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Estudiar a grandes rasgos la historia de la Contrarreforma. Apreciar la actitud de los reformadores que se man­ tuvieron firmes en la defensa de la fe. Decidir permanecer fieles a los principios establecidos en las Sagradas Escrituras.

La Biblia es la única norma de fe y de conducta. Por lo tanto, habremos de hacer nuestro mayor esfuerzo por mantener firme la verdad establecida por Dios para la iglesia, y no corromperla con suposiciones humanas

La historia de la Reforma nos ayuda a saber que hubo gente que pagó un alto precio en la lucha para que la Biblia regresara a ser la única autoridad en la iglesia y la base de toda doctrina.

En esta oscura época que estudiaremos se nos muestra que el ideal de la iglesia católica era ser un imperio universal, para controlar a todos los reinos de Europa con una fe y una autoridad errada. La iglesia católica enfrentó a los reformadores que se levantaron a partir del año 1509; a ese periodo, inte­grado por una serie de sucesos que se desarrollaron por más de 30 años se le llamó la Contrarreforma. Ésta fue la respuesta de la doctrina tradicional a la reforma protestante de Martín Lutero.

I. EL CONCILIO DE TRENTO

El Concilio de Trento fue una reunión ecuménica convocada por el Papa, que intentaba decidir sobre las re­formas protestantes planteadas por el alemán Martín Lutero y las creencias de la doctrina tradicional ante la crisis que afrontaba en el siglo XVI.

La Reforma estaba en su momento más crítico para el año 1545. Lutero y los demás partidarios de este mo­vimiento pedían que, por medio de un concilio universal, ya se definieran las doctrinas, dogmas, indulgencias papales y el conflicto con la forma de autoridad del papa.

En otras reuniones, años atrás, la iglesia católica sólo condenaba cosas menores. Es a partir del Concilio con­ vocado por el papa Paulo III el 13 de diciembre de 1545, celebrado en la ciudad de Trento, al norte de Italia, que se derivaron muchas cosas que no sólo pusieron punto final a las discusiones, sino que empezó abierta­ mente la persecución que origina la llamadaSanta inquisición, mayormente promovida en España por el rey Carlos V.

¿Qué pasó en esa reunión de Trento? En dicha asamblea ecuménica, la cual tuvo una duración de 18 años (1545-1563) presentada en tres etapas, se acordó lo siguiente:

  • Se reafirma en la iglesia tradicional el celibato para el ejercicio de los cargos eclesiales.
  • Se establece la doctrina sobre el sacramento del matrimonio.
  • Se reafirma la existencia del purgatorio y la veneración de los santos y reliquias.
  • Se reafirma, según la doctrina católica, que la autoridad del papa y de los obispos eran igual que la autoridad de las Escrituras.
  • Se presentaba la posibilidad de oficiar una misa a favor de una persona difunta para interceder por la salvación de su alma aun después de su muerte.
  • Se declara que la justificación es el resultado de la colaboración de la gracia y el creyente; es decir, que el hacer buenas obras y los méritos personales, también ayudan en la salvación de las personas.
  • Se establece el precio que tiene que pagar la gente para poder salvar a un alma del purgatorio de algún familiar.

¿Valió la pena la reunión general en el Concilio de Trento? No, pues el resultado fue todo lo contrario a lo que Lutero y otros tantos más pelearon en Alemania, Suiza, Holanda e Inglaterra. La consecuencia final de dicha asamblea originó el quiebre total entre la iglesia reformada y la católica. A partir de aquí nace la Reforma en todo su esplendor, habiendo que pagar un costo por establecer la doctrina correcta, según lo estipulado en la Palabra de Dios.

La historia del Concilio de Trento debe llevarnos a entender que la lucha por seguir la doctrina correcta, la bíblica, y por vivir dentro de una fe genuina, nunca será fácil. Habrá que lidiar con diversas contrariedades en la batalla, pero en ocasiones las adversidades son el comienzo de la restauración y renovación de nuestras vidas en Cristo.

II. LA ORDEN JESUITA

En 1540 el papa Pablo III aprobó varias órdenes de sacerdotes católicos, pero una fue muy importante, la Orden de la Sociedad de Jesús, mejor conocidos como “jesuitas”.

La orden de los jesuitas nació como una sociedad de sacerdotes que se prepararon en todos los sentidos, militar, académico, en filosofía y letras, y en economía. Pero cuando la Reforma creció por toda Europa, se usó para atacar a los protestantes. En todas las ocasiones en que los protestantes levantaban la voz para promover la reforma de los dogmas y las prácticas de la iglesia los intentos fueron reprimidos de forma sangrienta.

