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La Frustración Por No Aceptar La Voluntad De Dios por Salvador Salazar

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[dropcap]L[/dropcap]a frustración es una experiencia de todos los hombres por causa de vivir en un mundo caído y deteriorado. Pero cuando ésta se presenta por resistirnos a aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida, entonces debe ser un motivo de reflexión. Un claro ejemplo de esta situación lo hallamos en la vida del profeta Habacuc, quien a través de su experiencia nos responde tres interrogantes relacionadas con la frustración que resultan de negarse a aceptar la voluntad divina.

¿Por qué nos frustramos ante la voluntad de Dios?

Habacuc vivió en medio de una situación que le producía tristeza y preocupación. Al no encontrar una respuesta satisfactoria de parte de Dios, experimentó una gran desilusión. Los abusos que se cometían en el pueblo de Judá contra los más piadosos, la opresión que sufrían los débiles y la indiferencia ante la ley divina, eran el motivo de su decepción. Pero su frustración fue en aumento cuando Jehová le reveló sus planes para solucionar aquella situación. El Señor disciplinaría a su pueblo usando como instrumento a una nación sanguinaria y cruel.

El ministro de Dios, al igual que el profeta, puede sentirse preocupado y triste por la condición en que se encuentra el pueblo que le ha tocado pastorear, o por cualquier otra situación que atraviese.

Si no ve una respuesta del Señor a su problema puede caer en la misma desesperación que experimentó Habacuc, quien exclamó: ¿Hasta cuándo, oh Jehová…? y ¿por qué me haces ver iniquidad…? (1:2, 3).

Sin embargo, esta frustración puede aumentar al observar la respuesta de Dios a nuestra queja, al considerar la forma en que el Señor piensa solucionar el problema. Sin duda el Padre responde a nuestras oraciones y necesidades, pero no siempre nos gustará su respuesta. Disciplina, tribulación, pruebas, etc., son en muchas ocasiones la respuesta divina a la intercesión.

La disciplina es la receta que él puede dar para corregir en muchas oportunidades, la enfermedad o malestar de su pueblo. La frustración viene cuando notamos que Dios ha respondido a nuestras oraciones pero no en la forma en que esperábamos, sino en la que él ha determinado hacerlo. En ocasiones lo hace a través del dolor, del sufrimiento, de las pruebas o la tribulación. Muchas veces, esta es la mejor manera en que los seres humanos podemos entender para obedecer los mandamientos del Señor.

¿Cómo se manifiesta esa frustración?

Es difícil para el hombre reconocer su frustración, pero es muy fácil de detectar. Cuando analizamos las palabras del profeta Habacuc, encontramos un cuadro general de desengaño que se manifiesta de diferentes maneras. Puede haber ofuscación mental al no entender la forma de actuar de Dios, en ocasiones aparece una depresión o tristeza profunda, otras veces hay desesperanza o sentimiento de fracaso porque la respuesta parece inalcanzable.

El grado de frustración de un siervo de Dios puede variar de acuerdo a su personalidad. Desde una simple resignación como en el caso de Elí (1 Samuel 3:18), hasta una respuesta agresiva, como lo vemos en Habacuc, quien se queja, cuestiona, reclama, reparte culpas y muestra amargura e ira. Puede aumentar también, en razón del grado de deseo o anhelo de algo que se ha vuelto imposible.

Consideremos que un ministro puede minimizar su condición de frustración, usando los mecanismos de sustitución o compensación a las respuestas no obtenidas, pero las señales emocionales revelarán claramente su situación de decepción profunda.

¿Cómo podemos salir de ella?

En medio de ese estado de desilusión el profeta Habacuc da el primer paso para salir de su triste condición. Antes que nada, lleva sus dudas e interrogantes a Dios.

Al Señor no le molestan nuestras preguntas e inquietudes si, como el profeta, estamos dispuestos a presentárselas a él.

Tenemos también, por ejemplo, el caso de Juan el Bautista, que se atrevió a expresarle sus dudas a Jesús (Mateo 11:3). La respuesta de Dios no se hace esperar: el siervo de Dios, el hombre justo, vivirá por su fe. Saldrá adelante el hombre que no pierde su seguridad en Jehová, el que está dispuesto a confiar aun cuando no entienda el accionar divino. Cuando se encuentre en medio de situaciones adversas, el ministro ha de mantener la calma. En situaciones frustrantes no ha de precipitarse a hablar de fracaso ni debe ceder a la tentación de abandonar.

Cuando Dios declara que el justo vivirá, no se refiere a una mera condición de sobrevivencia. Se refiere a un estado de felicidad, de satisfacción, libre de la frustración. La respuesta a la frustración del ministro es la confianza en el Eterno, la fe en aquel que sabe por qué hace las cosas, y por tanto las hará de la mejor manera.

El Señor desafía a sus siervos a vencer la frustración confiando…

  • En que él dará a los injustos su merecido, porque él es el juez justo (2:12).
  • En que al final de los tiempos él revelará y dará a conocer a todos los hombres su gloria y majestad (2:14).
  • En que él sigue sentado en su trono gobernando y el hombre no tiene nada que decir al respecto (2:20).

Cuando el ministro entiende y confía que Dios sabe lo que hace, experimenta un cambio radical e impresionante como el que tuvo Habacuc, según leemos en el último capítulo del libro.

El profeta nos enseña que cuando nos encontremos en una situación de frustración por las decisiones que Dios toma, debemos recuperar la confianza en él y en su Palabra (3:2).

Como el profeta,

  • podemos pedir cumpla sus propósitos en nuestra congregación (3:2),
  • olvidarnos de nuestras quejas y declarar que la tierra será llena de su alabanza (3:3).
  • Además, hemos de reconocer que el Señor intervine en toda su creación (3:6-11),
  • y en particular con su pueblo, ayudándonos y destruyendo al enemigo de nuestra vida.

Finalmente, libres de toda frustración y con una perspectiva más clara de nuestras circunstancias terrenales, tomemos la decisión de que en las condiciones más adversas e inexplicables, mantendremos nuestra confianza en Jehová, y nos alegraremos y gozaremos en el Dios de nuestra salvación

 

[quote align=’right’]el grado de frustración de un siervo de Dios puede variar de acuerdo a su personalidad. Desde una simple resignación como en el caso de Elí (1 Samuel 3:18), hasta una respuesta agresiva, como lo vemos en Habacuc, quien se queja, cuestiona, reclama, reparte culpas y muestra amargura e ira.[/quote]

tomemos la decisión de que en las condiciones más adversas e inexplicables, mantendremos nuestra confianza en Jehová, y nos alegraremos y gozaremos en el Dios de nuestra salvación.

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