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martes, agosto 16, 2022
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​EL LIDERAZGO Y LA FAMILIA Pbro. Juan Jesús Pérez González

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. . . Pero yo y mi casa serviremos a Jehová (Josué 24:15).

Ningún éxito en el liderazgo o ministerio vale la pena, si es a costa de la familia. Esto lo afirma Wayne Myers, un excelente consejero para familias pastorales y misionero en México desde 1946.

La familia constituye parte importantísima en el ejercicio del liderazgo cristiano. Las cifras de divorcio, separación, rebeldía de los hijos al evangelio y a la autoridad de los padres, e incluso el suicidio, se dan cada vez con mayor frecuencia dentro de hogares de líderes de la iglesia en todos los niveles.

De esta realidad se desprende la necesidad de dirigirnos en el presente artículo al liderazgo y la familia, considerando la importancia del liderazgo y las funciones que desempeña el líder. Todo lo que acontezca en el seno familiar, será el sello positivo o negativo que lo distinguirá ante la iglesia y la sociedad.
En el presente artículo analizaremos algunos aspectos de Ia familia del líder, basados en la experiencia de Josué al respecto.
El hijo de Nún es conocido por la mayoría de creyentes; hemos leído de sus triunfos como líder militar del ejército de Israel durante el peregrinaje por el desierto, su llamado como sucesor de Moisés, y su dirección en la conquista de la tierra prometida. Pero en esta ocasión nos enfocaremos en otro aspecto de su vida: su familia.
Sin duda alguna, ahí consiguió las más grandes victorias este valiente líder. Veamos entonces el éxito de Josué en este aspecto:

LA DETERMINACIÓN FAMILIAR DE JOSUÉ: YO Y MI CASA

Desde el principio de su liderazgo, Josué se propuso involucrar a su familia como parte integral de su ministerio: yo y mi casa. Su definición en este aspecto fue desde el inicio de su carrera como líder.
El liderazgo actual debe hacer lo mismo al respecto para no tener descalabros en este rubro tan importante de la vida de quienes presiden los ministerios, programas y proyectos de la iglesia, o determinan el gobierno de la misma.
En el presente nos referimos al liderazgo de la iglesia, al personal administrativo: el pastor principal, pastores de ministerios, diáconos, secretario general, tesorero general, líderes de células o grupos familiares, discipulado, jóvenes, ministerio de alabanza, evangelismo y los que se requieran. Estos líderes no tienen el mismo nivel de autoridad del pastor principal de la iglesia. Ellos están en su equipo para apoyar y ayudarle en el pastoreo de la congregación, la toma de decisiones y la dirección de planes de, trabajo de la misma. Ellos deben reconocer al pastor principal y someterse a su autoridad. El liderazgo actual debe aprender de Josué los siguientes aspectos:

Josué era líder militar y espiritual del pueblo, pero también se propuso serlo en su casa.

a. Nunca perdió el control de su hogar por causal del ministerio.
b. Mantuvo el control del pueblo sin perderlo en su hogar.
c. Recibió el respeto del pueblo, pero también mantuvo el reconocimiento y respeto de su esposa y sus hijos.
d. Una de las batallas más grandes de Josué fue no perder su familia.
e. Después de un fracaso en la familia el liderazgo no es igual, aun cuando el Señor consuela y restituye, el daño moral está hecho, y será la afrenta con la que un líder tendrá que luchar siempre.
f. No se debe perder familia por iglesia. Un pastor puede ser remplazado inmediatamente por otro, pero un padre, una madre o hijos nunca.

Algunos requisitos para la familia del liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento:

  • Irreprensibles (Tito 1:6), matrimonio y familia; hogares ordenados y ejemplares, de acuerdo con las normas bíblicas.
  • Y que tengan hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni rebeldía (Tito 1:6).

