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ESTILO DE VIDA QUE HONRA A DIOS — Pbro. Juan Martín Sotomayor López

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Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un
concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí
mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado
(Romanos 12:3 NVI).

L a sociedad y los medios de comunicación, nos bombardean con tanta información acerca del estilo de vida que debemos tener.

Nos presentan modelos de cómo una persona es exitosa de acuerdo a su forma de vivir. Igualmente, muchos líderes cristianos con un ministerio reconocido tienen un estilo de vida que nosotros como ministros desearíamos tener. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos muestran cuál es el modelo que debemos seguir.
Estilo proviene del latín stilus, la palabra puede ser utilizada en diversos ámbitos, aunque su uso está asociado a la apariencia, estética o la delineación de algo.

Estilo de vida en una definición socio-psicológica describe el comportamiento humano en su medio social, cultural, ideológico y económico; también se define por su conducta individual, personalidad y los medios que utiliza para satisfacer sus necesidades básicas. Podemos decir que el estilo de vida comprende tres aspectos que se interrelacionan: el material, social y el ideológico.
Con base en lo anterior, ¿qué estilo de vida debemos tener como ministros para honrar a Dios?

En lo material-económico, se contempla la vivienda, alimentación y vestido

Regularmente soñamos con tener un buen ahorro en el banco, un automóvil del año, y una gran vivienda, no está mal desearlo; el problema es querer aparentar lo que no podemos mantener. La Palabra de Dios nos dice: Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:32, 33). Es necesario que nuestro estilo de vida sea conforme a lo que Dios nos provee. No es conformismo, es ser buenos administradores de lo que estamos recibiendo del cielo. Pablo nos enseña: No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia… (Filipenses 4:11, 12). Cuide bien de su integridad y Dios cuidará de su prosperidad. —Charles H. Spurgeon

En lo social, son las estructuras familiares, el entorno sociológico, sistemas institucionales

Hay una gran influencia de las personas a nuestro alrededor, sobre todo si ellos llevan un estilo de vida superior al de nosotros. A veces queremos corresponder a su status, observamos su comportamiento, su nivel académico, cultural, ascendencia familiar y los tomamos como modelos a seguir.

Nosotros no somos políticos, artistas o líderes sindicales, tal vez no vengamos de una familia de abolengo; somos hombres y mujeres transformados por Dios y útiles para servir. De este evangelio llegué a ser servidor como regalo que Dios, por su gracia, me dio conforme a su poder eficaz (Efesios 3:7 NVI). Así que lo que el Señor nos dio mediante su gracia, desempeñemos de lo que está a nuestro alcance, no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas (Josué 1:9).

En lo ideológico, el estilo de vida se expresa a través de las ideas, valores y creencias que determinan el comportamiento en la vida

A veces nos cuesta trabajo entender, por qué ciertos ministros se comportan de una manera que no es acorde al carácter de nuestro Señor Jesucristo. Él nos dijo: y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mateo 11:29). Pide explícitamente que aprendamos algo específico de él, su mansedumbre y su humildad. Lo que nos falta en este tiempo es reflejar el carácter de Jesús; tenemos que manifestar el fruto del Espíritu Santo en nuestra vida. Nuestro Señor nos da un ejemplo de humildad y de servicio (Juan 13:12-17). El apóstol Pablo entendió muy bien lo que tenía que hacer: Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo (1 Corintios 11:1 PDT)

Conclusión

Los ministros de las Asambleas de Dios tenemos una responsabilidad con el Altísimo y con los hombres. Pertenecemos a la asociación religiosa pentecostal más grande del país, pero no debemos sentirnos sobrevalorados; al contrario, debemos recapacitar y entender que nuestro estilo de vida no lo dictamina este mundo, sino la Palabra de Dios, que es nuestra norma de fe y conducta. Todo lo que tenemos y lo que somos es por Jesucristo nuestro Salvador, Rey y Señor.

fuente: aviva 2015 edición 16

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