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ORACIÓN POR LA CIUDAD — Pbro. José Ricardo Cruz Escobar

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[dropcap]E[/dropcap] ntre una de las muchas cosas por la cuales alguien se puede sentir orgulloso está su país; pero, todavía se siente un mayor privilegio por el pueblo o ciudad donde nació; aunque algunos han cambiado su lugar de residencia por causa de trabajo, estudios, o simplemente porque en otro sitio han obtenido cosas más agradables, para seguir viviendo de una mejor manera.

No importa donde nos encontremos; los creyentes tenemos una grande responsabilidad ante Dios, la Iglesia y los demás conciudadanos. Debemos de mantener diariamente un tiempo de oración a favor de la ciudad. A continuación estaremos viendo algunos ejemplos bíblicos de oración por la ciudad.

La Biblia nos dice que Abraham, aparte de ser un hombre de fe también lo era de oración; ella nos habla en varios pasajes de como él dedicaba tiempo a la oración y dentro de esos pasajes también nos enseña sobre la oración por la ciudad. En el libro del Génesis 18:24, comienza este versículo diciendo: Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad… y de esta manera inicia la oración de intercesión a favor de la ciudad de Sodoma, nombre de la ciudad confirmado por el Señor en la siguiente expresión: Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma… (Génesis 18:26).

Aparte de eso, también podemos encontrar la oración perseverante a favor de la ciudad; Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mí Señor…, Y volvió a hablarle…, Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, sí hablare…, Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor…, Y volvió a decir… (Génesis 18:27, 29-32).

La ciudad de Sodoma se había hundido en el pecado, practicando sus habitantes toda clase de inmoralidad; actitudes y acciones que son menospreciadas por el Señor. Aunque era terrible la situación de esta ciudad Abraham, en su humildad, reconoció que solamente el perdón de Dios podría salvarla. Al leer el pasaje completo (Génesis 18:23-33) de esta narración bíblica podemos observar, como ya lo hemos mencionado, a un hombre orando por la ciudad; con una oración de intercesión por ella, buscando la compasión y misericordia de Dios, para que este lugar no fuera destruido por la ira del Señor.

En Jeremías 29:7, la Biblia dice: Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz. Al principio lo mencionamos, que a veces llegamos a vivir en una ciudad que es diferente a la que nacimos. En los tiempos del profeta Jeremías se vio cómo los ciudadanos de Jerusalén fueron transportados a otra ciudad. Una ciudad que era muy diferente a la de ellos; diferente en política, religión, cultura, economía, educación, arte y gobierno. A la ciudad a la que fueron conducidos se habían mezclado varias naciones, porque habían sido tomados cautivos.

Por lo mencionado anteriormente, el profeta Jeremías les escribe pidiendo que procuren la paz; o sea, mantener una actitud correcta ante una ciudad que vivía llena de intranquilidad. Por todas partes se podía sentir el temor, se percibía por todos lados la inseguridad y miles de situaciones más, que tanto los recién llegados como los que ya tenían tiempo estaban viviendo. Pero, ¿cómo lograr la paz en cada individuo, al vivir en esta situación? La respuesta la encontramos en la siguiente parte del versículo que dice: y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz. Cuando ellos oraran al Señor tendrían que reconocer que él es soberano y que así como los hizo transportar a esa otra ciudad, él mismo podría darles paz y tranquilidad en medio de los tiempos tormentosos, además de libertad, para vivir sus días llenos de serenidad.

El grupo importante dentro de la ciudad, y por quien Dios puede traer grandes bendiciones a la comunidad, es la Iglesia. En Daniel 9:1-19 encontramos una oración muy interesante que el profeta hace por el pueblo que se había alejado del Señor; en ella, Daniel declara de una manera transparente, en su oración, aquello en lo que habían fallado: hemos pecado, no hemos oído, nos hemos rebelado y no obedecimos, no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades… Entonces, ¡Que Dios nos ayude para no vivir los estragos que vivió el pueblo de Israel! Debemos mantener un corazón limpio para seguir elevando nuestras oraciones por la ciudad y podamos disfrutar en compañía de cada habitante la bendición del Señor.

Por medio del libro del Profeta Jonás entendemos claramente del amor y la misericordia de Dios hacia cada una de las ciudades; por eso, dentro de nuestro tiempo de oración o vida devocional como ministros del evangelio, debemos orar por nuestra ciudad; no importa si sea grande o pequeña, se encuentre en el sur o en el norte del país; cada ciudad tiene necesidad del Señor. Al orar tenemos que entregarnos a la intercesión perseverante a favor de la salvación por los perdidos que hay en nuestra ciudad, sin olvidar también de orar por la paz que tanta falta hace en estos tiempos difíciles, que todos estamos viviendo; pero sobre todo, orar para mantener nuestra vida limpia delante del que puede traer grande bendición sobre nuestra ciudad. Oremos por las iglesias, los que tienen liderazgo espiritual en las iglesias de la ciudad; oremos por lo que tienen una posición en el gobierno; oremos por los ricos y pobres, por los niños, jóvenes, adultos y ancianos; por los enfermos; por las fuentes de trabajo. La lista puede continuar pero, perseveremos. ¡Dios bendiga nuestra ciudad!

 

 

Fuente: Aviva 2013 – edicion 7

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