LA ESTRATEGIA FAMILIAR DE JOSUE

Josué supo sumar familia-liderazgo, no procuró crecer solo.
  1. El caudillo ya había tomado su decisión:
    pero yo y mi casa serviremos a Jehová (24:15). En su familia Josué había tenido éxito. El era cabeza espiritual de su casa. Muchos hogares de cristianos están descabezados porque hay ausencia de liderazgo espiritual; porque el ministro o líder es un buscador de éxito personal. Por ejemplo: querer ser el pastor de la iglesia más grande de la ciudad, conseguir un cargo importante dentro de la organización o de la iglesia local, o anhelar poseer muchos bienes y riquezas materiales. Es posible que logre esos éxitos, pero si por ello descuidó a su familia, tales triunfos no valdrán la pena.
  2. Cuidados que la familia requiere:
    los padres deben tomar con serenidad y seriedad las riendas del hogar. No deben rendirse ante las presiones de los hijos. Deben luchar para que ningu- no se descarríe. No pierdan su autoridad espiritual. Su hogar debe ser una fogata que arda con el fuego santo de Dios.
  3. Corrija a sus hijos con sabiduría.
    Una de las causas porque los hijos crecen con resentimiento y rebeldía hacía los padres y el evangelio, es porque en lugar de escuchar de sus progenitores palabras de amor y aceptación, escuchan frases como: “eres un inútil”, “eres un tonto, un fracasado”, “bueno para nada , Jamas serás algo importante en la vida”.Por más desilusionados que los padres estén con la conducta de sus hijos, nunca deben herírlos y humillarlos con esa actitud.
    Proverbios 18:21 dice: La muerte y la vida están en el poder de la lengua. Aunque tenga 20 o 40 años, nunca es demasiado tarde para decirle a su hijo “te quiero”.
  4. Proteja a sus hijos del bombardeo de los medios de comunicación.
    Es un error de los padres sentarse a ver una telenovela con sus niños, exponiéndolos a las escenas eróticas y al alto grado de Violencia que estos programas contienen; o las películas no aptas para menores. Está además el internet, con sus páginas de pornografía, ocultismo, etc. El uso de los medios de comunicación y las redes sociales deben estar supervisados y controlados por los padres.
  5. Los hijos se pierden en la casa.
    Tal vez parezca extraña esta afirmación, pero lamentablemente en muchos casos es así. Los hijos se pierden en casa por las siguientes razones:

 a. Por falta de enseñanza en tiempo y forma de los principios de la fe cristiana por parte de los padres.

b. Por falta de corrección adecuada de los padres hacia los hijos (verbal y física).
c. Por el mal ejemplo de los padres (su vida no es congruente con lo que aconsejan).
d. Por la violencia intrafamiliar que persiste en muchos hogares, principalmente del padre hacia la madre, pero en ocasiones también de la madre hacia los hijos debido a que normalmente pasa mayor tiempo con ellos en la casa, y porque desahoga sus frustraciones por los conflictos con su cónyuge.
e. Por el excesivo consentimiento y sobreprotección de los padres hacia los hijos. Se les permite todo, y no se corrige al hijo o hija consentida.

f. Por el uso impropio de los medios de comunicación.

g. Por falta de tiempo y atención a la familia. La familia nunca tiene vacaciones. Los niños le hablan al padre, pero no los atiende porque está viendo su programa favorito en la televisión; nunca abraza ni expresa palabras de afecto a sus hijos, la familia no sale a comer juntos a un restaurante, etc.

Por eso hay en muchos hijos frustración y resentimiento hacia el ministerio y la iglesia, porque piensan que los creyentes les robaron a sus padres.

6- Corrija e instruya a sus hijos en tiempo y forma, pero jamás delante de la gente. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos (Efesios 6:4).

Es triste ver a líderes o ministros ejecutar un acto de disciplina verbal o física a sus hijos ante los diáconos o los hermanos de la congregación, como para quedar bien con ellos; no se dan cuenta del daño que esta humillación les causa. En algunos casos las consecuencias son para el resto de su vida.

7- Es motivo de tristeza y dolor ver a algunos líderes con familias inmediatas totalmente descarriadas o lejos de Dios que quieren ser misioneros, pastores y evangelistas. Otros, separados de su pareja o con una pareja que nadie conoce, quieren hacer ministerio. No pueden servir al Señor Jesucristo con su “casa”.

8- Aun estos líderes o pastores dan consejería a otros, cuando su propio matrimonio y familia van a la deriva.

9- El que no puede ser líder espiritual en su “casa”, no debe ser líder en la iglesia. Josué dijo: yo y mi casa serviremos a Jehová. Es triste ver a hombres que quieren entrar al ministerio pastoral y a otros ministerios de responsabilidades mayores, siendo divorciados varias veces y con hijos perdidos en el mundo. El ministerio debe ser pro pareja, profamilia, proministerio, pro “casa”; sirviendo cada uno con los suyos al Señor Jesucristo. Se deben desarrollar ministerios con la familia.

