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Biografia CARLOS H. SPURGEON llamado el Principe de los Predicadores – conoce algo de su vida y ministerio

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Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio… (Romanos 15:20)

¿Te imaginas que haya ocho generaciones de cristianos en la historia de tu familia? Muchos de nosotros tal vez no, pero Carlos Spurgeon fue un joven que tuvo este privilegio. El abuelo de su tatarabuelo, Jo Spurgeon, fue contemporáneo de Juan Runyan, el autor de El Progreso del Peregrino. ¿Sabes que ambos estuvieron juntos en la cárcel a causa de predicar el evangelio? Este es un hombre con una historia fascinante.

Carlos Hadon Spurgeon nació en el año de 1834, en un pueblo llamado Kelvedon, cerca de Londres, In­glaterra. Su padre fue un hombre piadoso, empleado de oficina de un taller de carbón y a su vez era el amado pastor de Stambourne. Cuando tenía 10 meses de nacido, su familia necesitó cambiar de casa y se mudó al pueblo de Colchester, donde Carlos pudo conocer y convivir con su abuelo —quien también era ministro in­ dependiente—, pues se le encargó cuidar de él por una temporada. Desde entonces, en sus primeros seis años de vida, comenzó a investigar la biblioteca puritana que había en casa de su abuelo y que había pertenecido al primer ministro de la iglesia independiente en el siglo XVII.

I. SU INFANCIA

Existe una anécdota muy ocurrente de Carlos a sus cinco años. Resulta que él sentía deseos de compartir la responsabilidad del abuelo por el cuidado de las almas. Yendo por ahí, encontró a un miembro de la iglesia, al que todos conocían como el Viejo Roads. El hombre estaba bebiendo y fumando con otros; el pequeño acercó y le dijo: ¿Qué haces aquí Elias?, a lo que el Viejo Roads, al principio un poco molesto por la confron­tación del niño y después avergonzado por haber sido sorprendido en una falta, se conmovió, se arrepintió, y sirvió desde entonces al Señor.

En los años de su niñez, Carlos disfrutaba leyendo libros como El Progreso del Peregrino, historia de los mártires y otros autores de teología. Es casi imposible apreciar la enorme influencia que esas obras ejercieron sobre su vida. Cuando Carlos era todavía pequeño, quedó convencido de su pecado por Dios. Durante algunos años se sintió como una criatura sin esperanza y sin consuelo; asistía a diferentes cultos en distintos lugares, sin llegar a saber cómo podría librarse del pecado.

II. SU CONVERSIÓN

Fue en la capilla de un pueblito a la que él asistía, cuando una tormenta de nieve impidió que el pastor llegara, y un hombre, zapatero de profesión, se levantó para predicar ante las pocas personas que se encontraban presentes y leyó un solo pasaje de la Biblia. Ante su falta de palabras lo único que pudo hacer fue repetirlo una y otra vez: Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra (Isaías 45:22). Aquel zapatero pudo al final enfati­zar a la concurrencia en la que se encontraba Carlos, la palabra. Mirad, no necesita hacer nada, ni estudiar, ni dar dinero, sólo mirad a mí y no a vosotros mismos.

Miradme sangrante, miradme colgado en la cruz, miradme muerto y resucitado, miradme sentado a la derecha de Dios. Ante esta verdad dicha con tanta vehemencia, este joven de escasos 15 años encontró la paz de la salvación y un gozo indecible se apoderó de su alma.

Spurgeon aprovechaba todas las oportunidades para distribuir folletos. Se entregaba de todo corazón a en­señar en la Escuela Dominical, donde se ganó desde el comienzo el amor de sus alumnos, y por intermedio de ellos, logró que los padres asistieran a la Escuela Dominical. A la edad de 16 años comenzó a predicar. Acerca de ese hecho él dijo lo siguiente:¡Cuántas veces me fue concedido el privilegio de predicar en la cocina de la casa de algún agricultor, o en un establo!

Después se unió a trabajar con la iglesia de Water Bech, donde rápidamente lo consideraron para predicar y apoyar el trabajo. Su reputación de predicador creció tanto que atrajo la atención de las autoridades eclesiales, pues esa iglesia de gran estirpe, pero de sólo 40 asistentes, rápidamente aumentó a 100.

Spurgeon deseaba educarse, y el director de una escuela superior le dio una cita para discutir con él ese asunto. Sin embargo, la criada que recibió a Carlos, por descuido no llamó al profesor, y éste salió sin saber que el joven lo estaba esperando. Después ya en la calle, un poco triste, Carlos oyó una voz que le decía: ¿Bus­cas grandes cosas para ti? ¡No las busques! Fue entonces, allí mismo, que abandonó la idea de estudiar en ese colegio, convencido de que Dios lo dirigía a otros rumbos. No se debe concluir, sin embargo, que Carlos Spurgeon decidió no educarse. Después de eso él aprovechó todos los momentos libres para estudiar. Se dice que alcanzó la fama de ser uno de los hombres más instruidos de su tiempo.

