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ECLESIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA — Pbro. Guillermo Rodríguez H.

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¿Regresaste el arca? Las buenas intenciones a veces terminan en tragedia. El relato que precede al frustrado intento de trasladar el arca de casa de Abinadab a Jerusalén es aleccionador: David consultó a Dios antes de salir a la guerra (2 Samuel 5:19, 23), pero no lo hizo antes de llevar el arca. Para la guerra, sí; para lo sagrado, no. ¿Daría por descontado que por tratarse de una buena obra para el servicio a Dios no le era necesario buscar antes su dirección?

Peor aún, como suele suceder, una mala decisión termina engarzada a otra igual de mala, y se hace entonces el encadenamiento de la tragedia. Reúne a treinta mil soldados de élite, ¿para qué? ¿Para custodiar el arca? ¡Puf!, ella no necesitaba a la milicia. ¿Para hacerle valla de honor? Vamos, eso le correspondía, en todo caso, al sacerdocio. ¿Para la pompa y el deslumbrón? Hum, pues entonces las medidas del arca no hubieran sido de 1.10 metros de largo por 70 centímetros de ancho y 70 de alto, sino mucho más grande.

Además, carreta nueva, especial para la ocasión. ¿Nadie le leyó a David Éxodo 37:4-5 y le dijo para qué servían las varas y los anillos del arca?

Me duele cada vez que lo leo. ¿Por qué ignorar Números 4:4-6, 15? Uza lo hizo y murió en el intento. Pienso que se había familiarizado en exceso ante la cercanía del arca al grado de desatender lo que del arca estaba escrito. Tratar lo divino como si fuera del orden humano no lo es mejor. Es probable que durante algún tiempo así lo hiciera pero al final le costó la vida. Pero si lo vemos mejor, Ahío era el responsable de guiar el carro; él no maniobró adecuadamente para evitarlo y los bueyes tropezaron. El de adelante equivocó el camino y el de atrás pagó las consecuencias. Ajá, tengamos cuidado con los que ponemos adelante porque si no, a los de atrás les irá peor, dejando una estela de tristeza, frustración, desorganización y muerte.

Así que, antes de que sea demasiado tarde o de que le cueste la vida a alguno (así sea su vida espiritual o emocional), regresa el arca a su lugar y asegúrate de no dar un paso sino es conforme a lo que está escrito. La manera de Dios para cuidar de su Iglesia no ha cambiado; las buenas intenciones son importantes pero es mejor a la manera de Dios. El temor de lo sagrado, la observancia de las Escrituras, la reverencia por lo santo y el santuario, el temblor de la perseverancia nos ayudarán a que la Iglesia continúe con su avance triunfal. Al encarnar estos valores entonces sí, tomemos el arca de la comunión, de su presencia, de su pacto y sigamos a donde Dios nos guíe. Él sigue siendo el Eterno y nosotros el pueblo de su gracia: ¡El Señor está con nosotros!

¿Van bien tus números?

Hay un dicho entre algunos. Al inflar piadosamente los asistentes a cualquier evento dicen que son cifras de evangelista (y conste que amo el evangelismo; ya escribí de este tema con anterioridad). Pero la verdad es que otros afirman que también son números de pastor. Por eso se dice que los pastores pastorean dos iglesias: la que tenemos y la que creemos tener.

Este apartado tiene que ver con los números. Hay quienes se obsesionan tanto con el crecimiento numérico que van de aquí para allá, probando y descartando modelos de iglecrecimiento. Ayer uno, hoy otro diferente y mañana, pues a ver qué hay, relegando a un plano accesorio el cuidado por la vitalidad espiritual de la congregación. El tamaño es secundario, la salud espiritual es lo prioritario de cada iglesia local.

