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UNA IGLESIA CON ORDEN Y NIVELES DE AUTORIDAD — Pbro Jose Raúl García Oviedo

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T odos los cristianos han examinado la Palabra de Dios en mayor o menor grado para encontrar el camino de la salvación. Pero me parece que muy pocos de ellos, después de haber sido salvos, la han escudriñado para llegar a saber lo que realmente desea el Señor de su pueblo.

Jesús instituyó una iglesia a la que ama y en la cual desea que todo sea hecho ordenadamente.

En la iglesia no cabe la confusión y el desorden, puesto que el Señor es un Dios de orden. Una iglesia ordenada es una iglesia que camina en la revelación divina. Esto nos hace entrar en una atmósfera de fe y poder donde hay sanidades y milagros extraordinarios que dan testimonio del amor y la misericordia de nuestro Dios. Una comunidad con orden es aquella en la que reina la paz, donde hay bienestar y prosperidad; es además una iglesia con autoridad.

Los niveles de autoridad son un diseño inapelable de Dios para el desarrollo cristiano y son dados para asegurar el orden dentro de la iglesia del Señor. En la iglesia, la autoridad descansa en los valores espirituales. El buen uso de la autoridad contribuye a controles de la conducta individual y colectiva. La autoridad debe ser ejercida y en consecuencia reconocida, respetada y obedecida.

Hay tres niveles de autoridad reservados únicamente para Dios:

  • La autoridad soberana. Corresponde exclusivamente a nuestro Señor Jesucristo, según Efesios 1:16-22.
  • La autoridad veraz. Se refiere a la Palabra de Dios. Las Escrituras fueron dadas por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo como expresión de su verdad según 2 Timoteo 3:16.
  • La autoridad de la conciencia. Principio sobre el cual están basados los Diez Mandamientos. La obediencia a ellos preserva la vida nuestra y la de nuestros semejantes. Practicarlos nos lleva a la paz y a la búsqueda de la felicidad. Saber lo que no debemos hacer a los demás y que no nos hagan a nosotros, es lo que la Biblia llama conciencia.

Debemos tener cuidado con el uso y abuso de la autoridad, para que el orden de la iglesia y los niveles de autoridad no sean violentados y causen confusión a muchas personas del pueblo de Dios.

Una cosa es la autoridad como función y otra el ejercicio de la misma. En su acepción más simple, autoridad significa el permiso o libertad de hacer algo como derecho; pero el ejercicio de la autoridad requiere el auxilio de la fuerza con la que es investido quien va a ejercerla.

El asombro de la gente en tiempos de Jesús era porque él les hablaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mateo 7:29). Es decir, los escribas tenían conocimiento adquirido por la dedicación a su tarea religiosa, pero en comparación con Cristo carecían de autoridad por no experimentar ni vivir lo que enseñaban.

El diseño bíblico en cuanto a los niveles de autoridad es muy claro y preciso. Tenemos el caso de Moisés; para que la responsabilidad de dirigir al pueblo de Israel no recayera enteramente sobre él, su suegro le aconseja que seleccione de entre todo el pueblo, varones de virtud, temerosos de Dios, hombres de verdad que aborrecieran la avaricia, a fin de que le ayudaran en su tarea (Éxodo 18:21- 26). También el Señor Jesús ordenó doce apóstoles (Marcos 3:14-19), y después designó a otros 70 discípulos para que trabajasen con él. Les dio una responsabilidad y los invistió de autoridad (Lucas 10:1-12). Tiempo después, conforme creció el número de los creyentes en la iglesia se acordó buscar siete hermanos de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para hacer un trabajo muy delicado y urgente dentro de la iglesia (Hechos 6:3).

Así sucesivamente, en todo este crecimiento, la iglesia buscó hacer todo según el orden divino, dando espacio a otros ministerios como lo señala el apóstol Pablo en Efesios 4:11 para cumplir el mandato de Jesús y alcanzar así el propósito, los objetivos y las metas del plan perfecto de nuestro Dios.

El orden de la iglesia garantiza el futuro a la eternidad con Dios y nos hace alcanzar la bendición de lo alto. Nuestra vida se transforma en una pista de aterrizaje del Espíritu Santo, pero tenemos que estar bien enfocados en Cristo Jesús: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2). Nuestro éxito como iglesia está en respetar el orden y los niveles de autoridad que Dios ha establecido, para así cumplir el mandato de Cristo. Sigamos trabajando, porque nos queda poco tiempo y aún hay mucho por hacer. Nuestro tiempo es ahora.

fuente: aviva 2015 edición 16

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