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OS HE PUESTO PARA QUE VAYÁIS Y LLEVÉIS FRUTO por Pbro Carlos Zambrano Morales

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P roductividad. Palabra muy usada en los últimos tiempos, con la que se expresa la eficiencia de los sistemas en relación con los recursos utilizados en el menor tiempo posible para lograr determinada cantidad de productos. Entre más alta la cantidad y menos los recursos y el tiempo, más sube el indicador de productividad.

En nuestros días este indicador es determinante para evaluar a las empresas y así saber con certeza la rentabilidad del negocio. La poca productividad en cualquier cosa que se emprenda siempre traerá como consecuencia la extinción, por lo que se debe cuidar celosamente para así garantizar la continuidad de tal empresa.

Desde el principio el mismo Dios se preocupó por este hecho. El libro de Génesis en su primer capítulo, nos relata cómo en cada parte de su creación Jehová demandó fruto y éste debía ser tan abundante como para llenar la tierra, tarea no fácil de cumplir en aquellos momentos. Nuestro Dios, siempre preocupado por la reproducción, estableció una manera eficaz para que cada parte de la creación viviente pudiera no solo sobrevivir sino producir en abundancia. En realidad el índice de productividad en la naturaleza es sorprendente. Simplemente demos un vistazo a los sistemas productivos para sorprendernos: Cada semilla tiene la posibilidad de convertirse en cientos de iguales y los seres humanos actualmente somos poco más de 7000 millones de habitantes provenientes de una sola pareja, y así por mencionar un par de ejemplos claros.

Con tan perfecto ejemplo, no es de extrañar que en la Biblia se tomara la palabra fruto como un parámetro de cantidad pero también de calidad. El Señor Jesús en numerosas ocasiones tomó esta palabra para simbolizar los resultados de acciones, actitudes y forma de vida de los hombres. Tales resultados harán visibles cualitativamente y cuantitativamente su eficiencia. Por sus frutos los conoceréis, es una frase del Señor que describe la forma de vida del individuo (Mateo 7:20); estos resultados o frutos determinarán el éxito o el fracaso en la vida. En el contexto de este pasaje hay dos resultados con marcados fracasos, los que llevan mal fruto y los que no llevan fruto. Sólo uno es contado con éxito, el que lleva buen fruto.

El tema que nos ocupa está en un contexto muy interesante, pues en el pasaje, el énfasis está en la permanencia y no en el fruto. La palabra fruto se repite 8 veces, mientras que permanencia aparece 11 ocasiones. Sin dejar de considerar que amar en sus derivados también se repite en 9 ocasiones. Claramente estas tres palabras resaltan en esta preciosa metáfora, entregada por nuestro Señor Jesús.

La palabra permanencia según el diccionario significa: duración firme, constancia, estabilidad, inmutabilidad. La idea principal es mantenerse en una misma posición o un mismo lugar sin cambiar. Trasladándolo a la metáfora en cuestión, diría que si estamos de manera constante, firme y sin cambiar, arraigados en la vid, entonces llevaremos fruto (Permaneced en mí, y yo en vosotros. v. 4). De hecho, es tan fuerte que nos dice que fuera de él, nada podemos hacer. El versículo 7 añade que si hacemos esto, entonces lo que pidiéramos se nos concederá. En definitiva, la respuesta de Dios está íntimamente ligada a permanecer en él. Por otra parte el permanecer en la vid nos proporciona vida, en el entendido de que separados de él nos secaremos y sólo servimos para ser echados al fuego: El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará… y los echan en el fuego… (15:6). La pregunta, aquí sería: ¿Qué significa permanecer? El versículo 10 nos dice: Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. La Nueva Versión Internacional y la Dios Habla Hoy, traducen guardar como obedecer; la permaneceréis en mi amor. La Nueva Versión Internacional y la Dios Habla Hoy, traducen guardar como obedecer; la Productividad. Palabra muy usada en los últimos tiempos, con la que se expresa la eficiencia de los sistemas en relación con los recursos utilizados en el menor tiempo posible para lograr determinada cantidad de productos. Entre más alta la cantidad y menos los recursos y el tiempo, más sube el indicador de productividad. En nuestros días este indicador es determinante para evaluar a las empresas y así saber con certeza la rentabilidad del negocio. La poca productividad en cualquier cosa que se emprenda siempre traerá como consecuencia la extinción, por lo que se debe cuidar celosamente para así garantizar la continuidad de tal empresa. Desde el principio el mismo Dios se preocupó por este hecho. El libro de Génesis en su primer capítulo, nos relata cómo en cada parte de su creación Jehová demandó fruto y éste debía ser tan abundante como para llenar la tierra, tarea no fácil de cumplir en aquellos momentos. Nuestro Dios, siempre preocupado por la reproducción, estableció una manera eficaz para que cada parte de la creación viviente pudiera no solo sobrevivir sino producir en abundancia. En realidad el índice de productividad en la naturaleza es sorprendente. Simplemente demos un vistazo a los sistemas productivos para sorprendernos: Cada semilla tiene la posibilidad de convertirse en cientos de iguales y los seres humanos actualmente somos poco más de 7000 millones de habitantes provenientes de una sola pareja, y así por mencionar un par de ejemplos claros. Con tan perfecto ejemplo, no es de extrañar que en la Biblia se tomara la palabra fruto como un parámetro de cantidad pero también de calidad. El Señor Jesús en numerosas ocasiones tomó esta palabra para simbolizar los resultados de acciones, actitudes y forma de vida de los hombres. Tales resultados harán visibles cualitativamente y cuantitativamente su eficiencia. Por sus frutos los conoceréis, es una frase del Señor que describe la forma de vida del individuo (Mateo 7:20); estos resultados o frutos determinarán el éxito o el fracaso en la vida. En el contexto de este pasaje hay dos resultados con marcados fracasos, los que llevan mal fruto y los que no llevan fruto. Sólo uno es contado con éxito, el que lleva buen fruto. El tema que nos ocupa está en un contexto muy interesante, pues en el pasaje, el énfasis está en la permanencia y no en el fruto. La palabra fruto se repite 8 veces, mientras que permanencia aparece 11 ocasiones. Sin dejar de considerar que amar en sus derivados también se repite en 9 ocasiones. Claramente estas tres palabras resaltan en esta preciosa metáfora, entregada por nuestro Señor Jesús. La palabra permanencia según el diccionario significa: duración firme, constancia, estabilidad, inmutabilidad. La idea principal es mantenerse en una misma posición o un mismo lugar sin cambiar. Trasladándolo a la metáfora en cuestión, diría que si estamos de manera constante, firme y sin cambiar, arraigados en la vid, entonces llevaremos fruto (Permaneced en mí, y yo en vosotros. v. 4). De hecho, es tan fuerte que nos dice que fuera de él, nada podemos hacer. El versículo 7 añade que si hacemos esto, entonces lo que pidiéramos se nos concederá. En definitiva, la respuesta de Dios está íntimamente ligada a permanecer en él. Por otra parte el permanecer en la vid nos proporciona vida, en el entendido de que separados de él nos secaremos y sólo servimos para ser echados al fuego: El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará… y los echan en el fuego… (15:6).

