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UN CORAZÓN PASTORAL — Pbro. José Luis Jiménez Arana

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Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria (1 Pedro 5:2-4).

L os sufrimientos y el sacrificio de Cristo por apacentar a las ovejas perdidas, tuvieron su fruto cuando impactaron la vida de Pedro. Éste vio la actitud humilde de Cristo, fue testigo de cómo sanó a los enfermos, auxilió a los desvalidos, dio de comer a los hambrientos y consoló a los abatidos. Fue tal el impacto producido en este hombre, que dejó una honda huella en el corazón del ex pescador. Y es por eso que poco tiempo después el mismo Espíritu Santo trajo a su memoria estas experiencias pasadas para testificar a los santos. El discípulo habló de cómo la gracia maravillosa de Dios había cambiado radicalmente su vida, y fue por eso que con gran pasión y a costa de sufrimientos en los que expuso su integridad física y su vida, enseñó a la iglesia el poder de las maravillosas promesas dadas por Cristo. Estas promesas son las que nos sostienen y constituyen nuestro estandarte cuando las fuerzas fallan y los tiempos se ponen difíciles.

Al compartir lo que aprendió del Maestro, Simón cumplió el mandato de Cristo: apacienta mis corderos (Juan 21:15-17) El precepto está vigente, Cristo sigue delegando a hombres idóneos que entienden la prioridad de cumplir con la tarea de cuidar al rebaño, teniendo un espíritu de servicio y un corazón de pastor, que piense primero en las necesidades de la grey de Dios, y no en su comodidad personal. El Señor sabe del sufrimiento que los pastores atravesamos como líderes del pueblo, de modo que nos anima de dos maneras:

  • Primero, con el ejemplo. Nos recuerda el sufrimiento que tuvo que padecer, predicho en los escritos del profeta Isaías Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
  • Segundo, que la gloria siempre sigue al sufrimiento, siempre y cuando nos sometamos a la perfecta voluntad del Padre, por difícil que ésta sea.

El corazón pastoral demanda fidelidad y sacrificio personal para apacentar al rebaño de Dios.
El pastor debe estar dispuesto a dar su tiempo y esfuerzo para dirigir, enseñar, discipular y supervisar a sus ovejas en todo tiempo. Porque, ¿dónde estarían los rebaños si las ovejas dirigen al pastor?, o ¿qué sería de ellas si se les permitiera hacer siempre su voluntad?

El corazón pastoral es el motivo para atender al llamado no por fuerza, sino por amor.
El pastor debe servir con un corazón dispuesto, primero porque amamos a Cristo y segundo porque también amamos al rebaño. ¿Cuál es la causa que puede hacer que te levantes de madrugada y acudas al llamado de auxilio de una oveja en necesidad? No es por dinero, prestigio, poder o promoción, es por el anhelo de agradar a Dios y por el amor a esa oveja. Por eso el verdadero pastor trabaja con ánimo pronto y no es ocioso ni perezoso.

El corazón pastoral y la manera en que nos conducimos marca nuestro estilo del liderazgo.
Liderazgo no significa dictadura, pues los pastores no somos capataces de los que están a nuestro cargo. Liderazgo significa literalmente “cuidar con amor la porción que se nos ha asignado”. Los pastores debemos ser ejemplo de los creyentes, pues la mejor manera de lograr que la oveja siga a su pastor es enseñándole el camino. El pastor no demanda respeto; lo consigue a través de su vida piadosa y su servicio sacrificial. El corazón pastoral recibe su recompensa.

A pesar de las múltiples ocupaciones nunca debemos olvidar nuestra dependencia de Dios. A través de la oración recibiremos la luz para ministrar a nuestras ovejas. Si seguimos este principio, recibiremos la recompensa futura. Si como siervos nos sometemos a Dios, si como obreros no tenemos de qué avergonzarnos, entonces, cuando aparezca el Príncipe de los pastores, recibiremos de él la corona incorruptible de gloria. En todos los lugares hay ovejas extraviadas que esperan un pastor que tenga un corazón que los levante y una visión que los restaure, rescatándoles del peligro que los rodea. Dios quiere que seamos pastores con esta cualidad.

fuente: aviva 2014 edicion 12

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Pbro Jose Luis Jiménez Arana
Pbro Jose Luis Jiménez Arana
Pastor y Lider del Distrito Bajío, Ministro de nuestro concilio y colaborador de la revista Aviva.

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