His­tóricamente, los jesuítas son relacionados como el medio para llevar a cabo la ejecución de la conocida Santa inquisición, comandada inicialmente por Ignacio de Loyola, su fundador principal.

El polémico tribunal, establecido por la iglesia católica para suprimir las “herejías”, mataba a los opositores de la fe tradicional en el “nombre de Jesús”. Lo absurdo de dicho proceder se encuentra en el hecho de que Dios no necesita ser defendido, ni mucho menos ordena matar en su nombre. La Escritura condena el asesi­nato y el daño a un ser humano. Pero los partidarios de esta estructura y este proceso judicial religioso creían que tenían la única verdad, y que actuaban según la voluntad divina.

Los inquisidores juzgaban a todos aquellos que profesaban una fe distinta, matando a aquellos que no confesaban la fe católica, la cual debía adoptarse sin reclamo ni discusión. Los métodos de tortura eran varia­ dos y nefastos. Asesinaban a los “detractores”en hogueras, la horca o con las famosas técnicas medievales de tormento (muchos de esos aparatos son ahora presentados en exposiciones o museos).

La orden de los jesuítas, así como las demás órdenes establecidas, fue creada con el propósito de defender y difundir los postulados doctrinales dictados en el Concilio de Trento. A través de su participación consi­guieron que muchas personas regresaran a su fe inicial, sea por el miedo a la tortura o por la persuación de los clérigos, que eran personas con mucha preparación académica e intelectual. Sin embargo, siempre hubo un grupo fiel a sus convicciones bíblicas y dispuestos a luchar por la verdad.

La iglesia tradicional sigue luchando, de una manera diferente a la de la época inquisitiva, por regresar a la gente a los postulados erróneos de su fe. Además de ello, el surgimiento de nuevas doctrinas gana terreno en la sociedad para desviar a los creyentes del camino verdadero. Pero gracias al Señor, siempre hay un grupo fielmente cimentado en la Palabra de Dios, que está dispuesto a mantenerse firme en los principios bíblicos cueste lo que cueste.

III. LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

La guerra de los treinta años hace referencia a un conflicto de origen religioso y político surgido entre gobier­nos partidarios de la Reforma protestante y de aquellos que estaban en contra de la misma.

La Reforma creció por toda Europa, y la iglesia católica, a través del papa y de los cardenales, ejercía gran influencia sobre lo reinos y los monarcas que conformaban el llamado Sacro Imperio Romano. La guerra esta­lló cuando el rey de la República Checa quiso obligar a todos los habitantes del país a ser católicos. Entonces lo quitaron del trono y colocaron a un nuevo dirigente nacional, el cual era protestante.

El papa convocó, a razón del suceso ocurrido en la República Checa, a una guerra apoyados por Austria, la Liga Católica Alemana y España. El conflicto duró de 1618 a 1648 contra Suecia, Inglaterra, Francia, Ho­landa, Bélgica, Dinamarca y República Checa. Fueron treinta años de lucha por la sed de poder que venía de Roma. La disputa cobró la vida de protestantes y católicos en un estimado de 4 500 000 personas en total.

La contienda no tuvo un ganador, pero tuvo un acuerdo negociado de paz que se llamó la Paz de Westfalia, que reconoció el derecho a la libertad religiosa, no sólo de los protestantes, católicos o calvinistas, sino que además se acepta que ningún país puede obligar a nadie a profesar una religión, y los reyes o la gente tienen libertad de elegir según su conciencia.

A fin de cuentas, la guerra de los treinta años fue uno de los mayores acontecimientos suscitados en la Edad Moderna. El evento dio como resultado la libertad religiosa en varios países, efecto contrario al que buscaba el emperador alemán Fernando II, quien pretendía unificar sus Estados, imponiendo como fe única la católica.

EL CIERRE

La historia de la Contrarreforma nos muestra que para tener la fe que hoy profesamos fue necesario remar contra la corriente doctrinal que dominaba en aquella época. Hubo una gran lucha que pasó de lo religioso a lo político. La libertad de creencia costó un precio muy alto, pero la firmeza de los hombres de fe valió la pena. Defendieron su postura para que la doctrina estuviera basada en lo dispuesto en las Escrituras, y no en las interpretaciones de otras personas.

Así habremos de esforzarnos hoy nosotros porque nuestra fe siga sustentada en la Palabra de Dios, y no del hombre. Nuestra única y suficiente norma de fe y conducta es la Biblia. Que nada nos aparte de la ver­ dad. Pidamos al Espíritu Santo que ilumine nuestro entendimiento y nos dé discernimiento para rechazar las doctrinas erróneas.

portada del libro
fuente: libro eccad – la trayectoria de la iglesia

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Pastor: David Gamboa
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