Es cierto, la Iglesia es un organismo porque tiene vida y está en permanente crecimiento. Está diseñada para crecer y nuestra visión debe de propender hacia allá, en un modelo de administración y gobierno que honre los principios del Nuevo Testamento. Pero el crecimiento no lo da el método sino que lo da Dios. La Biblia así lo afirma:

1 Corintios 3:6 dice: pero el crecimiento lo ha dado Dios.

1 Corintios 3:7 establece: sino Dios, que da el crecimiento.

Efesios 4:16 enfatiza: recibe su crecimiento…

Colosenses 2:19 señala: crece con el crecimiento que da Dios.

El agente activo que da el crecimiento es Dios. La Iglesia es sujeto pasivo, es la que recibe el crecimiento. ¿Es posible que a veces querríamos hacer el trabajo de Dios al pretender generar un crecimiento que está en su potestad?

En la iglesia de Jerusalén hay referencias del crecimiento. …y se añadieron aquel día como tres mil personas (Hechos 2:41). Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (Hechos 2:47). Ambas están inscritas en un marco de predicación, de perseverancia en la doctrina, de comunión unos con otros, de celebración de las ordenanzas, de oración, de fraternidad alegre y unánime, de alabanzas y del testimonio favorable de la comunidad. En otras palabras, hagamos lo nuestro y organicémonos para predicar, enseñar, celebrar, orar, confraternizar, alabar y testificar. Y que para alabanza de su gracia Dios siga haciendo lo suyo: darnos el crecimiento. ¡Amén…!

¿Yo, tú, él, nosotros, vosotros o ellos?

La organización eclesiástica nos trasciende: ya estaba aquí cuando llegamos y, con toda seguridad, si el arrebatamiento no ocurre antes, aquí seguirá incluso cuando nosotros ya hayamos partido.

Es cierto que nos han antecedido siglos de buenas decisiones aparejadas con algunos errores, pero la positividad del balance es obvia, aquí sigue, tan sólida como en su fundación porque más allá de su organismo y organización, el poder y la presencia del Espíritu Santo la conduce por la senda de eternidad.

Lo contrario a organización es la personalización. Es cuando el nosotros se sustituye por el yo. Es cuando pretendemos ser el dedo chiquito de Dios, pero Dios no hace acepción de personas y se nos dice que si nosotros lo hacemos, pecamos (Santiago 2:9). Abona en este sentido la aparición del síndrome de Elías actualizado: y sólo yo he quedado, aunque había siete mil más cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron. Los yoyos sólo creen en sí mismos y hablan de sí mismos; los institucionales creen en la organización y hablan de las maravillas que Dios hace en la Iglesia.

Nuestro desafío es cumplir la encomienda con limpia conciencia, mejores esfuerzos y resultados de alabanza. Al ser instrumentos de la gracia para gracia, que el legado lo sea de bendición y recuerdo, que honre a Dios en nosotros. Nunca se diga que alguien pretendió usar instrumentos seculares o que otro más debilitó al tejido eclesial o que no faltó el que aprovechó la ocasión para fines distintos a los escriturales. No. Dígase en cambio, y trabajemos porque así sea, que en el tramo que se nos encomendó no sufrió demérito alguno la gran comisión, que las divisas de santidad fueron encarnadas a la perfección, que el ánimo resuelto remontó, que las almas fueron alcanzadas y los fieles formados según el ejemplo, la inspiración y la guía de Cristo Jesús, a quien nuestras palabras y acciones sigan glorificando para mayor alabanza de su gloria.

Al escribirse la historia de nuestro tiempo que se diga que en medio de la turbulencia social, política y económica, nuestras iglesias tenían paz. La paz que Isaías profetizó, que los ángeles anunciaron, que Cristo Jesús nos otorgó y que el Espíritu Santo nos da como fruto, para que todos juntos sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación (Romanos 14:19). Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Amén

fuente: Aviva 2014 edición 12

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Pbro. Guillermo Rodriguez Herrera
Pbro. Guillermo Rodriguez Herrera
Pastor y Líder nacional del Concilio de las Asambleas de DIos México, fue secretario general nacional por varios años y actualmente pastorea una iglesia en Chetumal Q.Roo junto a su distinguida esposa. Médico de profesión y escritor de libros de contenido pastoral.

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