A los 18 años fue llamado a predicar donde 232 personas se reunían; sin embargo, había butacas libres has­ta para 1200 personas. En pocos meses el lugar fue insuficiente, por lo que la iglesia se movió a Exeter Hall, con capacidad para 4500 oyentes. En menos de dos meses volvió a suceder lo que en New Park; el lugar fue insuficiente y las calles se veían estorbadas por la muchedumbre que no podía entrar. El siguiente movimiento fue espectacular, la iglesia rentó el Surrey Music Hall, con cupo para 12,000 personas. ¿Era ya Spurgeon un hombre mayor? ¡No! Apenas tenía 22 años.

III. ACCIDENTE EN SU MINISTERIO

Este evento marca una crisis en la vida del joven predicador. Todos los preparativos se habían hecho y por llegó el 19 de octubre de 1856, fecha anunciada para inaugurar los servicios en aquel enorme edificio. El lugar estaba a reventar y miles de personas habían quedado afuera, sin poder entrar. Había comenzado la reunión, Spurgeon había ya leído el pasaje de las Escrituras y mientras oraba, de repente algo inesperado sucedió, algu­nos enemigos que habían venido para sabotear la obra de Dios, gritaron, ¡fuego!, ¡fuego!, ¡fuego!

Por mas esfuerzos que se hicieron, fue imposible detener el tumulto que se formó y a las personas despa­voridas que aplastaban todo a su paso, con tal de ponerse a salvo del supuesto fuego. Siete personas murieron aplastadas y veintiocho quedaron gravemente heridas. Por algún tiempo el joven de 22 años estuvo muy ape­sadumbrado, pero con mucha valentía y confianza en Dios, reabrió las reuniones en poco tiempo. El interés de la gente había crecido y ahora su ministerio crecía a pasos agigantados. Predicaba en auditorios y al aire libre hasta 12 veces por semana.

IV. SU CARÁCTER

¿Qué es lo que hizo que este joven predicador creciera tanto? Humanamente podría decirse que era su per­sonalidad atractiva y su estilo de predicar. Su elocuencia era sorprendente y su mensaje fiel a las Escrituras retumbaba en la mente y corazón de los miles que lo escuchaban. Su fama se extendió por el mundo entero y pronto fue llamado el príncipe de los predicadores. Sin embargo, ninguno de los éxitos logrados, y los que vendrían con el tiempo, llevaron a Spurgeon a perder la visión de su lugar en el reino de Dios.

jamás perdió la humildad que también lo caracterizó todos los días de su vida, y la pasión por la salvación de las almas. Jamás fue egoísta para compartir sus métodos y estilo de predicación. Muchos de sus sermones, que fueron escritos, se conservan hasta el día de hoy y son usados como fuente de información, para el estudio de la predicación. Con el tiempo, también fundó un instituto bíblico en el que preparó a cientos de jóvenes para que siguieran predicando el evangelio. Pero sobre todas estas cosas, Spurgeon reveló el secreto para una predicación eficaz y para un estudio eficaz de las Escrituras: La oración; maravilloso verificar cómo el texto, duro como el pedernal, emite chispas cuando es golpeado con el acero de la oración.

V. EL TABERNÁCULO METROPOLITANO

Por la necesidad de un espacio fijo, la iglesia se animó a la construcción de lo que sería una de las más grandes obras de la época: El Tabernáculo Metropolitano, que proyectaron como un edificio de estilo griego en honor al idioma del Nuevo Testamento. Sus medidas eran de 80 por 28 metros y 20 metros de alto, con espacio para 3 600 personas cómodamente sentadas. La iglesia creció de 232 iniciales a 5 311, del año 1854 al año 1891, y un total de 14 460 personas fueron alcanzadas por la iglesia.

¿Qué edad crees que tenía nuestro amigo para el inicio de la construcción? Carlos Spurgeon tenía 27 años cuando él y algunos miembros de la iglesia se arrodillaron en el terreno, entre los materiales, y pidieron por la seguridad de los trabajadores y por la obra de ese lugar. En 1861 el tabernáculo fue inaugurado y por 31 años ininterrumpidos, un promedio de 5 000 personas se reunía en él. Pero sorpresa, no eran las mismas 5 000 per­ sonas todo el tiempo. Spurgeon pedía a las personas que asistían, que lo dejaran de hacer por tres meses, para que otros pudieran venir. Su auditorio cambió cada tres meses pero la cantidad de personas se mantuvo.

El auditorio más grande al que predicó fue de 23 654 personas, en el Cristal Palace. Pero lo singular de su ministerio es que lo mismo predicaba a multitudes que a un puñado de personas. Además, escribió 135 libros, un buen número de ellos con sus sermones. Pero él siempre reconoció que su poder estaba en Jesús, en la oración y en la Biblia. Siempre dijo esto a estudiantes y pastores.

Finalmente, por su arduo trabajo, enfermó. Fue obligado a guardar reposo y llevado a Mentone, al sur de Francia, donde murió en 1892, después de 42 años de ministerio. 6 000 personas asistieron a su funeral, mostrando el impacto que su vida había causado a su generación.

CONCLUSION:

Qué sorprendente es la obra que Dios puede hacer a través de una vida, cuando los cimientos están firmes y cuando la verdadera humildad y amor son los principios del ministerio. Los nombres grandes siempre los lle­van personas humildes. Dios quiere usar tu vida. Permítele que forme en ti un siervo humilde, que sea capaz de hacer grandes cosas para él, sin robarle la gloria, que sólo le pertenece a él.

fuente: los jovenes que cambiaron al mundo – eccad leccion 18
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