La pregunta, aquí sería: ¿Qué significa permanecer? El versículo 10 nos dice: Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. La Nueva Versión Internacional y la Dios Habla Hoy, traducen guardar como obedecer; la respuesta entonces es obediencia. Esta es sin lugar a dudas la forma de mantenernos unidos a la vid que es Jesús. Es preciso entender que el secreto de dar fruto es permanecer en la vid, dicho de otra manera, la obediencia a la Palabra de nuestro Dios dará como resultado una vida fructífera y llena de las bendiciones de Dios.

Después de toda una explicación de lo que significa permanecer y lo que quiere decir el fruto, el Señor de manera magistral nos da una comisión casi tan grande como la expresada en el Evangelio de Mateo:

Os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca (15:16). El fruto es la verdadera identidad del cristiano, es el distintivo que nos separa. El fruto es el carácter del cristiano que hace que su estilo de vida sea de bendición de manera personal y colectiva. El fruto nos habla de calidad y cantidad. El viñador anhela que su vid dé un hermoso fruto de calidad y en cantidades abundantes. Os he puesto para que vayáis… esto tiene que ver con nuestra forma de vida, la forma de conducirnos, nuestro diario vivir, siempre arraigados en la vid, que dará como consecuencia fruto agradable y suficiente para alimentar aun a otros. Os he puesto para que… llevéis fruto, la orden es clara, el no llevar fruto tendrá como consecuencia la separación del pámpano de la vid. El viñador elimina los pámpanos sin fruto puesto que éstos serían un estorbo. Tal fruto debe ser no sólo bueno si no en cantidad suficiente, para los propósitos del viñador. La versión Dios Habla Hoy añade: mucho fruto. En resumen, la vida del cristiano debe distinguirse por su fruto bueno y abundante. Pero esto no se logra automáticamente. La única manera es mantenernos unidos a la vid que provee todo lo necesario.

La permanencia se logra sólo si se obedecen los mandamientos de Dios. Esto en definitiva hará una vida fructífera en calidad y cantidad suficiente para que nuestra vida y nuestro fruto permanezcan.nuestra vida y nuestro fruto permanezcan. respuesta entonces es obediencia. Esta es sin lugar a dudas la forma de mantenernos unidos a la vid que es Jesús. Es preciso entender que el secreto de dar fruto es permanecer en la vid, dicho de otra manera, la obediencia a la Palabra de nuestro Dios dará como resultado una vida fructífera y llena de las bendiciones de Dios. Después de toda una explicación de lo que significa permanecer y lo que quiere decir el fruto, el Señor de manera magistral nos da una comisión casi tan grande como la expresada en el Evangelio de Mateo: Os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca (15:16). El fruto es la verdadera identidad del cristiano, es el distintivo que nos separa. El fruto es el carácter del cristiano que hace que su estilo de vida sea de bendición de manera personal y colectiva. El fruto nos habla de calidad y cantidad. El viñador anhela que su vid dé un hermoso fruto de calidad y en cantidades abundantes. Os he puesto para que vayáis… esto tiene que ver con nuestra forma de vida, la forma de conducirnos, nuestro diario vivir, siempre arraigados en la vid, que dará como consecuencia fruto agradable y suficiente para alimentar aun a otros. Os he puesto para que… llevéis fruto, la orden es clara, el no llevar fruto tendrá como consecuencia la separación del pámpano de la vid. El viñador elimina los pámpanos sin fruto puesto que éstos serían un estorbo. Tal fruto debe ser no sólo bueno si no en cantidad suficiente, para los propósitos del viñador. La versión Dios Habla Hoy añade: mucho fruto.

En resumen, la vida del cristiano debe distinguirse por su fruto bueno y abundante. Pero esto no se logra automáticamente. La única manera es mantenernos unidos a la vid que provee todo lo necesario. La permanencia se logra sólo si se obedecen los mandamientos de Dios. Esto en definitiva hará una vida fructífera en calidad y cantidad suficiente para que nuestra vida y nuestro fruto permanezcan.

fuente: Aviva 17 edicion octubre 2015

Pbro. Carlos Alberto Zambrano Morales
Pbro. Carlos Alberto Zambrano Morales
Lider y Pastor del Concilio, colabora con la revista aviva, excelente predicador y conferencista de la Palabra de Dios.

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