazo; estas demuestran que por más eu­femismos que se apliquen, lo que ocurre en ese momento no es más que un cruel asesinato.

Además, el dolor de terminar con un humano es más lacerante cuando se lleva cabo en un ambiente nada profesional y poco higiénico. Algunas mujeres se deshacen de sus criaturas en con­diciones míseras, clandestinas y tan riesgosas para la salud y sus vidas.

II. LA LEGALIZACIÓN DEL ABORTO

i. Interrupción legal del embarazo

Los estudios sociológicos confirman que el número de abortos tiende a aumentar en aquellos lugares donde tal práctica está libe­ralizada. En países como Rusia, Canadá, Estados Unidos, China, India, y la mayoría de los países de Europa, el aborto es legal a pe­tición o demanda de la mujer durante cierto período de gestación. Sin embargo, en muchos países de África, Latinoamérica, Medio Oriente, Oceania y del sureste asiático el aborto es ilegal y está penalizado en algunos de los supuestos.

La historia de despenalización del aborto en México se remonta hasta el año 1936, cuando un grupo de feministas presentaron el documento El aborto por causas sociales y económicas. Pero fue hasta el 24 de abril de 2007, cuando la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (Ciudad de México), aprobó las reformas nece­sarias a la Ley de Salud y al Código Penal donde se permite la interrupción de la gestación no mayor a las doce semanas de em­barazo. Finalmente, el 29 de agosto de 2008 la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminó que es constitucional la ley de la Ciudad de México que despenaliza el aborto realizado durante las primeras doce semanas de gestación.

Las estadísticas que presentan diversas fuentes de información varían. En cuanto a los abortos clandestinos, no hay estadísticas precisas. Lo contrario ocurre con el “legal”. Desde que fue des­ penalizado el aborto, según un documento publicado por la Se­cretaría de Salud en la Ciudad de México, más de doscientas mil mujeres han interrumpido su embarazo en todo el país1. Es en la capital del país donde se practica el mayor número de abortos legales, con 162 189, mientras que Campeche tiene la menor cantidad, 16.

En cuanto a las edades, el rango de 18 a 24 años es el que tiene el registro más alto, es decir 45.9%. Finalmente, más del 40% de las mujeres que han decidido abortar ya han tenido al menos un hijo.

En cuanto al panorama mundial, según el sitio guttmacher.org, entre 2015-2019 ocurrieron aproximadamente 121 millones de embarazos no planeados, de los cuales el 61% terminó en aborto; esto significa que hubo 71 millones de abortos por año2. En muchos lugares hay varios debates sobre problemas morales, éticos y legales del aborto.

2. Organizaciones de apoyo

Las mujeres que se embarazan y no quieren la responsabilidad de un hijo se encuentran en un futuro incierto que las lleva a realizar prácticas como el aborto, que puede ser de manera clandestina. Para ayudar a estas mujeres se encuentra un gran listado de orga­nizaciones que ofrecen apoyo en temas de aborto legal y seguro, acompañamiento sicológico postaborto, post-abuso sexual, salud sexual y reproductiva hacia las mujeres, tanto en México como en el mundo.

Pero también existen varias organizaciones que evitan un desenla­ce fatal de un embarazo. Estas buscan ayudar a través de la edu­cación e información y un cambio de mentalidad en la sociedad, al plantearles los beneficios de prevenir un embarazo y el poder de tener un plan en la formación de la familia. Pero en caso de que suceda un embarazo se les encausa a centros de ayuda para bus­ car una familia adoptiva para el bebé. Ahí mismo puede recibir apoyo psicológico que pueda ayudar a su vida futura.

III. PERSPECTIVA BÍBLICAS SOBRE LA VIDA

i. El valor de la vida

Ya se han mencionado los grupos que están involucrados a favor y en contra del aborto; ambos son defensores de sus propias con­vicciones. Sin embargo, es necesario comprender que la vida, lo mismo que la muerte, no dependen de un certificado legal para su reconocimiento. No hay quien luche por impulsar una ley que desconozca la realidad de la muerte, por lo tanto no debería existir una lucha por desconocer la vida; ambas existen por lo que son sin importar quién lo ignore, niegue o reconozca, porque ambas están en la provisión de Dios. La eutanasia y el suicidio también son una forma de atentar contra el principio bíblico al querer ter­minar con la vida de forma legal o prematura; es pecado.

La vida está presente en el momento de la concepción indepen­dientemente de la forma del cuerpo (embrión) que ya cuenta con rasgos humanos definidos en su esencia biológica, tales como sexo, color de piel, ojos, etcétera. En el salmo 136:16, la palabra hebrea traducida como “embrión” es golem, y se refiere al cuerpo en formación en la etapa de la vida; por lo tanto, más que defen­der una masa de tejido sin un certificado legal de nacimiento, defendemos el principio de la vida otorgada por Dios.

