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LA SANIDAD INMEDIATA Y PROGRESIVA — Pbro Alejandro Carranza de la Peña

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Una de las verdades que resalta el evangelio es la del poder sanador de Jesucristo. Él puede sanar al ser humano tanto en lo físico, como en su intelecto, emociones, etc.

La sanidad divina puede producirse de forma inmediata, como cuando el Bautista le mandó preguntar a Jesús si él era el Mesías o habrían de esperar a otro. Ante los titubeos de Juan, el Señor en esa misma hora sanó a muchos (Lucas 7:21). Las sanidades fueron inmediatas, prodigiosas y maravillosas. Al paralítico de Betesda también lo sanó al momento y tal maravilla fue hecha ante los ojos de todos: Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo (Juan 5:1-9).

El poder sanador de Dios, sin embargo, puede ir más allá de la restauración física. Al inicio de su ministerio, Jesús entra en la sinagoga y lee al profeta Isaías: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos… (Lucas 4:18). Dios sana a los quebrantados de corazón, y en ello incluye las vidas que no tienen paz ni sosiego, que no tienen descanso ni gozo. En el relato de los diez leprosos que fueron sanados, aparece una bella aplicación que tiene que ver con la sanidad que Dios nos da a todos los que estamos en Cristo: Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados (Lucas 17:12-14). Aquí vemos el poder sanador de Cristo manifestado de una manera muy peculiar. En la ley sobre los leprosos el Señor da la siguiente indicación: Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, el sacerdote mandará luego… (Levítico 14:2-4). Las instrucciones eran para un leproso que ya había sido limpiado, éste sería presentado ante el sacerdote para continuar con el protocolo establecido en la ley.

Lo interesante aquí es que Cristo invierte el orden del procedimiento: ….mostraos a los sacerdotes…mientras iban, fueron limpiados.

Cualquiera diría: Primero límpianos Señor, y luego iremos ante el sacerdote. La expresión mientras iban… nos habla de una sanidad progresiva. El milagro no se dio en el instante, mediaba un proceso que implicaba fe y paciencia. Los leprosos, durante su trayecto seguían viendo la enfermedad en sus cuerpos, lo que podía haberles hecho dudar y desalentarse. Pero el relato dice que siguieron rumbo al sacerdote según la indicación de Cristo y la lepra fue desapareciendo. Cuando el Señor fue entregado, Pedro atacó a Malco con una espada.

Tenía ya tres años de discipulado al lado de Jesús, sin embargo la ira y la violencia seguían haciendo estragos en la vida de Simón. Cristo no lo condenó, como seguramente lo hubiéramos hecho todos nosotros, por el contrario, lo siguió amando con toda paciencia y le prodigó la enseñanza de la buena palabra que necesitaba.

El Señor sabe que mientras los creyentes van en pos de sus indicaciones, igual que los leprosos, van siendo sanados de las secuelas de aquel pecado que asedia. Mediante la transformación por la renovación del entendimiento (Romanos 12:2), se van acercando más y más a la estatura del varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13). Sigamos en Cristo. Él sabrá ayudarnos mientras avanzamos en el camino y habremos de encontrar algún día las puertas del cielo abiertas. Allá moraremos con él por toda la eternidad. …porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos (Gálatas 6:9).

fuente: aviva 2015 edición 15

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Pbro. Alejandro Carranza de la Peña
Pbro. Alejandro Carranza de la Peña
Pastor y Líder de las Asambleas de Dios en el Distrito Coahuila, Escritor de la revista Aviva y hombre de mucha fe.

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