10. Los ministros deben apoyar y motivar a sus esposas para que se preparen para el ministerio.

11-  El pastor debe motivar a su esposa e hijos a tomar parte en los programas y actividades de la iglesia. He visto como esposas de pastores con su familia después de la muerte de su esposo tienen que salir de la casa pastoral prácticamente a la calle, porque nunca se involucró, ni se preparó para el ministerio, y ni ella, ni su marido se preocuparon por tener casa propia. El filósofo Nietzsche era hijo de un pastor luterano, y cuando su padre murió, toda la familia se vio obligada a dejar la casa pastoral.
Con el paso del tiempo este hombre creció con resentimiento y un odio arraigado hacia el cristianismo que plasmó en la mayoría de sus libros.

12. Los líderes y ministros deben procurar que la imagen de su esposa e hijos crezca en la iglesia. Recuerde la actitud de Juan el Bautista: es necesario que el crezca y que yo mengue. En ese sentido la imagen y ministerio de la familia deben crecer y nosotros prepararnos para entregar la estafeta a ellos. Si Dios los llama al ministerio, ya estarán preparados tanto en el ministerio y liderazgo, como en lo secular.

EL ÉXITO FAMILIAR DE JOSUÉ

  1. Cuando Josué desafió al pueblo a tomar una decisión de servir a Dios en verdad y con integridad, y erradicar por completo la contaminación de la idolatría, sabía que contaba con el respaldo incondicional de su familia.
  2. A la exhortación del caudillo, el pueblo respondió de manera positiva, reconociendo que Dios los sacó de Egipto, que los guardó y arrojó a sus enemigos: también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios (24:18). Un líder que sirve a Dios con su casa, tiene autoridad moral y espiritual en el ánimo del pueblo. Hoy se necesitan líderes que tengan la misma convicción del hijo de Nún.
    Que sirvan a Dios con su casa, es decir que su familia esté integrada a la iglesia y al servicio del Señor. Que no sea sólo el padre o la madre, sino toda la Familia directa (esposos e hijos) al servicio del Señor.
  3. Josué volvió a repetir la lección anterior. de su discurso (24: 1‘)- .20; 24:16). A lo que el pueblo repitió: No, sino que a Jehová serviremos (24:21). A ellos mismos, Josué los puso como testigos y los invitó a dejar la idolatría y adorar a Dios: Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos. Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel (24:22, 23).
  4. Pero yo y mi casa serviremos a Jehová (24:15). El líder que tiene cuidado de su fe e involucra a su familia en el liderazgo o ministerio, será ejemplo sirviendo a Dios, y su casa seguirá ese modelo.
  5. Ante el desafío de servir a Dios en verdad y con integridad, así como dejar totalmente su Vida contaminada con los ídolos, la nación entera aceptó el exhorto de su líder por la poderosa exposición de la Palabra de Dios; pero también, sin duda alguna, por el ejemplo de conducir fielmente a su familia dentro de los principios de la ley divina. Antes de conquistar naciones y reinos, Josué había conquistado a su familia para el Señor y su servicio. Lo que Josué quería para el pueblo que dirigía, lo había logrado primero con su familia.

CONCLUSIÓN

Sin duda alguna, el ejemplo de Josué en cuanto a cuidar e involucrar a su Familia en su liderazgo constituye un modelo a seguir en estos tiempos difíciles, en los que el blanco de los ataques del enemigo es la familia del líder. Pero así como Dios estuvo con Josué, en este aspecto también estará con nosotros, si nos preocupamos y tomamos a tiempo y correctamente los procedimientos establecidos en la Escritura para tener éxito como líderes y ministros del Señor, sin descuidar o perder la familia.
Como lideres y pastores debemos estar de acuerdo en que la familia también es la obra de Dios. De ahí que primero está Dios, después la familia y luego el ministerio. Si no hay una familia fuerte, no habrá un ministerio firme.
No se vale que un líder, cualquiera que sea su rango, tenga más cuidado y atenciones para los miembros de su iglesia que para sus hijos y su cónyuge. La familia tiene mayor derecho de ser atendida en sus necesidades y circunstancias que los miembros de una congregación. Que nuestro liderazgo pueda servir al Señor junto con su casa.
fuente: Manual para Líderes.

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Pbro. Juan J Pérez González
Pbro. Juan J Pérez Gonzálezhttps://pastorales.com/author/juanperezg/
Líder Nacional del Concilio de las Asambleas de Dios, como Secretario General, y en 2019 - Director de Evangelismo a nivel Nacional. Amante de la obra misonera, Pastor, Predicador y Evangelista es su especialidad con milagros y salvacion a través de la Palabra.

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