Por otro lado, no es necesaria la discusión sobre este concepto como religioso, debido a que “embrión” proviene de una raíz en hebreo {gil), que encierra el significado básico de esférico, redon­do o incluso que se enrolla. En el Salmo antes citado se utiliza golem, que significa un envuelto, masa deforme, substancia, pero todavía imperfecta. Esta misma raíz da la idea de una masa defor­me, algo envuelto o enrollado. Por lo tanto, Dios no ve solo una masa de tejido sin rostro ni futuro; él mira a una persona con to­ dos los atributos humanos. Aunque todavía no sabemos todo con respecto al ADN, es interesante que podemos calcular que si lo­ gramos “desenrollar” todo el material genético de un ser humano que se encuentra compactado en el interior de cada célula de su cuerpo, se podría extender, según algunos cálculos, al menos 29 veces de la tierra al sol. Sin duda el autor del Salmo 136 es Dios mismo quien desde la antigüedad ya muestra su infinita sabiduría. No se trata de defender al nonato o de centrarse en un concepto teológico; es más que eso, se trata de la defensa la vida. Para los que piensan en que esto es una cuestión legal y no bíblica les respondemos que cuando un principio bíblico tiene un respaldo científico entonces ya es legal por lo que la ciencia es. La ley no reconoce el pecado como acción, pero en la acción reconoce la necesidad de castigo cuando es violentada.

Quienes defienden el aborto intentan desvalorizar al niño no na­cido. Para ellos no es posible demostrar científicamente cuándo comienza la vida humana; afirman que la personalidad en el mo­mento de la concepción es una creencia religiosa, no un hecho bioló­gico que pueda probarse5, y que el feto es solo una parte del cuerpo de la mujer embarazada, como su apéndice o sus amígdalas. Ello a pesar de que está demostrado que el embrión tiene su propia identidad genética.

Ha de afirmarse, entonces, en consonancia con la Escritura, que el ser que está dentro de una mujer embarazada es un ser hu­ mano, separado y singular, creado por Dios en el momento de la concepción, por lo que debe recibir la protección de las leyes en cuanto a su derecho a vivir. Como ya se dijo, desde la perspectiva divina un feto no es solo una masa de tejido, por lo que no hace distinción entre un ‘niño en potencia”y un “bebé recién nacido”. Dios se interesa en el ser humano. Varios son los pasajes que manifiestan la participación divina en la formación de un infante. Es el Señor quien abre y cierra la matriz y quien a su vez deci­de su llegada al planeta. El observa a las criaturas como seres plenamente inteligentes y morales, aunque proclives al pecado desde el instante en que inicia la fecundación (Genesis 29:31- 35; 30:17-24; Jueces 13:7-8; Rut4:13;l Samuel 1:19-20; Salmos 51:5; 139:16; Lucas 1:15; 41-44).

Desde su etapa embrionaria como en la fetal (Salmos 139:16; Lu­cas 1:15), la persona está bajo el cuidado divino; nadie, entonces, debiera interferir en el sano y normal desarrollo del nonato, pues sólo el dador de la vida tiene la prerrogativa de quitarla.

Dios conoce a cada criatura y puede entablar con ella una rela­ción íntima desde el vientre materno. Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué y te di por profeta a las naciones (Jeremías 1:5).

También las enseñanzas de Jesús son consecuentes con la santi­dad de la vida humana. El mismo vino a dar vida, no vino a des­truir ni matar (Juan 10:10). Enseña a amar al prójimo. Por ello, ello, se han de rechazar aquellas actitudes y acciones que dañan o destruyen la vida humana.

2. Los hijos son una bendición de Dios

Los hijos son contemplados como una bendición y nunca como un inconveniente. Se conciben como un don del cielo y jamás se ven como una maldición. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre (Salmos 127:3).

En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel consideraba la vida como algo muy valioso, por eso también veía la esterilidad como una vergüenza, una afrenta y hasta un castigo divino. Salvo Exodo 21:22, 23, donde se habla de una situación accidental, ni el abor­to ni el infanticidio son contemplados en la ley mosaica debido al enorme respeto que los hebreos sintieron siempre hacia la pater­nidad y la descendencia.

El mensaje novotestamentario se centra en la importancia de la vida y prohíbe la acción de matar. Señala que los homicidios, que contaminan el alma humana, igual que los malos pensamientos y todo lo que ofende a Dios, salen del corazón perverso de los hom­bres (Mateo 15:18, 19).

CONCLUSION

La vida es un maravilloso regalo de Dios, y de acuerdo con la Es­critura, esta comienza en la concepción y continúa hasta la muer­te. En el vientre materno vive un sujeto completo, nunca se trata de “media o incompleta persona” o “algo”, sino de un completo ser que a los ojos del Creador posee una estima inconmensurable. No existe, por tanto, fundamento para desvalorizar a un ser que no ha nacido. No le corresponde al hombre, entonces, decidir sobre la vida o la muerte de un bebé.

Jesús dio gran importancia a la vida de los niños señalando que el reino de los cielos pertenece a los que son como ellos (Mateo19:14).

Los padres deben ser ejemplo de vida y conducta cristiana a sus hijos (Efesios 6:4), e instruirles bíblica y espiritualmente para que lleven una vida que agrade a Dios. Y ante el incesante bombardeo de ideologías y políticas contrarias a la Palabra, deben fomentar en ellos los valores escritúrales, a fin de que no sean arrastrados por la corriente del mundo.

fuente: libro Salvaguardando nuestra sana doctrina
eccad.
Pastor: David Gamboa
Pastor: David Gamboahttps://midialbum.com
Creador y fundador de este portal y otros que son parte de su trabajo como diseñador web, Pastor de la iglesia Emanuel para las Asambleas de Dios en México, Musico y director del grupo Fase2 y director del sello disquero Unzion Records. Promueve y patrocina esta plataforma esperando sea de bendición para ti.

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